sábado, 20 de septiembre de 2008

CATÁSTROFE FINANCIERA VS. CATÁSTROFE AMBIENTAL








Este artículo tiene por finalidad comparar a través de diversas fuentes la actitud del mismo gobierno, el de W. Bush, frente a la actual crisis financiera y la provocada por el huracán Katrina en el año 2005. Ambas cuestiones son emblemáticas para interpretar el profundo interés o la inhumana indiferencia de los mismos actores políticos...

En primer término incluimos la actualidad de la crisis financiera a través de una nota -de las múltiples que se pueden leer hoy-, acerca del tema en la que Washington realizará el "rescate más grande de la historia", Diario La Jornada, México, 20/9/08:

Artículo de David Brooks - La Jornada

Ahora, dos artículos sobre Bush y Katrina:

Artículo de Inmmanuel Wallerstein sobre Katrina: la política de la decadencia y la incompetencia

Artículo Wallerstein

Artículo de Página 12. "W. se ahogó en Katrina"

La actitud de W. Bush en Katrina




Fiel reflejo de Bush en Katrina.

Las conclusiones corren por parte del lector...

2 comentarios:

NO A LA DISCRIMINACION dijo...

Hola amigo. Excelente trabajo, sin desperdicio.
Felicitaciones.

Héctor Correa dijo...

ACERCA DE LOS DESASTRES NATURALES Y AQUELLOS OTROS PRODUCIDOS POR EL IMPERIO

Si algo nos ha enseñado el cine de Hollywood, o sea el cine de EEUU, es a mirar ciertos fenómenos como naturales cuando la tierra ruge o tiembla o se enfurece, ante el avance indiscriminado del hombre. Pero otro cine, también nos ha ilustrado que la sociedad “americana”, como gusta denominarse, tiene esa propiedad de verse a sí misma, a veces, como producto de una malformación socio-cultural que la llevó a mirarse el ombligo como el centro del universo, y a producir en sus entrañas los actos discriminatorios más abominables de la historia del hombre. Tal es el caso de Spike Lee, un realizador negro, creador de ese extraordinario documental sobre el desastre que produjo el Katrina, o por citar algún título más o menos reciente “Belleza Americana” (American Beauty), dirigida por el inglés Sam Mendes, 1999, o más reciente aún “No es país para viejos” (No Country for Old Men), 2007, de Ethan Coen, Joel Coen (Novela: Cormac McCarthy), ambas retratos crudos, descarnados de dos aspectos cruciales de la sociedad estadounidense, la moral sexofóbica, desnaturalizada e hipócrita del hombre medio, y la violencia irracional por desmesurada e inexplicable que en estos momentos está dominando las calles de ese poderoso país.
La comparación viene muy bien. La malformación socio-cultural, producto de los extraordinarios índices de consumo per cápita que funcionan como motor de esa monumental economía globalizada –para nosotros por supuesto-, junto con la industria bélica, o cualquier otra al servicio de la guerra, se manifiestan como mastodontes cuando esas crisis financieras se descuelgan y arrastran a medio mundo, aplastando fórmulas y teorías con pretensiones de explicar el por qué semejante aparato entra en debacle, o por qué deja un pueblo o Estado a merced de las fuerzas naturales descontroladas en regiones que se caracterizan por tales fenómenos, descubriendo que la máquina socio-militar entra en colapso en su propio interior por inoperante y deshumanizada.
Que si es Bush o no, es lo de menos para Spike Lee, cuando muestra en sus cuatro capítulos de “When the Leeves broke: a requiem in four acts”, la furia de hombre negro de Nueva Orleans ante la indiferencia y la desidia de las autoridades, los organismos y las instituciones norteamericanas que debieron haber actuado con rapidez y eficiencia, demostradas ante tamaño desastre.
“Lo que ocurrió en Nueva Orleáns fue un acto criminal perpetrado por el gobierno estadounidense contra su propia población. Alguien debería ir a la cárcel por ello.”, perpetró Spike Lee refiriéndose al documental sobre el Katrina.
Frente a la crisis financiera por supuesto los instrumentos económicos se pusieron en marcha con muchas más rapidez y agilidad a la hora de efectuar el debido salvataje, no sea cosa que “the american beauty” entrara en un colapso indefinido e indeterminado, quizá más peligroso o feroz que las descomunales fuerzas de la naturaleza en la región más pobre de su propio territorio.

Héctor Correa
Punta Alta, 22 de setiembre de 2008