LA
VIGENCIA DE LA GEOGRAFIA POLITICA Y LA GEOPOLITICA.
EL
CONFLICTO DE VENEZUELA
Sergio Páez (1). Diana Durán (2)
Venezuela se ha convertido en un caso central de geopolítica por la convergencia de factores interdependientes:
- Posee las mayores reservas de petróleo
del mundo.
- Se ubica en un punto estratégico del
Caribe, dentro de un tejido de rutas comerciales clave.
- Ha impulsado, durante más de dos décadas,
un proyecto político autónomo con alianzas exógenas al eje occidental,
consolidando vínculos con Rusia, China, Irán, Nicaragua y Cuba.
Este posicionamiento
internacional ocurre en paralelo a una crisis interna marcada por emigraciones
masivas, pobreza extrema, escasez de alimentos y medicamentos, colapso de
servicios y un régimen político autoritario.
La cuestión de fondo es la
legitimidad de la democracia. En las elecciones de 2024, el régimen de Maduro
proclamó su victoria en un proceso caracterizado por la ausencia de garantías y
transparencia. Cuando un gobierno pierde legitimidad, su soberanía se erosiona:
la defensa del territorio se debilita porque los cimientos políticos ya no
sostienen el muro de la representación. Esta fragilidad no justifica una
intervención externa, pero explica por qué un país se vuelve vulnerable a ella.
Mientras Venezuela cuenta con veintinueve
millones de habitantes, Estados Unidos supera los trescientos cuarenta millones.
La diferencia demográfica marca una asimetría de escala, pero es en lo
económico donde la distancia se vuelve abismal: el PIB per cápita venezolano
ronda los 3.500 dólares, tras años de contracción y crisis; mientras que el
estadounidense se acerca a los 90.000 dólares por persona.
Paradójicamente, Venezuela posee
las mayores reservas de petróleo del planeta, con más de 300.000 millones de
barriles, frente a los cerca de 55.000 millones de Estados Unidos. Sin embargo,
esa riqueza energética no se traduce en bienestar: más de la mitad de la
población venezolana vive en pobreza, y alrededor de una cuarta parte en
pobreza extrema. En contraste, en Estados Unidos la pobreza afecta a poco más
del 11 % de la población.
La paradoja se intensifica con
el éxodo: ocho millones de venezolanos han emigrado desde 2015, un cuarto de la
población, en busca de condiciones mínimas de vida. Este éxodo masivo convierte
al país en un territorio fracturado, donde la abundancia de recursos convive
con la escasez cotidiana.
Así, la comparación revela una
tensión simbólica: un país pequeño, rico en petróleo, pero empobrecido en
legitimidad y bienestar, frente a una potencia continental que, con su escala y
prosperidad, se arroga la capacidad de intervenir. La geopolítica se dibuja
entonces como un mapa de contrastes: reservas que no alimentan, poblaciones que
se dispersan, y narrativas que legitiman el poder.
La lógica
de la intervención
Estados
Unidos actuó como gran potencia al proteger su seguridad continental, su
influencia y sus intereses. La secuencia es conocida: un cambio interno de un
país de su contexto continental; la percepción de riesgo externo; la
intervención presentada como “legítima”.
La historia ofrece paralelos:
Guatemala en 1954, Irán en 1953, Chile en 1973, Panamá en 1989. En cada caso,
la fuerza se ejerció no solo a través de la capacidad militar, sino porque se
construyó un relato de legitimidad. Primero, una justificación moral: proteger,
salvar, defender. Luego, una justificación legal: resoluciones, autodefensa,
invitaciones formales. Además, una narrativa clara: un culpable reconocible,
víctimas notorias y urgencia geopolítica. Finalmente, el conflicto geopolítico
se presenta como inevitable, sin alternativas.
Lo que hoy ocurre entre
Venezuela y Estados Unidos no es una anomalía, sino una fricción clásica: un
régimen que busca perpetuarse frente a una potencia que reafirma su influencia
en su entorno estratégico.
La pregunta, entonces, no es solo
qué sucede en Venezuela, sino cómo se construyen las decisiones que cambian el
destino de países y poblaciones: ¿quiénes las toman? ¿Desde dónde? ¿Con qué
relatos? Y, lo más relevante: ¿quiénes sufren sus consecuencias?
La geografía política y la
geopolítica siguen vigentes porque trazan la cartografía del poder. Allí donde
los mapas muestran fronteras, los relatos dibujan legitimidades. Venezuela es
hoy un país en el que se cruzan memorias de soberanía y narrativas de
intervención. El conflicto revela que el poder no solo se ejerce en los campos
de batalla o en los mercados energéticos, sino en la trama simbólica que
convierte una decisión en destino.
1- Doctor en Geografía de la Universidad
del Salvador (Argentina). Coordinador de la carrera de Profesorado en Geografía
del Instituto Superior Antonio Ruiz de Montoya de Posadas, Misiones.
2- Doctora en Geografía de la Universidad
del Salvador (Argentina). Profesora de Posgrados en Misiones y Perú.
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