
El estuario local tiene una alta confiabilidad (SIC) biológica.(La Nueva Provincia)
En el marco del Día Nacional del Agua -31 de marzo-, incluimos artículos referidos a su polución en el ámbito regional.
Sabemos que el agua es imprescindible para el ser humano y todos los seres vivos, sin ella es imposible la vida. Con el objetivo de estimular en todos los argentinos la conciencia en el uso de los recursos hídricos, se estableció que el 31 de marzo se celebre el Día Nacional del Agua, por Resolución Ministerial N° 1630 del año 1970. El agua es un recurso renovable, limitado, frágil y vulnerable. Si bien abunda en el planeta, solo el 3% es dulce, apta para el consumo humano.
La escasa reserva de agua en el mundo, sometida a una presión sin precedentes, a causa del crecimiento demográfico, la evolución del estilo de vida y los progresos de la industrialización, representa una preocupación alarmante por el agotamiento de las capas freáticas, desecamiento de lagos y ríos, contaminación y desertificación crecientes.
Según el doctor Jorge Eduardo Marcovecchio, investigador responsable del área de Oceonagrafía Química del IADO, al sistema ingresan miles de litros de agua, dos veces por día, que producen un efecto inmenso de dilución. Dijo que los contenidos de metales que se determinaron en los peces son bajos con respecto a los niveles indicados como peligrosos para la salud humana.
Se destacó también en la Biblioteca Alberdi de nuestra ciudad de Punta Alta, la importante erosión en la costa de Pehuen Co.
Opinión contradictoria a la anterior
Sin embargo, el coordinador ejecutivo de Fiscalización Ambiental del Organismo Provincial de Desarrollo Sostenible (OPDS), Julio Chavarría, aseguró que el recurso natural de la ría de Bahía Blanca sufre un impacto ambiental "producto de las descargas de efluentes industriales y de la actividad portuaria que existe en la zona desde la instalación de las empresas".
Mapa del Estuario de Bahía Blanca. Fuente Agencia CyTA-Instituto Leloir.
Contaminación por hidrocarburos aromáticos policíclicos en el estuario de Bahía Blanca
martes, 30 de marzo de 2010
PROBLEMAS AMBIENTALES LOCALES. PUNTA ALTA Y LA REGIÓN
viernes, 26 de marzo de 2010
CINE Y GEOGRAFÍA. UN HOMBRE SERIO

"Trataremos de detenernos en poco en "Un hombre serio", quizá una de las visiones más originales sobre el judaísmo que haya hecho el cine de Hollywood, junto con las irónicas obras de Woody Allen, y aquella formidable película protagonizada por Gregory Peck: "La barrera invisible" -1947- (Gentleman's agreement) de Elia Kazan".
jueves, 25 de marzo de 2010
METAS EDUCATIVAS 2021 - OEI

Metas educativas de la OEI
El texto fue elaborado como desarrollo al acuerdo alcanzado en la XVIII Conferencia Iberoamericana de Educación celebrada en El Salvador el día 19 de mayo de 2008. Se trata de una primera versión cuyo objetivo es facilitar el debate que haga posible llegar a un acuerdo entre todos los países sobre la educación que queremos para la generación de los bicentenarios.
Capítulo 1: Los Bicentenarios: una oportunidad para la educación iberoamericana
Los Bicentenarios de la independencia
El significado del proyecto
Objetivos del milenio y declaración mundial de educación para todos
De 2015 a 2021: una etapa término que sirve también para tomar impulso
Capítulo 2: ¿De dónde partimos? La situación educativa de Iberoamérica frente a las metas educativas 2021
Diversidad entre los países iberoamericanos y en cada país
Alfabetización y educación básica de jóvenes y adultos
Educación inicial
Educación primaria
Educación secundaria
Educación terciaria
Los resultados académicos de los alumnos iberoamericanos en los estudios internacionales
Los recursos disponibles en la escuela
Capítulo 3. Las metas educativas de los países iberoamericanos
El esfuerzo de los países para mejorar su educación y la dificultad de integrarlos en metas comunes
El marco definido por los acuerdos internacionales
Las metas educativas iberoamericanas
Capítulo 6. Las metas educativas, sus indicadores y sus niveles de logro
Meta general primaria. Reforzar y ampliar la participación de la sociedad en la acción educadora
Meta general segunda. Incrementar las oportunidades y la atención educativa a la diversidad de necesidades del alumnado
Meta general tercera. Aumentar la oferta de educación inicial y potenciar su carácter educativo
Meta general cuarta. Universalizar la educación primaria y la secundaria básica y mejorar su calidad
Meta general quinta. Ofrecer un currículo significativo que asegure la adquisición de las competencias básicas para el desarrollo personal y el ejercicio de la ciudadanía democrática
Meta general sexta. Incrementar la participación de los jóvenes en la educación secundaria superior, en la técnico profesional y en la universitaria
Meta general séptima. Favorecer la conexión entre la educación y el empleo a través de la educación técnico profesional
Meta general octava. Ofrecer a todas las personas oportunidades de educación a lo largo de toda la vida
Meta general novena. Fortalecer la profesión docente
Meta general décima. Ampliar el espacio iberoamericano del conocimiento y fortalecer la investigación científica
Meta general décimo primera. Invertir más e invertir mejor
miércoles, 24 de marzo de 2010
DÍA NACIONAL DE LA MEMORIA, POR LA VERDAD Y LA JUSTICIA

CANCIÓN DE CUNA PARA GOBERNANTE
María Elena Walsh
Duerme tranquilamente que viene un sable
a vigilar tu sueño de gobernante.
América te acuna como una madre
con un brazo de rabia y otro de sangre.
Duerme con aspavientos, duerme y no mandes
que ya te están velando los estudiantes.
Duerme mientras arriba lloran las aves
y el lucero trabaja para la cárcel.
Hombres, niños, mujeres, es decir: nadie,
parece que no quieren que tú descanses.
Rozan con penas chicas tu sueño grande.
Cuando no piden casas, pretenden panes.
Gritan junto a tu cuna.
No te levantes aunque su grito diga: "Oíd, mortales".
Duermete oficialmente, sin preocuparte,
que sólo algunas piedras son responsables.
Que ya te están velando los estudiantes
y los lirios del campo no tienen hambre.
Y el lucero trabaja para la cárcel.
"Juguemos en el mundo II", 1969
viernes, 19 de marzo de 2010
CONFERENCIA MUNDIAL DE LOS PUEBLOS SOBRE EL CAMBIO CLIMÁTICO Y LOS DERECHOS DE LA MADRE TIERRA

Cochabamba, Bolivia 19 al 22 de abril 2010
La Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra tiene por objetivos:
1. Analizar las causas estructurales y sistémicas que provocan el cambio climático y proponer medidas de fondo que posibiliten el bienestar de toda la humanidad en armonía con la naturaleza.
2. Discutir y acordar el proyecto de Declaración Universal de Derechos de la Madre Tierra.
3. Acordar las propuestas de nuevos compromisos para el Protocolo de Kioto, y para proyectos de Decisiones de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático que guiarán el accionar de los gobiernos comprometidos con la vida en las negociaciones de cambio climático y en todos los escenarios de Naciones Unidas.
4. Trabajar en la organización del Referéndum Mundial de los Pueblos sobre el cambio climático.
5. Analizar y trazar un plan de acción para avanzar en la constitución de un Tribunal de Justicia Climática;
6. Definir las estrategias de acción y movilización en defensa de la vida frente al Cambio Climático y por los Derechos de la Madre Tierra.
Participantes
Defensores de la vida y la madre tierra a nivel de:
• organizaciones sociales,
• pueblos indígenas y originarios,
• redes, instituciones, ong´s, universidades y entidades académicas y científicas, movimientos políticos, religiosos o culturales
• mujeres, jóvenes, trabajadores, científicos, académicos, juristas, artistas y activistas
• gobiernos, parlamentarios, autoridades locales, instituciones internacionales y regionales.
miércoles, 17 de marzo de 2010
BICENTENARIO DE LA ARGENTINA. LA OPINIÓN DE LOS HISTORIADORES

Pabellón del Bicentenario en Tres de Febrero.
La Nación
La historiadora Hilda Sábato, profesora titular de la UBA e investigadora principal del Conicet, destaca en el artículo de La Nación "la debilidad o casi ausencia de una agenda del Bicentenario real, en el gobierno nacional y en el porteño" (...)
"Hay una ausencia casi total en los discursos de referencias concretas al hecho que se está celebrando. Se habla más del Centenario que del 25 de mayo. No hay pasado ni puesta en cuestión de ese pasado. Se podría aprovechar toda la renovación de la historiografía de los últimos años para ver, por ejemplo, qué imágenes del pasado hoy conviven" (...)
Para el historiador Luis Alberto Romero, investigador del Conicet y director del Centro de Estudios de Historia Política de la Universidad Nacional de San Martín, el Estado está en el centro del problema. "Falta la articulación estatal de todas las iniciativas, como falta en otras áreas del país", analizó (...) "Hay un clima de crispación política que no favorece ningún tipo de iniciativa colectiva. La situación del país no es catastrófica, pero el último siglo no parece haber dejado demasiado para festejar, al contrario de lo que sucedía en el Centenario" (...)
Artículo de Geoperspectivas sobre Aportes geográficos para el Bicentenario.
La pregunta que surge inmediatamente de la lectura del artículo es por qué los mismos prestigiosos historiadores argentinos entrevistados no impulsan un debate sobre el tema que critican en su dimensión eminentemente política. Este año debería ser el año de los historiadores y los profesores de Historia, junto a otros científicos sociales, pero al menos hasta ahora la preocupación es la descripción de la paupérrima actualidad política argentina más que las propuestas académicas o educativas de envergadura que requiere la conmemoración aludida.
martes, 16 de marzo de 2010
FORMACIÓN INICIAL DOCENTE EN LA ENSEÑANZA DE LA GEOGRAFÍA

"Las personas que ejercemos como docentes en los diferentes niveles educativos de la enseñanza de la geografía y de otras ciencias sociales tenemos una serie de expectativas sobre los progresos de aprendizaje de nuestros alumnos. Ello suele ser reflejo de nuestra visión del mundo y de las concepciones que tenemos sobre el saber escolar, la utilidad de la disciplina geográfica y el aprendizaje humano.
En gran medida son actitudes que se han ido moldeando a lo largo de nuestra trayectoria personal: las vivencias en el seno familiar, en las relaciones con los amigos, en los estudios escolares. Por eso consideramos que la formación inicial de los futuros docentes es muy importante, pues permite reflexionar sobre estas vivencias y preparar un programa de mejora profesional.
En este sentido queremos proponer este séptimo debate del Geoforo Iberoamericano sobre la formación inicial del profesorado de Geografía y de Ciencias Sociales en general en los niveles educativos de Educación Primaria y Secundaria; o sea, en los niveles básicos de estudio de la ciudadanía" (...)
Promovemos desde Geoperspectivas la participación de los profesores de geografía en tan interesante debate.
jueves, 11 de marzo de 2010
LAS DIMENSIONES DE LA SUSTENTABILIDAD

LAS
DIMENSIONES DE LA SUSTENTABILIDAD
10/03/10 Diana Durán Ecoportal.net
La sustentabilidad en clave
temporal
La
aparición y difusión del término desarrollo sostenible o sustentable ha
acompañado al proceso de concientización ambiental de la sociedad global.
Inicialmente
este concepto se relacionaba –aún con contradicciones-, con el crecimiento
económico, pues no se consideraba en profundidad los objetivos de mantenimiento
de las bases naturales del ambiente y los procesos de deterioro de los recursos
naturales en las distintas escalas geográficas.
Recién
hacia finales de los años sesenta y principios de los setenta que la crisis
ambiental planetaria comienza a tener consideración en los foros mundiales
tanto gubernamentales como no gubernamentales.
El debate
medio ambiente – desarrollo, suscitado en esos momentos-, reveló que los
problemas ambientales se manifiestan de manera distinta según se trate de
países desarrollados o de países en desarrollo. A grandes rasgos es posible
señalar que los primeros sobreutilizan los recursos naturales, mientras los
segundos los subutilizan; si bien en la actual era de la globalización, además,
los países desarrollados sobreutlizan los recursos del resto de los países a
través de la apertura del comercio internacional y el deterioro de los términos
de intercambio y el peso impuesto por las deudas externas. En definitiva, los
países desarrollados han sido los focos originarios de los problemas
ambientales que se “exportaron” a las áreas de concentración urbano-industrial
de los países en desarrollo.
La noción
moderna de desarrollo sustentable tiene su origen en el debate iniciado en 1972
en Estocolmo (2) y consolidado veinte años más tarde en Rio de Janeiro.
El
término desarrollo sustentable aparece con la Estrategia Mundial de Conservación
(3) de 1980, que fue el aporte más conocido al problema de las interrelaciones
entre la naturaleza y la sociedad. A pesar de la variedad de interpretaciones
existentes en el discurso político y los debates académicos, se adoptó
internacionalmente la definición sugerida por la Comisión Mundial sobre Medio
Ambiente y Desarrollo, presidida por la entonces primera ministra de Noruega,
Gro Brundtland en 1987.
La
definición más repetida y difundida sobre el concepto es que el desarrollo
sustentable es aquél que “es capaz de cubrir las necesidades del presente sin
comprometer las posibilidades de las futuras generaciones para satisfacer sus
propias necesidades” (CMMAD, 1992). Esta definición de sustentabilidad incluye
dos ideas clave:
- La “necesidad” de considerar a las generaciones presentes y futuras en tal
conceptualización, y
- la “limitación” impuesta al ambiente por el estado de la tecnología y la
organización social en cada contexto histórico-geográfico.
En
realidad, el discurso sobre la sustentabilidad fue una respuesta a la escuela
de los límites del crecimiento, que desde los años setenta venía postulando la
inexorable presión del crecimiento económico sobre la naturaleza.
Frente a esta visión catastrofista, el enfoque de la sustentabilidad es más
flexible, al señalar que los daños ecológicos ocurren cotidianamente, de una
manera gradual y sobre unas tasas o límites ambientales variables.
Un resultado institucional importante de CNUMAD fue la creación de la Comisión
sobre el Desarrollo Sostenible (CDS) en diciembre de 1992 para asegurar un
seguimiento efectivo de CNUMAD y para controlar e informar acerca de la
ejecución de los acuerdos de la Cumbre para la Tierra a escala local, nacional,
regional e internacional.
La Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible realizada en Johannesburgo en
2002 marca el cierre de este ciclo centrándose en el multilateralismo como una
estrategia clave para el cumplimiento y la aplicación del desarrollo
sustentable. Es así como estas cumbres sirvieron de plataforma para incorporar
la idea del desarrollo sustentable en los planes de acción local, regional y
global(4) .
El concepto de
sustentabilidad
En este
acápite adoptaremos una conceptualización de sustentabilidad operativa para la
mejor comprensión de su complejidad y en vistas de la necesidad de superar
ciertas nociones relacionadas con el crecimiento económico basadas en el
neoliberalismo. El concepto de sustentabilidad se funda en el reconocimiento de
los límites y potenciales de la naturaleza, así como la complejidad ambiental,
inspirando una nueva comprensión del mundo para enfrentar los desafíos de la
humanidad en el tercer milenio. El concepto de sustentabilidad promueve una
nueva alianza naturaleza-cultura fundando una nueva economía, reorientando los
potenciales de la ciencia y la tecnología, y construyendo una nueva cultura
política fundada en una ética de la sustentabilidad –en valores, creencias,
sentimientos y saberes– que renuevan los sentidos existenciales, los mundos de
vida y las formas de habitar el planeta Tierra. (5)
La sustentabilidad presenta
diversas dimensiones dada su complejidad
Para
definir cabalmente la sustentabilidad es necesario considerar todas sus
dimensiones de manera articulada, dado que, en caso contrario, se cae en
reduccionismos inconducentes. En tal sentido, en este módulo daremos cuenta,
entre otras dimensiones, de:
• La
sustentabilidad ecológica o ambiental que exige que el desarrollo sea
compatible con el mantenimiento de los procesos ecológicos, la diversidad
biológica y la base de los recursos naturales.• La sustentabilidad social que
requiere que el desarrollo aspire a fortalecer la identidad de las comunidades
y a lograr el equilibrio demográfico y la erradicación de la pobreza.
• La sustentabilidad económica que demanda un desarrollo económicamente
eficiente y equitativo dentro y entre las generaciones presentes y futuras
• La
sustentabilidad geográfica que requiere valorar la dimensión territorial de los
distintos ambientes. Se trata de una nueva perspectiva o dimensión ya que a
pesar de que existe consenso, en los foros internacionales, sobre la
importancia y dimensiones de este concepto; la realidad es que su aplicación en
distintas escalas geográficas, especialmente en las escalas nacional, regional
y local es todavía muy incipiente. Además, existe una subvaloración de la
dimensión territorial que puede traer consecuencias negativas en la
planificación del desarrollo sostenible.
Por lo
demás, también se considera la sustentabilidad cultural, política y la
dimensión educativa para completar el carácter complejo que abarca este
concepto.
La dimensión ecológica o
ambiental
La
dimensión ecológica de la sustentabilidad promueve la protección de los
recursos naturales necesarios para la seguridad alimentaria y energética y, al
mismo tiempo, comprende el requerimiento de la expansión de la producción para
satisfacer a las poblaciones en crecimiento demográfico. Se intenta así superar
la dicotomía medio ambiente-desarrollo, aspecto nada sencillo a juzgar por los
impactos ambientales de los modelos económicos neoliberales vigentes en el
mundo contemporáneo.
La
dimensión ecológica de la sustentabilidad está condicionada por la provisión de
recursos naturales y de servicios ambientales de un espacio geográfico. Es
posible advertir que si bien la abundancia de recursos naturales no garantiza
el carácter endógeno del desarrollo sustentable, como lo demuestra la
circunstancia de tantos países subdesarrollados que poseen una importante
dotación de recursos hídricos, minerales o energéticos; no hay duda de que
constituye el potencial básico del desarrollo territorial.
Es
fundamental incorporar la dimensión ecológica en la toma de decisiones
políticas y, asimismo, es necesario examinar las consecuencias ambientales de
la apropiación de los recursos naturales que cada sociedad promueve en las
distintas etapas históricas.
La
sustentabilidad ecológica se refiere a la relación con la capacidad de carga de
los ecosistemas, es decir, a la magnitud de la naturaleza para absorber y
recomponerse de las influencias antrópicas.
La
capacidad de carga es el máximo número de personas que pueden ser soportadas
por los recursos de un territorio y se define normalmente en relación a la
máxima población sustentable, al mínimo nivel de vida imprescindible para la
supervivencia. El concepto de capacidad de carga permite evaluar los límites
máximos del crecimiento de la población según diversos niveles tecnológicos (6)
.
La
capacidad de carga puede tener también varios significados. Cuando se trata de
recursos renovables (reservas de aguas subterráneas, árboles y vegetales
diversos, peces y otros animales) este concepto se refiere al rendimiento
máximo que se puede obtener indefinidamente sin poner en peligro el capital
futuro de cada recurso. En el caso de la contaminación (vertidos líquidos y
gaseosos en ríos, lagos, océanos y en la atmósfera) la capacidad de carga se
refiere a las cantidades de productos contaminantes que estos receptores pueden
absorber antes de ser irremediablemente alterados. (7)
Para el
caso de los recursos naturales renovables, la tasa de utilización debiera ser
equivalente a la tasa de recomposición del recurso. Para los recursos naturales
no renovables, la tasa de utilización debe equivaler a la tasa de sustitución
del recurso en el proceso productivo, por el período de tiempo previsto para su
agotamiento (medido por las reservas actuales y por la tasa de utilización). Si
se toma en cuenta que su propio carácter de “no renovable” impide un uso
indefinidamente sustentable, hay que limitar el ritmo de utilización del
recurso al período estimado para la aparición de nuevos sustitutos. Esto
requiere, entre otros aspectos, que las inversiones realizadas para la
explotación de recursos naturales no renovables, a fin de resultar sustentables,
deben ser proporcionales a las inversiones asignadas para la búsqueda de
sustitutos, en particular las inversiones en ciencia y tecnología (8) .
La dimensión social
Sabido es
que el origen de los problemas ambientales guarda una relación estrecha con los
estilos de desarrollo de las sociedades desarrolladas y subdesarrolladas.
Mientras en las primeras el sobreconsumo provoca insustentabilidad, en las
segundas es la pobreza la causa primaria de la subutilización de los recursos
naturales y de situaciones de ausencia de cobertura de las necesidades básicas
que dan lugar a problemas como la deforestación, la contaminación o la erosión
de los suelos.
En
relación con la sustentabilidad social, debemos tener en cuenta que ella
implica promover un nuevo estilo de desarrollo que favorezca el acceso y uso de
los recursos naturales y la preservación de la biodiversidad y que sea
“socialmente sustentable en la reducción de la pobreza y de las desigualdades
sociales y promueva la justicia y la equidad; que sea culturalmente sustentable
en la conservación del sistema de valores, prácticas y símbolos de identidad
que, pese a su evolución y reactualización permanente, determinan la
integración nacional a través de los tiempos; y que sea políticamente
sustentable al profundizar la democracia y garantizar el acceso y la
participación de todos en la toma de decisiones públicas. Este nuevo estilo de
desarrollo tiene como norte una nueva ética del desarrollo, una ética en la
cual los objetivos económicos del progreso estén subordinados a las leyes de
funcionamiento de los sistemas naturales y a los criterios de respeto a la
dignidad humana y de mejoría de la calidad de vida de las personas” (9). En
relación con estas apreciaciones de Guimarães, la dimensión aludida se
relaciona estrechamente, además, con los aspectos culturales y políticos de las
sociedades. Pero no sólo la sustentabilidad deberá promover cambios
cualitativos en el bienestar de las sociedades y afianzar el equilibrio
ambiental planetario, sino que deberá considerar la dimensión social en su más
profundo sentido. Esto se comprende si se expresa que es natural que un ser
humano en situación de extrema pobreza, exclusión o marginalidad no pueda tener
un compromiso estrecho con la sustentabilidad. Por ejemplo, no se le podrá
pedir a quienes no tienen leña para calefaccionar sus hogares que no talen de
manera desmedida los árboles cercanos a sus casas o sobreconsuman las especies
y sobrepastoreen los suelos con sus ganados. En sentido contrario, en
situaciones de riqueza, las poblaciones tienden al sobreconsumo y, por lo
tanto, tampoco se comprometerán con la sustentabilidad, hecho que es notorio en
las grandes ciudades, en las que la cultura del shopping, la comida
chatarra, el gasto exagerado de energía y agua es moneda corriente. En términos
de la relación entre estos dos extremos de la sociedad, no hay duda de que la
inserción privilegiada de unos –los ricos-, en el proceso de acumulación, y por
ende en el acceso y uso de los recursos y servicios de la naturaleza, les
permite transferir a los otros –los pobres-, los costos sociales y ambientales
de la insustentabilidad a los sectores subordinados o excluidos. Ello implica,
especialmente en los países periféricos, con graves problemas de pobreza,
desigualdad y exclusión, que los fundamentos sociales de la sustentabilidad
suponen postular como criterios básicos de política pública los de la justicia
distributiva, para el caso de bienes y de servicios, y los de la
universalización de cobertura, para las políticas globales de educación, salud,
vivienda y seguridad social (10) .
(…) La creciente
importancia dada a los criterios de consumo y de producción sustentable es un
objetivo que los países alcanzarán cuando comiencen a reconocer que la
sustentabilidad demanda un enfoque estratégico a largo plazo para transformar
las causas que provocan los problemas ambientales. En relación con el tema de
los patrones de consumo es posible señalar que ellos están determinados por una
red de actores y mecanismos que pueden sintetizarse en: el precio de los bienes
y servicios, las características de la infraestructura (vivienda, energía,
transportes), los presupuestos individuales y empresariales, el perfil de
actividad de los particulares y las empresas y las alternativas en los modos de
vida. Los diferentes niveles de influencias y vínculos de interdependencia
dentro de estas redes destacan aspectos condicionantes que los gobiernos deben
considerar para operar los cambios sustentables (13).
La dimensión económica
El debate
economía - medio ambiente es uno de los que ha suscitado las polémicas más
arduas en términos de su relación con la sustentabilidad. Se ha señalado con
razón que aún la ciencia económica no tiene una respuesta convincente a la
crítica ecológica. La economía falla al valorar la riqueza global de las
naciones, sus recursos naturales y especialmente los precios de las materias
primas. Por ejemplo, si nos referimos al precio de los recursos energéticos
agotables, es evidente que su valoración siempre es menor que la real en
términos de su preservación para las futuras generaciones. También es posible
cuestionarse si el precio que las industrias tienen que pagar por insertar
residuos no reciclados al ambiente tampoco sea el racional. Entonces, cuáles serán
los precios adecuados. Aquí se incorpora usualmente la noción de externalidades
como los aspectos ambientales que no tienen valoración cuantitativa en la
contabilidad o en el proceso de producción. De allí la importancia de valorizar
los recursos al menos por su costo de reposición y construir con ellos, por
ejemplo, cuentas del patrimonio natural para saber qué y cuánto tenemos, cómo
lo podríamos usar en diferentes alternativas y cuánto nos queda en cada caso.
Para
desarrollar el tema de la dimensión económica de la sustentabilidad se puede
plantear la pregunta: ¿es posible la sostenibilidad ambiental con la economía
de mercado? (14) Esta cuestión requiere de un debate en el que se requiere
admitir como modelo económico sostenible desde el punto de vista ambiental a
aquél que se adecua a los ciclos biogeoquímicos de la materia, y le permite así
perpetuarse en el tiempo. Existen una serie de acuerdos que al establecer
determinadas metas ambientales, de manera de influir en las formas, productos y
subproductos de las actividades económicas. Existen también normas que
promueven influir en la mejora ambiental de la actividad de una empresa, pero
cuya aceptación y desarrollo son plenamente voluntarias, (normas ISO 14000). A
otra escala, también existen procedimientos de evaluación de los impactos
ambientales generados por un proyecto o actividad.
Pero sin
duda la pregunta trae a colación, según el mismo autor, otra que plantea: ¿es
posible hacer sostenible la relación que mantienen la economía y el medio
natural sin cambiar el modelo económico? El modelo económico actual se basa en
la búsqueda de la plusvalía. Toda actividad está hecha a través de esta lógica,
en la que además el interés privado prevalece sobre el interés colectivo. El
dueño de los recursos tiene derecho a explotarlos de la forma que mejor
convenga a sus intereses, es decir de la forma que mayor plusvalía obtenga.
Visto el panorama, las administraciones parecen intentar hacer lo posible por
que la mayor plusvalía se obtenga realizando actividades sostenibles, ya sea
mediante ayudas a la mejora tecnológica o certificando sellos que mejoren la
imagen de la empresa. Pero el camino andado en este sentido ya que sólo se
producen mejoras parciales y el modelo económico sigue siendo insostenible. (15)
La dimensión cultural
La
evolución de la sociedad hacia estilos de producción y consumo sustentables
implica un cambio en el modelo de civilización hoy dominante, particularmente
en lo que se refiere a los patrones culturales de relación sociedad-naturaleza.
“La adecuada comprensión de la crisis supone pues el reconocimiento de que ésta
se refiere al agotamiento de un estilo de desarrollo ecológicamente depredador,
socialmente perverso, políticamente injusto, culturalmente alienado y
éticamente repulsivo. Lo que está en juego es la superación de los paradigmas
de la modernidad que han estado definiendo la orientación del proceso de
desarrollo. En ese sentido, quizás la modernidad emergente en el Tercer Milenio
sea la `modernidad de la sustentabilidad´, en donde el ser humano vuelva a ser
parte de la naturaleza” (16). La sustentabilidad no sólo debería promover la
productividad de la base de los recursos y la integridad de los sistemas
ecológicos, sino también los patrones culturales y la diversidad cultural de
los pueblos. Actualmente, la principal causa de la insustentabilidad posee una
dimensión cultural, según cómo sea la cosmovisión o forma de ver el mundo.
Desde esta perspectiva, la cultura occidental contemporánea es insustentable.
Su relación con el entorno se fundamenta en la idea de la apropiación de la
naturaleza como una inagotable fuente de recursos. La sustentabilidad cultural comprende la
situación de equidad que promueve que los miembros de una comunidad o país
tengan acceso igual a oportunidades de educación y aprendizaje de valores
congruentes con un mundo crecientemente multicultural y multilingüe y de una
noción de respeto y solidaridad en términos de sus modos de vida y formas de
relación con la naturaleza.
La dimensión geográfica
El
"Informe sobre los Recursos Mundiales - 1992", elaborado por el PNUD,
enfoca el desarrollo sustentable como un proceso que requiere un progreso
simultáneo global en las diversas dimensiones: económica, humana, ambiental y
tecnológica. Como se ve, inicialmente se soslayaba la dimensión geográfica en
su significado específicamente territorial, pues el ambiental está naturalmente
explicitado.
Si se
tiene en cuenta la dimensión geográfica de la sustentabilidad se advierte que
tendrá diferentes interpretaciones para una aldea africana, una aglomeración
latinoamericana o una nación industrializada europea. Tal vez la
sustentabilidad sea más relevante para un estado industrial por el deterioro
que es ostensible, mientras la sustentabilidad no sea aún “consciente” para una
aldea africana y, demás está decirlo, ha sido practicada por las culturas
precolombinas.
Las
dimensión geográfica –también denominada territorial-, de la sustentabilidad
constituye uno de los principales desafíos de las políticas públicas
contemporáneas –de ordenamiento y planificación ambiental-, que requiere
territorializar la sustentabilidad ambiental y social del desarrollo y, a la
vez, sustentabilizar el desarrollo de las regiones, es decir, garantizar que
las actividades productivas de las distintas economías regionales promuevan la
calidad de vida de la población y protejan el patrimonio natural para
resguardarlos para las generaciones venideras(17).
La
afirmación del Informe sobre recursos naturales de que no existen ejemplos de
desarrollo sustentable a nivel nacional y que ni los países industriales, ni
las economías emergentes, por ejemplo, de Asia Suroriental, ofrecen modelos
adecuados, se sustenta en que todavía ha sido poco considerada su dimensión
geográfica en términos de ordenación territorial. Se plantea entonces ¿cuál es
la viabilidad del desarrollo sustentable en los países latinoamericanos, por
ejemplo, frente a políticas macroeconómicas de altísimos impactos ambientales y
territoriales negativos? El modo de equilibrar el actual modelo de
"subdesarrollo insustentable"(18) es mediante la inserción de la
dimensión ambiental y de la dimensión geográfica en la política, aspectos insuficientemente
relevantes en los países latinoamericanos en los que se difunde un discurso
ambiental pero no una verdadera política ambiental.
La
dimensión geográfica de la sustentabilidad implica el progreso armónico de los
distintos sistemas espaciales/ambientales, atenuando las disparidades y
disfuncionalidades del territorio, además de promover sus potencialidades y
limitar las vulnerabilidades. La dimensión territorial en la acción y gestión
de gobierno constituye una visión globalizadora del desarrollo, un corte
horizontal en la integración de los diferentes sectores y niveles
gubernamentales. "El objetivo final de la ordenación territorial es lograr
una relación armónica entre el medio ambiente y los asentamientos humanos con
el propósito de disminuir las desigualdades regionales y lograr un desarrollo
socialmente equilibrado, respetando la naturaleza"(19). Para lograr ese
objetivo es necesario pensar que la relación hombre-ambiente no se define a
través de generalizaciones macro sino en una escala de relevancia inmediata, de
vida. Es la escala local y su integración en la escala regional, un principio
de organización fundamental que requiere autonomía de decisiones.
La
defensa de los grupos indígenas y rurales contra las industrias extractivas,
las grandes represas, la deforestación comercial o las plantaciones uniformes
de árboles, la resistencia de los organismos no gubernamentales genuinos, es
parte de la defensa de la identidad de los pueblos. Ahora bien, la semejanza
estructural de muchos conflictos ecológicos alrededor del mundo en culturas muy
diferentes, también el hecho que el concepto de justicia ambiental sea usado no
sólo en Estados Unidos sino en Brasil y en Sudáfrica, teniendo en cuenta la
dimensión geográfica de la sustentabilidad permite afirmar que los conflictos
ecológico-distributivos no deben ser vistos como expresiones de la política de
la identidad. Por el contrario, la identidad étnica o social es uno de los
lenguajes con que se representan los conflictos ecológico-distributivos, que
nacen del uso cada vez mayor que la economía hace del ambiente natural del cual
todos dependemos para vivir, en detrimento de la dimensión geográfica de la
sustentabilidad (20).
La dimensión política
El
fundamento político de la sustentabilidad se encuentra estrechamente vinculado
a los procesos de democratización y de construcción de la ciudadanía, y busca
garantizar la incorporación plena de las personas a los beneficios de la
sustentabilidad.
Esta se
resume, a nivel micro, en la democratización de la sociedad, y a nivel macro,
en la democratización del Estado. El primer objetivo supone el fortalecimiento
de la capacidad de las organizaciones sociales y comunitarias, el acceso a la
información de todos los ciudadanos en términos ambientales, y la capacitación
para la toma de decisiones. El segundo se logra a través del control ciudadano
del Estado y la incorporación del concepto de responsabilidad política en la
actividad pública. Ambos procesos constituyen desafíos netamente políticos, los
cuales sólo podrán ser enfrentados a través de la construcción de alianzas
entre diferentes grupos sociales, de modo de proveer la base de sustentación y
de consenso para el cambio de estilo de vida hacia la sustentabilidad. También
requiere del sinceramiento de los organismos internacionales que tienen
injerencia en la sustentabilidad a través de sus fondos para el desarrollo,
cuestión de alta complejidad.
Corolario:
La dimensión educativa de la sustentabilidad
El
concepto de educación ambiental es dinámico, es decir, se modifica a la par del
medio ambiente y también según la percepción de los distintos sujetos sociales
y contextos. Tradicionalmente se trabajaban los aspectos naturales del medio
desde planteamientos próximos a las ciencias naturales. Posteriormente, se
planteó la necesidad de incluir de forma explícita al medio ambiente en los
procesos educativos, pero la atención se centró en cuestiones como la
conservación de los recursos naturales, la protección de la fauna y flora, etc.
Actualmente se reconoce que, aunque los elementos físico naturales constituyen
el sustento del medio ambiente; también las dimensiones socioculturales,
políticas y económicas son fundamentales para entender las relaciones que la
humanidad establece con su medio y para gestionar mejor los recursos naturales.
También se ha tomado conciencia de la interdependencia existente entre el medio
ambiente, el desarrollo y la educación. Es esa conciencia la que conduce a
demandar la reorientación de la educación ambiental de modo que, además de la
preocupación por el uso racional de los recursos, florezca el interés por el
reparto de esos recursos y se modifiquen los modelos de desarrollo que orientan
su utilización. La dimensión educativa de la sustentabilidad es una respuesta
duradera que se considera transversal a toda la educación y que aporta un nuevo
paradigma que brinda un profundo giro de innovación cultural.
La
educación ambiental es un proceso de toma de conciencia y acción sociales sobre
los problemas ambientales y sus alternativas de solución. Esta definición,
socialmente reconocida por la población en general, por quienes participan
activamente en pro del ambiente, por los profesionales, científicos expertos y
por los educadores, revela una distancia notable entre el discurso, es decir,
lo que se manifiesta verbalmente y la acción, lo que se hace. La praxis –en
términos de la dimensión educativa de la sustentabilidad-, parece no coincidir
con las consignas consabidas porque de ser así no sería tan evidente el
contraste entre los resultados económicos promisorios y los indicadores de la
Tierra amenazada consecuentes con el sobreconsumo y la pobreza, raíz de los
problemas ambientales.
El saber
ambiental (21) es interdisciplinario y ha reunido un marco teórico de gran
solidez. Este saber no es un ámbito nuevo del conocimiento o una nueva
disciplina, sino un campo de conocimiento en el que convergen los aportes de
conceptos y metodologías de diversas ciencias que tratan los sistemas
ambientales complejos que funcionan como conjuntos de interacciones entre las
distintas esferas de la Tierra y el hombre. En síntesis, la dimensión educativa
de la sustentabilidad resulta clave para comprender las relaciones existentes
entre los sistemas naturales y sociales, así como para conseguir una percepción
más clara de la importancia de los factores socioculturales en la génesis de
los problemas ambientales. En esta línea, debe impulsar la adquisición de la
conciencia, los valores y los comportamientos que favorezcan la participación
efectiva de la población en el proceso de toma de decisiones. La educación
ambiental así entendida puede y debe ser una clave estratégica que incida en el
modelo de desarrollo establecido para reorientarlo hacia la sustentabilidad y
la equidad.
Notas
1 Doctora en Geografía de la Universidad del Salvador. http://geoperspectivas.blogspot.com
2 Declaración de Estocolmo sobre el medio ambiente humano (1972)
http://www.cedhj.org.mx/cedhj/legal/declaraciones/decla11.pdf
3 UNIÓN INTERNACIONAL PARA LA CONSERVACIÓN. (1980) Estrategia Mundial para la
Conservación: La Conservación de los recursos vivos para el logro de un
desarrollo sostenido. Gland. UICN. Programa de las Naciones Unidas para el
Medio Ambiente y el Fondo Mundial para la Naturaleza.
4 CANO, Marcel. CRUZ, Ivonne. La Sostenibilidad, un recorrido histórico. http://portalsostenibilidad.upc.edu/so.php?menutop=2
5 Este concepto de sustentabilidad se plasmó en el Manifiesto para la
Sustentabilidad que surgió del Simposio sobre Ética y Desarrollo Sustentable,
celebrado en Bogotá, Colombia, los días 2-4 de Mayo de 2002.
6 DURAN, D. LARA, A. (2002) Convivir en la Tierra. Fundación Educambiente.
Buenos Aires. Lugar Editorial.
7 http://www.eurosur.org/futuro/fut53.htm
8 Adaptado de GUIMARÃES, Roberto P. (1998) La ética de la sustentabilidad y la
formulación de políticas de desarrollo. Ambiente & Sociedade, N° 2, 1998
primer semestre, 5-24. Campinas, Brasil.
9 GUIMARÃES, Roberto P. (1998) Óp. Cit.
10 Adaptado de GUIMARÃES, Roberto P. (1998) Óp. Cit.
11 RODRIGUEZ, Isabel y GOVEA, Héctor. (2006) El discurso del desarrollo
sustentable en América Latina. Revista Venezolana de Economía y Ciencias
Sociales., vol.12, no.2.
12 Adaptado de GUIMARÃES, Roberto P. (1998) Óp. Cit.
13 DURÁN, Diana, et. al. (2001). Geografía Mundial. Buenos Aires. Troquel.
14 VALDÉS, Javier. (2004) ¿Es posible la sostenibilidad ambiental con la
economía de mercado? www.rebelion.org/noticias/2004/10/6111.pdf
15 VALDÉS, Javier. (2006) Óp. Cit.
16 GUIMARÃES, Roberto P. (1998) La ética de la sustentabilidad y la formulación
de políticas de desarrollo. Campinas, Brasil. Ambiente & Sociedade, N° 2,
1998 primer semestre, 5-24.
17 Adaptado de GUIMARÃES, Roberto P. (2006) Óp. Cit.
18 DI PACE, et al, (1992) Las utopías del medio ambiente. Buenos Aires. Centro
Editor de América Latina.
19 DURÁN, D. LUKEZ, B. (2008). Geografía de la Argentina. Buenos Aires.
Troquel.
20 Adaptado de MARTÍNEZ-ALIER, Joan. (2006) Los conflictos
ecológico-distributivos y los indicadores de sustentabilidad. Polis. Revista
Universidad Bolivariana. Año Vol.5. Nº 3. Santiago de Chile.
21 LEFF, Enrique (1994) Ciencias sociales y formación ambiental. Barcelona.
Gedisa
sábado, 6 de marzo de 2010
PREVENCIÓN SÍSMICA EN LA ARGENTINA
El peligro sísmico, que es la probabilidad de que ocurra una determinada amplitud de movimiento del suelo en un intervalo de tiempo fijado, depende del nivel de sismicidad de cada zona. Los Mapas de Zonificación Sísmica individualizan zonas con diferentes niveles de Peligro Sísmico. En el Mapa de Zonificación Sísmica del Reglamento INPRES-CIRSOC 103, se encuentran identificadas 5 zonas. Un valor que permite comparar la actividad sísmica en cada una de ellas es la máxima aceleración del terreno "as" para el sismo de diseño antes definido. Esta aceleración se expresa en unidades de "g", siendo "g", la aceleración de la gravedad.
INSTITUTO NACIONAL DE PREVENCIÓN SÍSMICA - INPRES San Juan Argentina.
PREVENCIÓN SÍSMICA: A pesar de los estudios e investigaciones que se realizan a nivel mundial, hasta el presente no se cuenta con elementos suficientemente seguros que permitan predecir con certeza y con suficiente antelación, la magnitud, lugar de ocurrencia y momento en el que ocurrirá un sismo destructivo.
No obstante, aunque dicho objetivo se lograra alcanzar, sólo podría reducirse considerablemente el número de víctimas, pero no garantizaría la integridad de las construcciones, sobre todo en aquellas desprovistas de estructura adecuada para soportar las acciones sísmicas, con las consecuentes pérdidas económicas. Es decir que recurriendo únicamente a la predicción no se lograría disminuir satisfactoriamente el riesgo sísmico, debido al alto grado de vulnerabilidad que poseerían las construcciones.
El INPRES, tiene a su cargo la instalación y el mantenimiento de la Red Nacional de Acelerógrafos - RNA -. La misma cuenta en la actualidad con 143 aparatos, distribuidos en todo el país. Con los últimos 70 instalados, se han incorporado los mayores avances tecnológicos en la materia, como por ejemplo el registro digital, la adquisición de datos directamente a través de una computadora personal (PC), la obtención de registros de muy alta definición, y la posibilidad del manejo a distancia, por medio de módem (comunicación con el aparato instalado en cualquier lugar del país por teléfono, desde la sede del INPRES, a través de una computadora).
Esta entrada del blog tiene por objetivo que los profesores de geografía cuenten con la información necesaria para trabajar el tema con sus alumnos, sobre todo este año en que es "emergente". Sin embargo, debemos señalar que recorriendo los nuevos diseños curriculares de la provincia de Buenos Aires, hemos advertido que no se incluye el tema como contenido curricular, cuestión significativa a la hora de planificar... Será entonces responsabilidad de los docentes trabajar los temas antedichos como estudios de caso o insertarlos en los contenidos que tengan relación, según los ejes de estudio corresondientes.
Lic. Diana Durán
miércoles, 3 de marzo de 2010
GESTIÓN DE LOS RIESGOS AMBIENTALES


Un conjunto de contenidos de relevancia para comprender y enseñar las perspectivas actuales de los riesgos ambientales y contextualizar la situación de los países en los que se presentan catástrofes como las recientes de Haití y Chile, tan contrastadas.
GESTIÓN DE LOS RIESGOS AMBIENTALES
LIC. DIANA DURÁN
Las catástrofes naturales no avisan es quizá la consigna
más clara que se pueda manifestar frente a la ocurrencia de desastres que si
bien son naturales en su origen, se agravan cuando domina la imprevisión humana
frente a los riesgos ambientales.
En efecto, cuando se
comparan las cifras de víctimas y daños producidos en países desarrollados con
las de los países en desarrollo, es notable advertir las discrepancias. La
prevención de los riesgos de un huracán en Florida revela que en una ciudad como
Miami se evacuen 1.000.000 de personas, con la ostensible mitigación de los
daños; mientras un ciclón tropical en el Sudeste Asiático puede producir miles
de víctimas fatales y daños materiales que no se recuperan por mucho tiempo.
En las últimas décadas aumentó el número de desastres
naturales provocados por el aumento de población y la vulnerabilidad de los
seres humanos. Se estiman en 478.100 muertos los contabilizados en el último
decenio, 2,5 mil millones de personas afectadas, y 690 mil millones de dólares
las pérdidas y daños causados.
Siguen siendo los países en desarrollo los más afectados.
El 95 % de las personas muertas viven en países con bajas rentas per cápita.
Asia es el continente más afectado, con más del 50 % de los muertos totales y
el 90 % de los damnificados. De todos los desastres los hidro-meteorológicos se
destacan con el 97 % de personas afectadas. La hambruna y los períodos de
sequía siguen en África con tasas muy elevadas de damnificados.
En este artículo se
profundizarán los distintos temas referidos a los riesgos ambientales considerados en sentido amplio, como la
influencia o las transformaciones que puede sufrir el medio ambiente humano por
el funcionamiento del medio natural, a través de procesos geológicos,
geomorfológicos, climáticos, hídricos y biológicos de carácter anómalo.
En sentido más
estricto, riesgo ambiental es la
probabilidad de que un espacio geográfico sea dañado por las consecuencias de
distinta vulnerabilidad de un proceso natural, que afectarán a la población,
los asentamientos y las actividades humanas.
En los últimos 20 años, las ideas y conceptos desarrollados en
torno a los desastres han sufrido una transformación paradigmática,
especialmente en el plano científico-académico.
El conocimiento de las causas de ocurrencia de cierto tipo de
amenazas que pueden desatar un desastre es una de las áreas en la cual la
ciencia más avanzó. Actualmente, se sabe cómo se origina una inundación, un
sismo, un huracán o una erupción volcánica, cuáles son las zonas que presentan
mayor riesgo, en qué momento aproximado pueden tener lugar dichos fenómenos e,
incluso, se estima su magnitud. En la medida en que el desastre es
multidimensional, no es conveniente restringir su análisis a una perspectiva
natural o tecnológica, ya que el concepto de desastre es una categoría social.
Los desastres ya no se conciben como sucesos geofísicos aislados,
singulares y extremos, sino que son manifestaciones de un proceso social
continuo que impacta en las condiciones de la vida cotidiana de una sociedad.
Comienza así a perfilarse un enfoque más integral, que analiza al desastre no
sólo como producto, sino también como proceso[1].
Es necesario
diferenciar riesgo ambiental de catástrofe o desastre que resulta de la
efectiva ocurrencia del fenómeno cuando produce consecuencias que afectan, por
ejemplo, a:
• Densas poblaciones
humanas, como en el caso de las inundaciones y ciclones en las zonas monzónicas
o los terremotos en el Cinturón de Fuego del Pacífico.
• Áreas de gran
extensión geográfica, como la sequía del Sahel en África.
• Graves consecuencias
económicas como las inundaciones y sequías en la llanura chaco-pampeana.
También se debe
destacar la existencia de riesgos tecnológicos, que si bien tienen un orden de
magnitud menor a los naturales, podrán crecer en su importancia relativa de
manera proporcional al avance tecnológico. Aquí cabe recordar el accidente de
la central nuclear de Chernobyl (Ucrania) en 1986 (que podría ser responsable
de 14.000 a 475.000 muertes por cáncer) o la explosión de gas en Guadalajara
(México), que devastó gran parte de la ciudad.
Riesgo, amenaza y
vulnerabilidad: conceptos clave
Todos los
años, más de 200 millones de personas resultan afectadas por las sequías,
inundaciones, ciclones, terremotos, incendios forestales y otras amenazas.
Además de la pobreza, la creciente urbanización, la degradación ambiental y el
calentamiento global están logrando que las consecuencias de los riesgos
ambientales empeoren aún más.
Los
acontecimientos de los últimos años refieren que las amenazas naturales pueden
afectar a toda la humanidad, en cualquier espacio geográfico. Del tsunami del
océano Índico al terremoto en el sur de Asia, de la devastación que produjeron
los huracanes y ciclones en los Estados Unidos, el Caribe y el Pacífico, a las
fuertes inundaciones en Europa y Asia, los terremotos de Japón y Haití, cientos
de miles de personas han perdido sus vidas y millones sus fuentes de trabajo
debido a los desastres ocasionados por las amenazas naturales.
A pesar
de que muchos los resultados de estos desastres, lo que pocos se dan cuenta es
que ellos puede prevenirse mediante iniciativas para la gestión del riesgo ambiental.
Los
Estados de todo el mundo se han comprometido a tomar medidas para reducir el
riesgo de desastres y han adoptado un lineamiento denominado el Marco de Acción de Hyogo para reducir
las vulnerabilidades frente a las amenazas naturales. El Marco le ofrece
asistencia a los esfuerzos de las naciones y comunidades para volverse más
resistentes a las amenazas que ponen en riesgo los beneficios del desarrollo y
para enfrentarlas de mejor forma.
La
cooperación es la base del Marco de Hyogo[2]:
los desastres pueden afectar a cualquiera y por lo tanto son un asunto de
todos. La reducción del riesgo de desastres debe formar parte de la toma de
decisiones cotidianas, desde la forma en que la gente educa a sus hijos e hijas
hasta cómo se planifican las ciudades. Cada decisión puede producir mayor
vulnerabilidad o, por el contrario, disminuirla.
Frente al comportamiento de los factores
naturales generadores de situaciones potenciales de riesgo, son las
características y el comportamiento del grupo o grupos sociales en cuyo
territorio se desarrollan éstas, el factor que determina realmente la importancia
e incluso la propia existencia de riesgo. Estas características y
comportamientos determinan el grado en que puede verse afectado el conjunto
social frente a los fenómenos naturales y la componente hostil que puedan
incorporar. El umbral que establece el paso desde el riesgo potencial al de
evento catastrófico no está determinado tanto por la oscilación de los
parámetros naturales como por las peculiaridades de la ocupación humana del
espacio afectado, hasta el punto de que en el interior de un territorio acotado
como espacio de riesgo, por ser el ámbito de un fenómeno natural de este
carácter (área inundable, zona sísmica, etc.) los espacios de catástrofe pueden
variar mucho, e incluso no existir en relación con rasgos de la organización de
la población afectada.
El desastre como producto puede ser de gran impacto, como lo fueron los terremotos
de Kobe (1994) y de México, en 1985. Sin embargo, también se evidencia en la
presencia de pequeñas rupturas o desequilibrios (inundaciones leves, cortes de
luz, incendios puntuales, etc.) que suceden con mayor frecuencia pero que,
acumulados, adquieren un valor significativo, a veces, hasta más importante que
el de los grandes desastres.
El desastre como proceso se capta en la creación de las condiciones de riesgo a
través del tiempo, como el resultado de la interacción entre determinados
eventos desencadenantes (amenazas) y las vulnerabilidades de la sociedad. En
tal sentido, la probabilidad de que un evento desencadenante se convierta en
desastre depende de la vulnerabilidad de la sociedad o de ciertos grupos
sociales.
Bajo este enfoque, el desastre es un continuo que incluye la
generación de las condiciones de riesgo, la emergencia, y sus posteriores
efectos sobre el territorio, la economía, la sociedad y la política.[3]
Si
ocurriese un terremoto en un área desértica, por más intenso que fuera, no
constituiría un desastre. Así, no todo acontecimiento crítico se convierte
automáticamente en desastre, para que ello ocurra, el evento debe impactar en
una sociedad y superar la capacidad de la misma para hacerle frente. Por
ejemplo, una inundación como fenómeno natural, forma parte del comportamiento
hidrometeorológico de una región o sub-región. Se convierte en desastre cuando
irrumpe su cotidianeidad y da lugar a consecuencias sociales, económicas y
políticas que suponen una regresión y un retraso en el nivel de desarrollo que
presenta esa sociedad. [4]
El riesgo es una condición latente o
potencial y su nivel o grado, depende de la intensidad probable del evento
desencadenante y de los niveles de vulnerabilidad existentes. Así entendido, el
riesgo es la probabilidad de ocurrencia de un desastre. Para que exista un
riesgo, debe haber tanto elementos detonadores (sean de orden natural, socio
natural, antrópico y/o tecnológico), como una población vulnerable a sus
impactos.
Los
desastres ponen de manifiesto la relación extrema entre los eventos
desencadenantes y la estructura y organización de la sociedad, de tal manera
que se constituyen en procesos y momentos fatídicos que superan la capacidad
material de la población para absorber, amortiguar o evitar los efectos
negativos del acontecimiento físico.
No existen
conceptos absolutos, que describan una realidad física y que sean
independientes de la acción humana. Todos los desastres son el resultado de
acciones humanas, relacionadas con procesos sociales, políticos e históricos,
territorialmente acotados y conformados.
El desastre
es la actualización del grado de vulnerabilidad existente en la sociedad,
producido por una inadecuada relación entre esa sociedad y el medio físico,
natural y construido, que lo rodea. Como producto de esa interacción, un
desastre configura un delator extremo de la falta de soluciones adecuadas a
situaciones límites que prexisten en estado latente. A su vez, capta la esencia
del contexto de crisis que se extiende a meses o años posteriores al evento
físico.
Así
conceptualizado, o tejiendo más finamente la definición social de desastre e
intentando introducir elementos del mundo natural y social, un desastre representa
el punto culminante, la crisis desatada por un continuo proceso de desajuste de
la sociedad, de sus formas de asentamiento, construcción, producción y
convivencia con el ambiente natural. En consecuencia, el desastre representa
una manifestación del inadecuado manejo del ambiente y la ausencia de
principios de sustentabilidad. Como toda crisis, el desastre también es una
oportunidad porque pone bajo la lupa y permite analizar la acumulación de
ciertas vulnerabilidades, la atención durante la emergencia, la preparación y
la prevención. En otras palabras, es también una oportunidad para aprender a
manejar o gestionar el riesgo.
Los
desastres ocurren cuando no se conoce o no se actúa adecuadamente frente a los
riesgos a los que estamos expuestos.
Es
importante reconocer que los procesos de conformación del riesgo, la
vulnerabilidad y los desastres serán siempre objeto de intereses
controvertidos. Esto es así porque dichos procesos se constituyen a partir de
los encuentros y desencuentros de múltiples actores sociales y de
racionalidades, intereses y lógicas diversas. En este sentido, las definiciones
que se hagan de estos conceptos tendrán este mismo conjunto de limitaciones o
condicionamientos y, al no ser neutras, suponen implícita o explícitamente la
elección de una determinada escala de valores.
Tipos de riesgos
ambientales
Los riesgos ambientales
pueden clasificarse según la esfera de la Tierra donde se originan, según como
se muestra en el siguiente cuadro.
No es necesario abundar
en la caracterización de estos riesgos que se pueden localizar en la
bibliografía pertinente, indicada en este capítulo.
Parámetros
y características de los riesgos ambientales
El análisis de los
riesgos ambientales abarca los parámetros que regulan el funcionamiento del
proceso natural que los origina. Incluye:
|
PARAMETROS |
CARACTERÍSTICAS |
|
Agentes |
Son los factores que
dan origen al riesgo ambiental. Son exógenos (biológicos, climáticos,
hídricos) o endógenos (geológicos). |
|
Frecuencia |
Períodos de retorno,
periodicidad o recurrencia del riesgo. |
|
Duración |
Tiempo que dura el
fenómeno, desde pocos minutos, como un terremoto, hasta meses o años, como
una sequía. |
|
Área de riesgo |
Es el espacio
geográfico potencialmente afectable. |
|
Intensidad |
Es la medida de los
efectos del fenómeno sobre los ecosistemas, el paisaje, la población, las
actividades y las obras humanas. La magnitud del
fenómeno se expresa en distintas unidades (tasa de flujo en m3 por
segundo del desborde de un río, la extensión areal de una sequía, o la escala
de un terremoto, entre otras). |
|
Velocidad de ataque |
Es el tiempo
transcurrido en que se inicia el fenómeno hasta su máxima actividad. Los
terremotos, por ejemplo, tienen una gran velocidad; mientras las sequías son
lentas. |
|
Difusión espacial |
Combina la velocidad
de llegada con la extensión areal máxima que alcanza el fenómeno. Por
ejemplo, el caso de una epidemia que puede llegar a tener una amplia difusión
espacial. |
|
Fuente: reelaborado
en base a DURAN, Diana. La Argentina Ambiental. Buenos Aires. Lugar
Editorial. |
|
La
gestión de los riesgos ambientales
La gestión de riesgos
ambientales es el enfoque que hoy se tiene de lo que debe ser una nueva cultura
ciudadana, orientada a la seguridad de las personas, sobre la base de sus
derechos. Este concepto es eminentemente educativo. Supone transferir valores y
principios de solidaridad, promover la participación, la cooperación y el
diálogo para el desarrollo de las capacidades que requiere el ciudadano.
La gestión de riesgo es
la manera de incrementar la capacidad de las personas, instituciones educativas
y comunidad para transformar las condiciones de vulnerabilidad en las que viven
y actúan, para prepararse y afrontar las emergencias.[5]
Es un proceso para la
reducción de las condiciones de riesgo en una determinada colectividad. Este
proceso implica planificación, es decir: objetivos y estrategias; concertación
(acuerdos entre actores diversos para ser parte del problema); participación
(la población se moviliza para ejecutarlo); y debe tener carácter integral, es
decir abarcar la mayor parte de aspectos involucrados (económicos, políticos,
sociales, etc.)
El enfoque de gestión
de riesgo se caracteriza por: promover la participación institucional y
personal de todos, incluyendo a los niños y adolescentes; preparar un sistema
de respuestas que implica reducir riesgos con anterioridad a cualquier evento
desastroso.
¿Qué
es la evaluación de riesgos (ER)?
Es un instrumento de
planificación participativa[6], que nos
permite:
• Ubicar y evaluar los
escenarios de riesgos y recursos disponibles.
• Utilizar de manera
pertinente y oportuna la información.
• Tomar decisiones con
mayor racionalidad y eficacia.
Para la evaluación de
riesgos se debe tomar en cuenta las percepciones, es decir las experiencias y
los conocimientos que la población tiene sobre su historia, cómo la cuentan,
que refleja de qué manera la comprenden y qué han aprendido de ella. La ER permite
determinar la naturaleza y dimensiones de las probables pérdidas, y debe
contener los siguientes elementos:
- Un
análisis de las amenazas que pueden ser de muy distinto tipo, pero que
según la localización tienden hacia ciertas características: áreas
sísmicas, quebradas y áreas de deslizamientos, cauces de los ríos, etc.;
así como de los factores que aumentan los riesgos (deforestación, erosión,
filtraciones, obras que alteran el ambiente, etc.). Para ello es
importante tener en cuenta los antecedentes de ocurrencia de fenómenos
destructivos que permitan establecer cómo se desencadenan y desarrollan
los fenómenos.
- Un
análisis de la vulnerabilidad, que debe expresar:
1) Cómo las personas se
encuentran expuestas en razón de su edad, condiciones de género, salud,
educación, etc.
2) Cuáles son las
características de las viviendas, edificios y otros espacios de actividad, que
utiliza la gente en relación con el tipo de amenaza. Por ejemplo, para evaluar
la vulnerabilidad de la institución educativa es necesario identificar y analizar
su ubicación, el tipo de construcción, el estado de las instalaciones de agua y
alcantarillado, del sistema eléctrico. Así mismo, las peculiaridades de la
edificación: zonas de evacuación, acceso a vías principales y alternas, áreas
libres para posible albergue, ubicación y comunicación con los servicios de
bomberos y de salud.
- Identificación
de recursos materiales y capacidades locales existentes.
Para ello es
conveniente hacer un listado de los equipos e insumos necesarios para responder
adecuadamente a las emergencias y de los recursos familiares y comunitarios que
puedan ser orientados a la reducción de riesgos. La identificación de las
capacidades comprende a las instituciones y a las organizaciones de la
comunidad. Se trata de saber hasta qué punto dichas instituciones y
organizaciones pueden participar en la gestión de riesgos y en la respuesta a
emergencias; y qué necesidades deben y pueden ser resueltas para estar en mejor
preparación ante las amenazas existentes. Las evaluaciones de riesgo deben
hacerse mediante procedimientos de participación y con criterio didáctico,
haciendo posible el fortalecimiento de las organizaciones locales en el liderazgo
de la acción preventiva. Así mismo, deben contener propuestas técnicas y de
organización para reducir los riesgos y estar más aptos para enfrentar las
emergencias.
[1] HERZER, Hilda et al. (2002) Convivir con el riesgo o la gestión
del riesgo. http://www.cesam.org.ar/que.htm
[2] Estrategia
Internacional para la protección de los desastres (2005)
Marco de
Acción de Hyogo. 2005-2015
http://www.unisdr.org/eng/hfa/docs/HFA-brochure-Spanish.pdf
[3] HERZER, Hilda et al. (2002) Convivir con el riesgo o la gestión
del riesgo. http://www.cesam.org.ar/que.htm
[4] HERZER, Hilda et al. (2002) Óp. Cit.
[5] OLIVERA, Jorge. MARISCAL Jorge FERRADAS Olivera (2005) Manual de
gestión de riesgo en las instituciones educativas. Lima: ITDG.
[6] OLIVERA, Jorge. MARISCAL Jorge FERRADAS Olivera (2005) Óp. Cit.