La Comisión sobre Educación Geográfica de la Unión Geográfica Internacional considera a la Década de las Naciones Unidas de Educación para el Desarrollo Sostenible 2005-2014 como una oportunidad para confirmar su compromiso con la educación para el desarrollo sostenible. Los cambios globales contemporáneos desafían a la humanidad en el siglo XXI. Nosotros respondemos con la proclamación de una “Declaración sobre Educación Geográfica para el Desarrollo Sostenible”. La declaración amplía la Carta Internacional sobre Educación Geográfica (1992) poniendo énfasis en: A. La Contribución de la Geografía a la Educación para el Desarrollo Sostenible. B. Los Criterios para Desarrollar una Currícula Geográfica de Educación para el Desarrollo Sostenible. C. La Importancia de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) en la Educación para el Desarrollo Sostenible en Geografía. Proclama
La Comisión sobre Educación Geográfica de la Unión Geográfica Internacional proclama esta Declaración y recomienda los principios presentados en este documento como una base para una Educación Geográfica válida para el desarrollo sostenible para todos los geógrafos y gobiernos del mundo.
Firmado por el Presidente de la Comisión sobre Educación Geográfica de la Unión Geográfica Internacional (IGU-CGE), Prof. Lex Chalmers Presidente de la Comisión 2004/2008.
Lucerna, 31/7/2007
ACTUALIZACIÓN POR IA (2026)
La Declaración de Lucerna (2007), promovida por la Comisión de Educación Geográfica de la Unión Geográfica Internacional (UGI-CGE), establece la importancia de la educación geográfica para el desarrollo sostenible (EDS). Busca formar ciudadanos críticos, con conciencia espacial y comprometidos con la sostenibilidad ambiental, económica y social.
Puntos clave de la Declaración de Lucerna:
Objetivo Fundamental: Promover una educación geográfica que capacite a las personas para comprender los desafíos del desarrollo sostenible, integrando perspectivas locales, regionales y globales.
Contexto: Fue lanzada en el marco de la Década de las Naciones Unidas de Educación para el Desarrollo Sostenible (2005-2014).
Enfoque de enseñanza: Aboga por el uso de métodos activos, pensamiento crítico, estudios de campo y, crecientemente, el uso de TIC para un aprendizaje significativo.
Pilares de Aprendizaje: Se alinea con los cuatro pilares de la educación de la UNESCO: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a vivir con los demás.
Educación Geográfica: Busca garantizar que los jóvenes reciban una educación geográfica útil, necesaria para combatir la falta de conocimientos espaciales y fomentar una ciudadanía activa.
En resumen, la Declaración enfatiza que la geografía no es solo memorización, sino una herramienta esencial para entender la interacción entre las actividades humanas y el medio ambiente, promoviendo la sostenibilidad a través de la educación.
Retroceso del glaciar Viedma - 1930 a la actualidad
Uno de los expertos argentinos más prestigiosos en el tema es el glaciólogo Dr. Jorge Rabassa quien ha escrito numerosos artículos sobre el tema. Aquí uno de ellos:
En la Revista Ciencia Hoy - Volumen 17 - Nº 97 - Febrero-Marzo 2007
Proyecto "Cien años de variaciones climáticas en la patagonia argentina"
Proyecto de investigación que intenta integrar los registros meteorológicos, dendrocronológicos y glaciológicos para caracterizar la variabilidad climática en la Patagonia.
Imagen del Fitz Roy del inventario de los Glaciares de Mario Bertone (1060)
Imagen del Fitz Roy, la misma toma 39 años después.
Ley 26.639
Régimen de Presupuestos Mínimos para la Preservación de los Glaciares y del Ambiente Periglacial.
Sancionada: Septiembre 30 de 2010.
Promulgada de Hecho: Octubre 28 de 2010.
El Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina reunidos en Congreso, etc. sancionan con fuerza de Ley:
REGIMEN DE PRESUPUESTOS MINIMOS PARA LA PRESERVACION DE LOS GLACIARES Y DEL AMBIENTE PERIGLACIAL
ARTICULO 1º —Objeto. La presente ley establece los presupuestos mínimos para la protección de los glaciares y del ambiente periglacial con el objeto de preservarlos como reservas estratégicas de recursos hídricos para el consumo humano; para la agricultura y como proveedores de agua para la recarga de cuencas hidrográficas; para la protección de la biodiversidad; como fuente de información científica y como atractivo turístico. Los glaciares constituyen bienes de carácter público.
ARTICULO 2º —Definición. A los efectos de la presente ley, se entiende por glaciar toda masa de hielo perenne estable o que fluye lentamente, con o sin agua intersticial, formado por la recristalización de nieve, ubicado en diferentes ecosistemas, cualquiera sea su forma, dimensión y estado de conservación. Son parte constituyente de cada glaciar el material detrítico rocoso y los cursos internos y superficiales de agua.
Asimismo, se entiende por ambiente periglacial en la alta montaña, al área con suelos congelados que actúa como regulador del recurso hídrico. En la media y baja montaña al área que funciona como regulador de recursos hídricos con suelos saturados en hielo.
ARTICULO 3º —Inventario. Créase el Inventario Nacional de Glaciares, donde se individualizarán todos los glaciares y geoformas periglaciares que actúan como reservas hídricas existentes en el territorio nacional con toda la información necesaria para su adecuada protección, control y monitoreo.
ARTICULO 4º —Información registrada. El Inventario Nacional de Glaciares deberá contener la información de los glaciares y del ambiente periglacial por cuenca hidrográfica, ubicación, superficie y clasificación morfológica de los glaciares y del ambiente periglacial. Este inventario deberá actualizarse con una periodicidad no mayor de CINCO (5) años, verificando los cambios en superficie de los glaciares y del ambiente periglacial, su estado de avance o retroceso y otros factores que sean relevantes para su conservación.
ARTICULO 5º —Realización del Inventario. El inventario y monitoreo del estado de los glaciares y del ambiente periglacial será realizado y de responsabilidad del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA) con la coordinación de la autoridad nacional de aplicación de la presente ley.
Se dará intervención al Ministerio de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto cuando se trate de zonas fronterizas pendientes de demarcación del límite internacional previo al registro del inventario.
ARTICULO 6º —Actividades prohibidas. En los glaciares quedan prohibidas las actividades que puedan afectar su condición natural o las funciones señaladas en el artículo 1º, las que impliquen su destrucción o traslado o interfieran en su avance, en particular las siguientes:
a) La liberación, dispersión o disposición de sustancias o elementos contaminantes, productos químicos o residuos de cualquier naturaleza o volumen.Se incluyen en dicha restricción aquellas que se desarrollen en el ambiente periglacial;
b) La construcción de obras de arquitectura o infraestructura con excepción de aquellas necesarias para la investigación científica y las prevenciones de riesgos;
c) La exploración y explotación minera e hidrocarburífera. Se incluyen en dicha restricción aquellas que se desarrollen en el ambiente periglacial;
d) La instalación de industrias o desarrollo de obras o actividades industriales.
ARTICULO 7º —Evaluación de impacto ambiental. Todas las actividades proyectadas en los glaciares y en el ambiente periglacial, que no se encuentran prohibidas, estarán sujetas a un procedimiento de evaluación de impacto ambiental y evaluación ambiental estratégica, según corresponda conforme a su escala de intervención, en el que deberá garantizarse una instancia de participación ciudadana de acuerdo a lo establecido en los artículos 19, 20 y 21 de la Ley N° 25.675 —Ley General del Ambiente—, en forma previa a su autorización y ejecución, conforme a la normativa vigente.
Se exceptúan de dicho requisito las siguientes actividades:
a) De rescate, derivado de emergencias;
b) Científicas, realizadas a pie o sobre esquíes, con eventual toma de muestras, que no dejen desechos en los glaciares y el ambiente periglacial;
c) Deportivas, incluyendo andinismo, escalada y deportes no motorizados que no perturben el ambiente.
ARTICULO 8º —Autoridades competentes. A los efectos de la presente ley, será autoridad competente aquella que determine cada jurisdicción. En el caso de las áreas protegidas comprendidas por la Ley N° 22.351, será autoridad competente la Administración de Parques Nacionales.
ARTICULO 9º —Autoridad de aplicación. Será autoridad de aplicación de la presente ley el organismo nacional de mayor nivel jerárquico con competencia ambiental.
ARTICULO 10. —Funciones. Serán funciones de la autoridad nacional de aplicación:
a) Formular las acciones conducentes a la conservación y protección de los glaciares y del ambiente periglacial, en forma coordinada con las autoridades competentes de las provincias, en el ámbito del Consejo Federal de Medio Ambiente (COFEMA), y con los ministerios del Poder Ejecutivo nacional en el ámbito de sus respectivas competencias;
b) Aportar a la formulación de una política referente al cambio climático acorde al objetivo de preservación de los glaciares y el ambiente periglacial, tanto en la órbita nacional, como en el marco de los acuerdos internacionales sobre cambio climático;
c) Coordinar la realización y actualización del Inventario Nacional de Glaciares, a través del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA);
d) Elaborar un informe periódico sobre el estado de los glaciares y el ambiente periglacial existentes en el territorio argentino, así como los proyectos o actividades que se realicen sobre glaciares y el ambiente periglacial o sus zonas de influencia, el que será remitido al Congreso de la Nación;
e) Asesorar y apoyar a las jurisdicciones locales en los programas de monitoreo, fiscalización y protección de glaciares;
f) Crear programas de promoción e incentivo a la investigación;
g) Desarrollar campañas de educación e información ambiental conforme los objetivos de la presente ley;
h) Incluir los principales resultados del Inventario Nacional de Glaciares y sus actualizaciones en las comunicaciones nacionales destinadas a informar a la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático.
ARTICULO 11. —Infracciones y sanciones. Las sanciones al incumplimiento de la presente ley y de las reglamentaciones que en su consecuencia se dicten, sin perjuicio de las demás responsabilidades que pudieran corresponder, serán las que se fijen en cada una de las jurisdicciones conforme el poder de policía que les corresponde, las que no podrán ser inferiores a las aquí establecidas.
Las jurisdicciones que no cuenten con un régimen de sanciones aplicarán supletoriamente las siguientes sanciones que corresponden a la jurisdicción nacional:
a) Apercibimiento;
b) Multa de CIEN (100) a CIEN MIL (100.000) sueldos básicos de la categoría inicial de la administración pública nacional;
c) Suspensión o revocación de las autorizaciones. La suspensión de la actividad podrá ser de TREINTA (30) días hasta UN (1) año, según corresponda y atendiendo a las circunstancias del caso;
d) Cese definitivo de la actividad.
Estas sanciones serán aplicables previo sumario sustanciado en la jurisdicción en donde se realizó la infracción y se regirán por las normas de procedimiento administrativo que corresponda, asegurándose el debido proceso legal, y se graduarán de acuerdo a la naturaleza de la infracción.
ARTICULO 12. —Reincidencia. En caso de reincidencia, los mínimos y máximos de las sanciones previstas en los incisos b) y c) del artículo anterior podrán triplicarse. Se considerará reincidente al que, dentro del término de CINCO (5) años anteriores a la fecha de comisión de la infracción, haya sido sancionado por otra infracción de causa ambiental.
ARTICULO 13. —Responsabilidad solidaria. Cuando el infractor fuere una persona jurídica, los que tengan a su cargo la dirección, administración o gerencia, serán solidariamente responsables de las sanciones establecidas en la presente ley.
ARTICULO 14. —Destino de los importes percibidos. Los importes percibidos por las autoridades competentes, en concepto de multas, se destinarán, prioritariamente, a la protección y restauración ambiental de los glaciares afectados en cada una de las jurisdicciones.
ARTICULO 15. —Disposición transitoria. En un plazo máximo de SESENTA (60) días a partir de la sanción de la presente ley, el IANIGLA presentará a la autoridad nacional de aplicación un cronograma para la ejecución del inventario, el cual deberá comenzar de manera inmediata por aquellas zonas en las que, por la existencia de actividades contempladas en el artículo 6º, se consideren prioritarias. En estas zonas se deberá realizar el inventario definido en el artículo 3° en un plazo no mayor de CIENTO OCHENTA (180) días.
Al efecto, las autoridades competentes deberán proveerle toda la información pertinente que el citado instituto le requiera.
Las actividades descritas en el artículo 6º, en ejecución al momento de la sanción de la presente ley, deberán, en un plazo máximo de CIENTO OCHENTA (180) días de promulgada la presente, someterse a una auditoría ambiental en la que se identifiquen y cuantifiquen los impactos ambientales potenciales y generados. En caso de verificarse impacto significativo sobre glaciares o ambiente periglacial, contemplados en el artículo 2° las autoridades dispondrán las medidas pertinentes para que se cumpla la presente ley, pudiendo ordenar el cese o traslado de la actividad y las medidas de protección, limpieza y restauración que correspondan.
ARTICULO 16. —Sector Antártico Argentino. En el Sector Antártico Argentino, la aplicación de la presente ley estará sujeta a las obligaciones asumidas por la República Argentina en virtud del Tratado Antártico y del Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente.
ARTICULO 17. — La presente ley se reglamentará en el plazo de NOVENTA (90) días a partir de su publicación en el Boletín Oficial.
ARTICULO 18. — Comuníquese al Poder Ejecutivo nacional.
DADA EN LA SALA DE SESIONES DEL CONGRESO ARGENTINO, EN BUENOS AIRES, A LOS TREINTA DIAS DEL MES DE SEPTIEMBRE DEL AÑO DOS MIL DIEZ.
— REGISTRADA BAJO EL N° 26.639 —
EDUARDO A. FELLNER. — José Juan Bautista Pampuro. — Marta Alicia Luchetta. — Juan José Canals.
El 23 de marzo de cada año la Organización Meteorológica Mundial (OMM), sus 188 Miembros y la comunidad meteorológica mundial celebran el Día Meteorológico Mundial. Ese día conmemora la entrada en vigor, el 23 de marzo de 1950, del Convenio por el que se creó la Organización. Posteriormente, en 1951, la OMM fue designada organismo especializado del sistema de las Naciones Unidas.
Es un organismo especializado de las Naciones Unidas, su portavoz autorizado acerca del estado y el comportamiento de la atmósfera terrestre, su interacción con los océanos, el clima que produce y la distribución resultante de los recursos hídricos.Cuenta con 188 Estados y Territorios Miembros (desde el 24 de enero de 2007).
• Dirigir la actividad meteorológica nacional y fomentar el desarrollo de las actividades hidrometeorológicas y geofísicas afines.
• Entender en la prestación de los servicios públicos correspondientes de inspección, pronóstico y asesoramiento.
• Participar técnicamente en las actividades de los organismos internacionales y extranjeros relacionadas con la atmósfera y el aeroespacio.
• Participar de las actividades agrometeorológicas que se desarrollan en el país, en coordinación con el Ministerio de Economía de la Nación.
EL PROBLEMA DE LA RED DE ESTACIONES METEOROLÓGICAS
El Servicio Meteorológico Nacional, en su carácter de miembro activo desde la fundación de la OMM y siguiendo las normas y procedimientos recomendados internacionalmente, ha diseñado y mantiene en operación una vasta red de estaciones meteorológicas en toda la extensión del territorio nacional. En el diseño de estas redes se han tenido en cuenta, en forma prioritaria, las necesidades nacionales de datos meteorológicos, tratando asimismo de contribuir en forma simultánea, al desarrollo de los programas internacionales en vigencia. Las redes de observación se diferencian entre sí por el tipo de observaciones que se realizan, el instrumental que utilizan, la frecuencia de las observaciones, la forma en que se transmiten esos datos y la finalidad de los mismos. Es importante destacar dentro de este esquema, la Red de Estaciones Sinópticas de superficie; la misma está compuesta por 117 estaciones que toman datos horarios durante las 24 horas del día de parámetros meteorológicos tales como: temperatura, humedad, presión atmosférica, viento en superficie, ocurrencia de fenómenos meteorológicos, tipo y cantidad de nubosidad, etc.
Mapa de las estaciones meteorológicas de superficie argentinas.
Los acuíferos son cuerpos de sedimentos o rocas permeables que contienen agua subterránea explotable, que se infiltra y circula con diferentes velocidades (medidas en metros por día /mes/ año), y están conectados al ciclo hidrológico.
El denominado Sistema Acuífero Guaraní (SAG) es uno de los reservorios de agua subterránea más grandes del mundo. Se encuentra localizado entre los paralelos 16º y 32º Sur y los meridianos 47º y 60º Oeste, ocupando un área de alrededor de 1.100.000 kilómetros cuadrados. Su superficie coincide con parte de la cuenca hidrográfica del Plata, extendiéndose desde la cuenca geológico- sedimentaria del Paraná hasta la cuenca Chacoparanaense.
El clima actual de la región del SAG se caracteriza como húmedo o sub- húmedo con precipitaciones anuales 1200 a 1500 mm. Los balances hídricos han mostrado que en la mayor parte del área existe un excedente anual de al menos 300 mm, llegando hasta los 600 mm en la región Sur (Paraguay, Argentina y Rio Grande do Sul). Ese excedente es el que es- curre sobre la superficie terrestre y parte también alimenta los acuíferos.
Por sobre el área del SAG se ubican alrededor de 1.500 municipios pertenecientes a cuatro países: Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. La población del área asciende a 23.500.000 habitantes, de los cuales unos 9.000.000 se abastecen del acuífero. El agua es utilizada principalmente para la provisión humana y de industrias, y en menor grado para explotación como termas. El país que más lo utiliza es Brasil: allí el SAG abastece entre 300 y 500 ciudades.
Geología e Hidrogeología del SAG
La del Paraná (y la Chacoparanaense incluida en ella) es una cuenca geológica, ubicada entre dos cratones o áreas continentales estables muy antiguas. Ocupa una enorme extensión: desde Goias, en Brasil, hasta el norte del Uruguay y desde San Pablo hasta el Paraguay oriental; su borde SO tiene como límite las sierras pampeanas de Argentina (Figura 1). Esta gran cuenca aportó cuerpos arenosos porosos y permeables tanto en sus flancos como en el centro de la cuenca.
Por encima de la misma, y mediando una discordancia regional, se distribuye en toda la región un manto casi continuo de areniscas principalmente eólicas, de edad juro-cretácica, que es el principal reservorio, donde se alojan las aguas del Acuífero Guaraní.
Toda esta variedad de depósitos arenosos, distribuidos algunos local- mente, otros regionalmente, han sido cubiertos por una espesa y extensa cobertura de coladas volcánicas del Cretácico denominada Formación Serra Geral, concomitantes con la se- paración de continentes y formación del océano Atlántico. Dentro de las vulcanitas se reconocen intercalados depósitos arenosos eólicos que se preservaron dentro del campo volcánico. Estas intercalaciones pueden ser reservorios locales de agua y se los conoce como intertraps o Formación Solari en la Argentina.
Localización de Garabí, futura represa sobre el río Uruguay, entre las provincias de Misiones y Corrientes (Argentina) y el Estado de Rio Grande do Sul (Brasil)
La Megarepresa de Garabi (y detrás de ella la de Roncador) se pretende construir ocultándole a la población información sobre las graves consecuencias de estas mega obras, tergiversando informaciones para evitar la oposición a las mismas y desvirtuando los verdaderos motivos de este desastre para la región.
Fuente: Ecoportal.net
La construcción de mega represas (altura de cortina de más de 15m ó más de 3 millones de m3) requiere la inundación de grandes extensiones de tierra y otras obras que generan cambios hidrográficos considerables y la intervención, incluso destrucción, de ecosistemas estratégicos. Además, las aguas abajo del embalse se contaminan por los vertimientos, causando impactos adicionales en los ecosistemas y a las comunidades. Los grandes embalses también emiten importantes cantidades de gases de efecto invernadero, responsables del cambio climático.
La Megarepresa de Garabi (y detrás de ella la de Roncador) se pretende construir ocultándole a la población información sobre las graves consecuencias de estas mega obras, tergiversando informaciones para evitar la oposición a las mismas y desvirtuando los verdaderos motivos de este desastre para la región.
Los proyectos de construcción de represas y reservorios de aguas, usualmente, se planifican para uno o más de los siguientes propósitos: energía hidroeléctrica, riego, agua potable e industrial y control de inundaciones.
Todas las represas generan, indefectiblemente, un lago artificial o embalse aguas arriba de su construcción. Este es el principal impacto ambiental que producen, ya que se inundan en forma permanente amplias extensiones de tierras altas y las turbulentas y someras aguas de un río son remplazadas por un tranquilo y profundo lago. La fauna terrestre es desplazada a áreas aledañas al embalse, que no siempre son adecuadas para su supervivencia, y debe competir con las poblaciones ya existentes en ellas (aves, mamíferos grandes y medianos, reptiles grandes, algunos insectos voladores), o muere ahogada durante la inundación (mamíferos y reptiles pequeños, anfibios, la mayoría de los insectos, arañas, caracoles, lombrices, etc.). Las praderas y bosques cubiertos por las aguas mueren indefectiblemente y su lenta descomposición condiciona la calidad de las aguas embalsadas.
Desde La Cartoteca - todo un mundo en mapas- Editado por Alejandro Polanco Masa, un blog que es una fuente de información indispensable para la cátedra de Perspectiva Ambiental.
A la izquierda, en forma de esfera, se representa la hidrosfera, incluyendo el agua de los océanos, hielo, lagos, ríos, aguas subterráneas o la presente en las nubes.
A la derecha, una esfera que muestra todo el aire de la atmósfera, considerando una densidad uniforme medida a nivel del mar.
El "Corredor Verde", mosaico de paisajes que incluye áreas protegidas, propiedades privadas de usos diversos, colonias agrícolas, comunidades aborígenes y variadas situaciones socioeconómicas; también, áreas de conflictos en el uso y tenencia de la tierra.
ACTUALIZACIÓN IA 2026
El Corredor Verde de la Selva Misionera, creado en 1999, es el primer corredor biológico de Argentina, abarcando más de 1 millón de hectáreas (un tercio de Misiones) para conectar áreas protegidas, fincas privadas y comunidades. Su objetivo es preservar la biodiversidad de la Selva Paranaense, proteger cuencas hídricas y fomentar el desarrollo sostenible en 22 municipios.
El incendio que se desató el domingo 24 de febrero en el Parque Nacional Los Alerces permanecía la noche del 27, fuera de control y ya abarcaba aproximadamente mil hectáreas, según autoridades chubutenses. La Intendencia del Parque Nacional Los Alerces informa el 25 de febrero que el incendio adquirió comportamiento explosivo, como resultado de la sequía acumulada en la zona, las altas temperaturas y baja humedad relativa, sumándose los vientos que se incrementaron hacia la tarde. Como consecuencia, el incendio incrementó su superficie propagándose en todas las direcciones y sectores de su perímetro, triplicando en pocas horas su superficie, abarcando más de 700 hectáreas, amenazando infraestructuras y viviendas rurales, además de consumir bosques y pastizales.
La armonía del paisaje en el sur bonaerense. Ventania.
LA DIMENSIÓN GEOGRÁFICA DE LA SUSTENTABILIDAD. DRA. DIANA DURÁN
El
concepto de sustentabilidad se funda en el reconocimiento de los límites y
potenciales de la naturaleza, así como la complejidad ambiental, inspirando una
nueva comprensión del mundo para enfrentar los desafíos de la humanidad en el
tercer milenio.
El
concepto de sustentabilidad promueve una nueva alianza naturaleza-cultura
fundando una nueva economía, reorientando los potenciales de la ciencia y la
tecnología, y construyendo una nueva cultura política fundada en una ética de
la sustentabilidad –en valores, creencias, sentimientos y saberes– que renuevan
los sentidos existenciales, los mundos de vida y las formas de habitar el
planeta Tierra.
La
sustentabilidad en clave temporal
La
aparición y difusión del término desarrollo sostenible o sustentable ha
acompañado al proceso de concientización ambiental de la sociedad global.
Inicialmente
este concepto se relacionaba –aún con contradicciones-, con el crecimiento
económico, pues no se consideraba en profundidad los objetivos de mantenimiento
de las bases naturales del ambiente y los procesos de deterioro de los recursos
naturales en las distintas escalas geográficas.
Recién
hacia finales de los años sesenta y principios de los setenta que la crisis
ambiental planetaria comienza a tener consideración en los foros mundiales
tanto gubernamentales como no gubernamentales.
El
debate medio ambiente – desarrollo, suscitado en esos momentos-, reveló que los
problemas ambientales se manifiestan de manera distinta según se trate de
países desarrollados o de países en desarrollo. A grandes rasgos es posible
señalar que los primeros sobreutilizan los recursos naturales, mientras los
segundos los subutilizan; si bien en la actual era de la globalización, además,
los países desarrollados sobreutlizan los recursos del resto de los países a
través de la apertura del comercio internacional y el deterioro de los términos
de intercambio y el peso impuesto por las deudas externas. En definitiva, los
países desarrollados han sido los focos originarios de los problemas
ambientales que se “exportaron” a las áreas de concentración urbano-industrial
de los países en desarrollo.
La
noción moderna de desarrollo sustentable tiene su origen en el debate iniciado
en 1972 en Estocolmo(2) y consolidado veinte años más tarde en Rio de Janeiro.
El término desarrollo sustentable aparece con la Estrategia
Mundial de Conservación(3) de 1980, que fue el aporte más conocido al problema
de las interrelaciones entre la naturaleza y la sociedad. A pesar de la
variedad de interpretaciones existentes en el discurso político y los debates
académicos, se adoptó internacionalmente la definición sugerida por la Comisión
Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, presidida por la entonces Primera
Ministra de Noruega, Gro Brundtland en 1987.
La
definición más repetida y difundida sobre el concepto es que el desarrollo
sustentable es aquél que “es capaz de cubrir las necesidades del presente sin
comprometer las posibilidades de las futuras generaciones para satisfacer sus
propias necesidades” (CMMAD, 1992).
Esta
definición de sustentabilidad incluye dos ideas clave:
–
La “necesidad” de considerar a las generaciones presentes y futuras en tal
conceptualización, y
– la “limitación” impuesta al ambiente por el estado de la tecnología y la
organización social en cada contexto histórico-geográfico.
En
realidad, el discurso sobre la sustentabilidad fue una respuesta a la escuela
de los límites del crecimiento, que desde los años setenta venía postulando la
inexorable presión del crecimiento económico sobre la naturaleza.
Frente a esta visión catastrofista, el enfoque de la sustentabilidad es más
flexible, al señalar que los daños ecológicos ocurren cotidianamente, de una
manera gradual y sobre unas tasas o límites ambientales variables.
Un resultado institucional importante de CNUMAD fue la creación de la Comisión
sobre el Desarrollo Sostenible (CDS) en diciembre de 1992 para asegurar un
seguimiento efectivo de CNUMAD y para controlar e informar acerca de la
ejecución de los acuerdos de la Cumbre para la Tierra a escala local, nacional,
regional e internacional.
La
Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible realizada en Johannesburgo en
2002 marca el cierre de este ciclo centrándose en el multilateralismo como una
estrategia clave para el cumplimiento y la aplicación del desarrollo
sustentable. Es así como estas cumbres sirvieron de plataforma para incorporar
la idea del desarrollo sustentable en los planes de acción local, regional y
global(4) .
El
concepto de sustentabilidad
En
este acápite adoptaremos una conceptualización de sustentabilidad operativa
para la mejor comprensión de su complejidad y en vistas de la necesidad de
superar ciertas nociones relacionadas con el crecimiento económico basadas en
el neoliberalismo.
El
concepto de sustentabilidad se funda en el reconocimiento de los límites y
potenciales de la naturaleza, así como la complejidad ambiental, inspirando una
nueva comprensión del mundo para enfrentar los desafíos de la humanidad en el
tercer milenio. El concepto de sustentabilidad promueve una nueva alianza
naturaleza-cultura fundando una nueva economía, reorientando los potenciales de
la ciencia y la tecnología, y construyendo una nueva cultura política fundada
en una ética de la sustentabilidad –en valores, creencias, sentimientos y
saberes– que renuevan los sentidos existenciales, los mundos de vida y las
formas de habitar el planeta Tierra.(5)
La
sustentabilidad presenta diversas dimensiones dada su complejidad
Para
definir cabalmente la sustentabilidad es necesario considerar todas sus
dimensiones de manera articulada, dado que, en caso contrario, se cae en
reduccionismos inconducentes.
En
tal sentido, en este módulo daremos cuenta, entre otras dimensiones, de:
• La sustentabilidad ecológica o ambiental que exige que el desarrollo sea
compatible con el mantenimiento de los procesos ecológicos, la diversidad
biológica y la base de los recursos naturales.
• La sustentabilidad social que requiere que el desarrollo aspire a fortalecer
la identidad de las comunidades y a lograr el equilibrio demográfico y la
erradicación de la pobreza.
• La sustentabilidad económica que demanda un desarrollo económicamente
eficiente y equitativo dentro y entre las generaciones presentes y futuras.
• La sustentabilidad geográfica que requiere valorar la dimensión territorial
de los distintos ambientes. Se trata de una nueva perspectiva o dimensión ya
que a pesar de que existe consenso, en los foros internacionales, sobre la
importancia y dimensiones de este concepto; la realidad es que su aplicación en
distintas escalas geográficas, especialmente en las escalas nacional, regional
y local es todavía muy incipiente. Además, existe una subvaloración de la
dimensión territorial que puede traer consecuencias negativas en la
planificación del desarrollo sostenible.
Por
lo demás, también se considera la sustentabilidad cultural, política y la
dimensión educativa para completar el carácter complejo que abarca este
concepto.
La
dimensión ecológica o ambiental
La
dimensión ecológica de la sustentabilidad promueve la protección de los
recursos naturales necesarios para la seguridad alimentaria y energética y, al
mismo tiempo, comprende el requerimiento de la expansión de la producción para
satisfacer a las poblaciones en crecimiento demográfico. Se intenta así superar
la dicotomía medio ambiente-desarrollo, aspecto nada sencillo a juzgar por los
impactos ambientales de los modelos económicos neoliberales vigentes en el
mundo contemporáneo.
La
dimensión ecológica de la sustentabilidad está condicionada por la provisión de
recursos naturales y de servicios ambientales de un espacio geográfico. Es
posible advertir que si bien la abundancia de recursos naturales no garantiza
el carácter endógeno del desarrollo sustentable, como lo demuestra la
circunstancia de tantos países subdesarrollados que poseen una importante
dotación de recursos hídricos, minerales o energéticos; no hay duda de que
constituye el potencial básico del desarrollo territorial.
Es
fundamental incorporar la dimensión ecológica en la toma de decisiones
políticas y, asimismo, es necesario examinar las consecuencias ambientales de
la apropiación de los recursos naturales que cada sociedad promueve en las
distintas etapas históricas.
La
sustentabilidad ecológica se refiere a la relación con la capacidad de carga de
los ecosistemas, es decir, a la magnitud de la naturaleza para absorber y
recomponerse de las influencias antrópicas.
La
capacidad de carga es el máximo número de personas que pueden ser soportadas
por los recursos de un territorio y se define normalmente en relación a la
máxima población sustentable, al mínimo nivel de vida imprescindible para la
supervivencia. El concepto de capacidad de carga permite evaluar los límites
máximos del crecimiento de la población según diversos niveles tecnológicos(6)
.
La
capacidad de carga puede tener también varios significados. Cuando se trata de
recursos renovables (reservas de aguas subterráneas, árboles y vegetales
diversos, peces y otros animales) este concepto se refiere al rendimiento
máximo que se puede obtener indefinidamente sin poner en peligro el capital
futuro de cada recurso. En el caso de la contaminación (vertidos líquidos y
gaseosos en ríos, lagos, océanos y en la atmósfera) la capacidad de carga se
refiere a las cantidades de productos contaminantes que estos receptores pueden
absorber antes de ser irremediablemente alterados.(7)
Para
el caso de los recursos naturales renovables, la tasa de utilización debiera
ser equivalente a la tasa de recomposición del recurso. Para los recursos
naturales no renovables, la tasa de utilización debe equivaler a la tasa de
sustitución del recurso en el proceso productivo, por el período de tiempo
previsto para su agotamiento (medido por las reservas actuales y por la tasa de
utilización). Si se toma en cuenta que su propio carácter de “no renovable”
impide un uso indefinidamente sustentable, hay que limitar el ritmo de
utilización del recurso al período estimado para la aparición de nuevos
sustitutos. Esto requiere, entre otros aspectos, que las inversiones realizadas
para la explotación de recursos naturales no renovables, a fin de resultar
sustentables, deben ser proporcionales a las inversiones asignadas para la
búsqueda de sustitutos, en particular las inversiones en ciencia y
tecnología(8) .
La
dimensión social
Sabido
es que el origen de los problemas ambientales guarda una relación estrecha con
los estilos de desarrollo de las sociedades desarrolladas y subdesarrolladas.
Mientras en las primeras el sobreconsumo provoca insustentabilidad, en las
segundas es la pobreza la causa primaria de la subutilización de los recursos
naturales y de situaciones de ausencia de cobertura de las necesidades básicas
que dan lugar a problemas como la deforestación, la contaminación o la erosión
de los suelos.
En
relación con la sustentabilidad social, debemos tener en cuenta que ella
implica promover un nuevo estilo de desarrollo que favorezca el acceso y uso de
los recursos naturales y la preservación de la biodiversidad y que sea
“socialmente sustentable en la reducción de la pobreza y de las desigualdades
sociales y promueva la justicia y la equidad; que sea culturalmente sustentable
en la conservación del sistema de valores, prácticas y símbolos de identidad
que, pese a su evolución y reactualización permanente, determinan la
integración nacional a través de los tiempos; y que sea políticamente
sustentable al profundizar la democracia y garantizar el acceso y la
participación de todos en la toma de decisiones públicas. Este nuevo estilo de
desarrollo tiene como norte una nueva ética del desarrollo, una ética en la
cual los objetivos económicos del progreso estén subordinados a las leyes de
funcionamiento de los sistemas naturales y a los criterios de respeto a la
dignidad humana y de mejoría de la calidad de vida de las personas”(9) . En
relación con estas apreciaciones de Guimarães, la dimensión aludida se
relaciona estrechamente, además, con los aspectos culturales y políticos de las
sociedades.
Pero
no sólo la sustentabilidad deberá promover cambios cualitativos en el bienestar
de las sociedades y afianzar el equilibrio ambiental planetario, sino que
deberá considerar la dimensión social en su más profundo sentido.
Esto
se comprende si se expresa que es natural que un ser humano en situación de
extrema pobreza, exclusión o marginalidad no pueda tener un compromiso estrecho
con la sustentabilidad. Por ejemplo, no se le podrá pedir a quienes no tienen
leña para calefaccionar sus hogares que no talen de manera desmedida los
árboles cercanos a sus casas o sobreconsuman las especies y sobrepastoreen los
suelos con sus ganados. En sentido contrario, en situaciones de riqueza, las
poblaciones tienden al sobreconsumo y, por lo tanto, tampoco se comprometerán
con la sustentabilidad, hecho que es notorio en las grandes ciudades, en las
que la cultura del shopping, la comida chatarra, el gasto exagerado de energía
y agua es moneda corriente.
En
términos de la relación entre estos dos extremos de la sociedad, no hay duda
que la inserción privilegiada de unos –los ricos-, en el proceso de
acumulación, y por ende en el acceso y uso de los recursos y servicios de la
naturaleza, les permite transferir a los otros –los pobres-, los costos
sociales y ambientales de la insustentabilidad a los sectores subordinados o
excluidos. Ello implica, especialmente en los países periféricos, con graves
problemas de pobreza, desigualdad y exclusión, que los fundamentos sociales de
la sustentabilidad suponen postular como criterios básicos de política pública
los de la justicia distributiva, para el caso de bienes y de servicios, y los
de la universalización de cobertura, para las políticas globales de educación, salud,
vivienda y seguridad social(10) .
Guimarães
también aporta el concepto de actores sociales de la sustentabilidad al
referirse a los componentes básicos de la sustentabilidad, como son el sustento
del stock de recursos y la calidad ambiental para la satisfacción de las
necesidades básicas de las poblaciones. Desde este punto de vista es necesario
considerar a las generaciones actuales y futuras, que son extrañas al mercado,
ya que responden a la asignación óptima de recursos en el corto plazo y no en
el largo plazo. Lo mismo se aplica, con mayor razón, al tipo específico de
escasez actual. Si la escasez de recursos naturales puede, aunque
imperfectamente, ser afrontada en el mercado, elementos como el equilibrio
climático, la capa de ozono, la biodiversidad o la capacidad de recuperación del
ecosistema trascienden a la acción del mercado.
En
el siguiente gráfico, se aprecia la inclusión de los actores sociales en el
contexto de sus interacciones con los distintos componentes del Estado.
Sería
muy difícil encontrar un actor social que estuviera en contra del desarrollo
sustentable. Entonces es necesario plantear: ¿cuáles son los actores sociales
promotores del desarrollo sustentable?
Hoy
convivimos con dos realidades contrapuestas. Por un lado, los actores sociales
concuerdan en que el estilo actual se ha agotado y es decididamente
insustentable, no sólo desde el punto de vista económico y ambiental, sino
principalmente en lo que se refiere a la justicia social.(12) Por el otro, no
se adoptan las medidas requeridas para la transformación de las instituciones
que dieron sustento al estilo de vida actual. El concepto de sustentabilidad
supondría una restricción ambiental al proceso económico, sin afrontar todavía
los procesos institucionales y políticos que regulan la propiedad, control,
acceso y uso de los recursos naturales y de los servicios ambientales.
La
creciente importancia dada a los criterios de consumo y de producción
sustentable es un objetivo que los países alcanzarán cuando comiencen a
reconocer que la sustentabilidad demanda un enfoque estratégico a largo plazo
para transformar las causas que provocan los problemas ambientales. En relación
con el tema de los patrones de consumo es posible señalar que ellos están
determinado por una red de actores y mecanismos que pueden sintetizarse en: el
precio de los bienes y servicios, las características de la infraestructura
(vivienda, energía, transportes), los presupuestos individuales y
empresariales, el perfil de actividad de los particulares y las empresas y las
alternativas en los modos de vida. Los diferentes niveles de influencias y
vínculos de interdependencia dentro de estas redes destacan aspectos
condicionantes que los gobiernos deben considerar para operar los cambios
sustentables(13) .
La
dimensión económica
El
debate economía – medio ambiente es uno de los que ha suscitado las polémicas
más arduas en términos de su relación con la sustentabilidad. Se ha señalado
con razón que aún la ciencia económica no tiene una respuesta convincente a la
crítica ecológica. La economía falla al valorar la riqueza global de las
naciones, sus recursos naturales y especialmente los precios de las materias
primas. Por ejemplo, si nos referimos al precio de los recursos energéticos
agotables, es evidente que su valoración siempre es menor que la real en
términos de su preservación para las futuras generaciones. También es posible
cuestionarse si el precio que las industrias tienen que pagar por insertar
residuos no reciclados al ambiente tampoco sea el racional. Entonces, cuáles serán
los precios adecuados. Aquí se incorpora usualmente la noción de externalidades
como los aspectos ambientales que no tienen valoración cuantitativa en la
contabilidad o en el proceso de producción. De allí la importancia de valorizar
los recursos al menos por su costo de reposición y construir con ellos por
ejemplo, cuentas del patrimonio natural para saber qué y cuánto tenemos, cómo
lo podríamos usar en diferentes alternativas y cuánto nos queda en cada caso.
Para
desarrollar el tema de la dimensión económica de la sustentabilidad se puede
plantear la pregunta: ¿es posible la sostenibilidad ambiental con la economía
de mercado?(14) Esta cuestión requiere de un debate en el que se requiere
admitir como modelo económico sostenible desde el punto de vista ambiental a
aquél que se adecua a los ciclos biogeoquímicos de la materia, y le permite así
perpetuarse en el tiempo. Existen una serie de acuerdos que al establecer
determinadas metas ambientales, de manera de influir en las formas, productos y
subproductos de las actividades económicas. Existen también normas que
promueven influir en la mejora ambiental de la actividad de una empresa, pero
cuya aceptación y desarrollo son plenamente voluntarias, (normas ISO 14000). A
otra escala, también existen procedimientos de evaluación de los impactos
ambientales generados por un proyecto o actividad.
Pero
sin duda la pregunta trae a colación, según el mismo autor, otra que plantea:
¿es posible hacer sostenible la relación que mantienen la economía y el medio
natural sin cambiar el modelo económico? El modelo económico actual se basa en
la búsqueda de la plusvalía. Toda actividad está hecha a través de esta lógica,
en la que además el interés privado prevalece sobre el interés colectivo. El
dueño de los recursos tiene derecho a explotarlos de la forma que mejor
convenga a sus intereses, es decir de la forma que mayor plusvalía obtenga.
Visto el panorama, las administraciones parecen intentar hacer lo posible por
que la mayor plusvalía se obtenga realizando actividades sostenibles, ya sea
mediante ayudas a la mejora tecnológica o certificando sellos que mejoren la
imagen de la empresa. Pero el camino andado en este sentido ya que sólo se
producen mejoras parciales y el modelo económico sigue siendo insostenible.(15)
La
dimensión cultural
La
evolución de la sociedad hacia estilos de producción y consumo sustentables
implica un cambio en el modelo de civilización hoy dominante, particularmente
en lo que se refiere a los patrones culturales de relación sociedad-naturaleza.
“La adecuada comprensión de la crisis supone pues el reconocimiento de que ésta
se refiere al agotamiento de un estilo de desarrollo ecológicamente depredador,
socialmente perverso, políticamente injusto, culturalmente alienado y
éticamente repulsivo. Lo que está en juego es la superación de los paradigmas
de la modernidad que han estado definiendo la orientación del proceso de
desarrollo. En ese sentido, quizás la modernidad emergente en el Tercer Milenio
sea la `modernidad de la sustentabilidad´, en donde el ser humano vuelva a ser
parte de la naturaleza”(16).
La
sustentabilidad no sólo debería promover la productividad de la base de los
recursos y la integridad de los sistemas ecológicos, sino también los patrones
culturales y la diversidad cultural de los pueblos.
Actualmente,
la principal causa de la insustentabilidad posee una dimensión cultural, según
cómo sea la cosmovisión o forma de ver el mundo. Desde ésta perspectiva, la
cultura occidental contemporánea es insustentable. Su relación con el entorno
se fundamenta en la idea de la apropiación de la naturaleza como una inagotable
fuente de recursos.
La
sustentabilidad cultural comprende la situación de equidad que promueve que los
miembros de una comunidad o país, tengan acceso igual a oportunidades de
educación y aprendizaje de valores congruentes con un mundo crecientemente
multicultural y multilingüe y de una noción de respeto y solidaridad en
términos de sus modos de vida y formas de relación con la naturaleza.
La
dimensión geográfica
El
«Informe sobre los Recursos Mundiales – 1992», elaborado por el PNUD, enfoca el
desarrollo sustentable como un proceso que requiere un progreso simultáneo
global en las diversas dimensiones: económica, humana, ambiental y tecnológica.
Como se ve, inicialmente se soslayaba la dimensión geográfica en su significado
específicamente territorial, pues el ambiental está naturalmente explicitado.
Si
se tiene en cuenta la dimensión geográfica de la sustentabilidad se advierte
que tendrá diferentes interpretaciones para una aldea africana, una
aglomeración latinoamericana o una nación industrializada europea. Tal vez la
sustentabilidad sea más relevante para un estado industrial por el deterioro
que es ostensible, mientras la sustentabilidad no sea aún “consciente” para una
aldea africana y, demás está decirlo, ha sido practicada por las culturas
precolombinas.
Las
dimensión geográfica –también denominada territorial-, de la sustentabilidad
constituye uno de los principales desafíos de las políticas públicas
contemporáneas –de ordenamiento y planificación ambiental-, que requiere
territorializar la sustentabilidad ambiental y social del desarrollo y, a la
vez, sustentabilizar el desarrollo de las regiones, es decir, garantizar que
las actividades productivas de las distintas economías regionales promuevan la
calidad de vida de la población y protejan el patrimonio natural para
resguardarlos para las generaciones venideras(17).
La
afirmación del Informe sobre recursos naturales de que no existen ejemplos de
desarrollo sustentable a nivel nacional y que ni los países industriales, ni
las economías emergentes, por ejemplo, de Asia Suroriental, ofrecen modelos
adecuados, se sustenta en que todavía ha sido poco considerada su dimensión
geográfica en términos de ordenación territorial. Se plantea entonces ¿cuál es
la viabilidad del desarrollo sustentable en los países latinoamericanos, por
ejemplo, frente a políticas macroeconómicas de altísimos impactos ambientales y
territoriales negativos? El modo de equilibrar el actual modelo de
«subdesarrollo insustentable»(18) es mediante la inserción de la dimensión
ambiental y de la dimensión geográfica en la política, aspectos insuficientemente
relevantes en los países latinoamericanos en los que se difunde un discurso
ambiental pero no una verdadera política ambiental.
La
dimensión geográfica de la sustentabilidad implica el progreso armónico de los
distintos sistemas espaciales/ambientales, atenuando las disparidades y
disfuncionalidades del territorio, además de promover sus potencialidades y
limitar las vulnerabilidades. La dimensión territorial en la acción y gestión
de gobierno constituye una visión globalizadora del desarrollo, un corte
horizontal en la integración de los diferentes sectores y niveles
gubernamentales. «El objetivo final de la ordenación territorial es lograr una
relación armónica entre el medio ambiente y los asentamientos humanos con el
propósito de disminuir las desigualdades regionales y lograr un desarrollo
socialmente equilibrado, respetando la naturaleza»(19). Para lograr ese
objetivo es necesario pensar que la relación hombre-ambiente no se define a
través de generalizaciones macro sino en una escala de relevancia inmediata, de
vida. Es la escala local y su integración en la escala regional, un principio
de organización fundamental que requiere autonomía de decisiones.
La
defensa de los grupos indígenas y rurales contra las industrias extractivas,
las grandes represas, la deforestación comercial o las plantaciones uniformes
de árboles, la resistencia de los organismos no gubernamentales genuinos, es
parte de la defensa de la identidad de los pueblos. Ahora bien, la semejanza
estructural de muchos conflictos ecológicos alrededor del mundo en culturas muy
diferentes, también el hecho que el concepto de justicia ambiental sea usado no
sólo en Estados Unidos sino en Brasil y en Sudáfrica, teniendo en cuenta la
dimensión geográfica de la sustentabilidad permite afirmar que los conflictos
ecológico-distributivos no deben ser vistos como expresiones de la política de
la identidad. Por el contrario, la identidad étnica o social es uno de los
lenguajes con que se representan los conflictos ecológico-distributivos, que
nacen del uso cada vez mayor que la economía hace del ambiente natural del cual
todos dependemos para vivir, en detrimento de la dimensión geográfica de la
sustentabilidad (20).
Corolario:
La dimensión educativa de la sustentabilidad
El
concepto de educación ambiental es dinámico, es decir, se modifica a la par del
medio ambiente y también según la percepción de los distintos sujetos sociales
y contextos. Tradicionalmente se trabajaban los aspectos naturales del medio
desde planteamientos próximos a las ciencias naturales. Posteriormente, se
planteó la necesidad de incluir de forma explícita al medio ambiente en los
procesos educativos, pero la atención se centró en cuestiones como la
conservación de los recursos naturales, la protección de la fauna y flora, etc.
Actualmente
se reconoce que aunque los elementos físico naturales constituyen el sustento
del medio ambiente; también las dimensiones socioculturales, políticas y
económicas son fundamentales para entender las relaciones que la humanidad
establece con su medio y para gestionar mejor los recursos naturales. También
se ha tomado conciencia de la interdependencia existente entre el medio
ambiente, el desarrollo y la educación. Es esa conciencia la que conduce a
demandar la reorientación de la educación ambiental de modo que, además de la
preocupación por el uso racional de los recursos, florezca el interés por el
reparto de esos recursos y se modifiquen los modelos de desarrollo que orientan
su utilización.
La
dimensión educativa de la sustentabilidad es una respuesta duradera que se
considera transversal a toda la educación y que aporta un nuevo paradigma que
brinda un profundo giro de innovación cultural.
La
educación ambiental es un proceso de toma de conciencia y acción sociales sobre
los problemas ambientales y sus alternativas de solución. Esta definición,
socialmente reconocida por la población en general, por quienes participan
activamente en pro del ambiente, por los profesionales, científicos expertos y
por los educadores, revela una distancia notable entre el discurso, es decir,
lo que se manifiesta verbalmente y la acción, lo que se hace. La praxis –en
términos de la dimensión educativa de la sustentabilidad-, parece no coincidir
con las consignas consabidas porque de ser así no sería tan evidente el
contraste entre los resultados económicos promisorios y los indicadores de la
Tierra amenazada consecuentes con el sobre-consumo y la pobreza, raíz de los
problemas ambientales.
El
saber ambiental (21) es interdisciplinario y ha reunido un marco teórico de
gran solidez. Este saber no es un ámbito nuevo del conocimiento o una nueva
disciplina, sino un campo de conocimiento en el que convergen los aportes de
conceptos y metodologías de diversas ciencias que tratan los sistemas
ambientales complejos que funcionan como conjuntos de interacciones entre las
distintas esferas de la Tierra y el hombre.
En
síntesis, la dimensión educativa de la sustentabilidad resulta clave para
comprender las relaciones existentes entre los sistemas naturales y sociales,
así como para conseguir una percepción más clara de la importancia de los
factores socioculturales en la génesis de los problemas ambientales. En esta
línea, debe impulsar la adquisición de la conciencia, los valores y los
comportamientos que favorezcan la participación efectiva de la población en el
proceso de toma de decisiones.
La
educación ambiental así entendida puede y debe ser una clave estratégica que
incida en el modelo de desarrollo establecido para reorientarlo hacia la
sustentabilidad y la equidad. www.ecoportal.net
Notas
1
Doctora en Geografía de la Universidad del Salvador. http://geoperspectivas.blogspot.com
2 Declaración de Estocolmo sobre el medio ambiente humano (1972) http://www.cedhj.org.mx/cedhj/legal/declaraciones/decla11.pdf
3 UNIÓN INTERNACIONAL PARA LA CONSERVACIÓN. (1980) Estrategia Mundial para la
Conservación: La Conservación de los recursos vivos para el logro de un
desarrollo sostenido. Gland. UICN. Programa de las Naciones Unidas para el
Medio Ambiente y el Fondo Mundial para la Naturaleza.
4 CANO, Marcel. CRUZ, Ivonne. La Sostenibilidad, un recorrido histórico. http://portalsostenibilidad.upc.edu/so.php?menutop=2
5 Este concepto de sustentabilidad se plasmó en el Manifiesto para la
Sustentabilidad que surgió del Simposio sobre Ética y Desarrollo Sustentable,
celebrado en Bogotá, Colombia, los días 2-4 de Mayo de 2002.
6 DURAN, D. LARA, A. (2002) Convivir en la Tierra. Fundación Educambiente.
Buenos Aires. Lugar Editorial.
7 http://www.eurosur.org/futuro/fut53.htm
8 Adaptado de GUIMARÃES, Roberto P. (1998) La ética de la sustentabilidad y la
formulación de políticas de desarrollo. Ambiente & Sociedade, N° 2, 1998
primer semestre, 5-24. Campinas, Brasil.
9 GUIMARÃES, Roberto P. (1998) Óp. Cit.
10 Adaptado de GUIMARÃES, Roberto P. (1998) Óp. Cit.
11 RODRIGUEZ, Isabel y GOVEA, Héctor. (2006) El discurso del desarrollo
sustentable en América Latina. Revista Venezolana de Economía y Ciencias
Sociales., vol.12, no.2.
12 Adaptado de GUIMARÃES, Roberto P. (1998) Óp. Cit.
13 DURÁN, Diana, et. al. (2001). Geografía Mundial. Buenos Aires. Troquel.
14 VALDÉS, Javier. (2004) ¿Es posible la sostenibilidad ambiental con la
economía de mercado? www.rebelion.org/noticias/2004/10/6111.pdf
15 VALDÉS, Javier. (2006) Óp. Cit.
16 GUIMARÃES, Roberto P. (1998) La ética de la sustentabilidad y la formulación
de políticas de desarrollo. Campinas, Brasil. Ambiente & Sociedade, N° 2,
1998 primer semestre, 5-24.
17 Adaptado de GUIMARÃES, Roberto P. (2006) Óp. Cit.
18 DI PACE, et al, (1992) Las utopías del medio ambiente. Buenos Aires. Centro
Editor de América Latina.
19 DURÁN, D. LUKEZ, B. (2008). Geografía de la Argentina. Buenos Aires.
Troquel.
20 Adaptado de MARTÍNEZ-ALIER, Joan. (2006) Los conflictos
ecológico-distributivos y los indicadores de sustentabilidad. Polis. Revista
Universidad Bolivariana. Año Vol.5. Nº 3. Santiago de Chile.
21 LEFF, Enrique (1994) Ciencias sociales y formación ambiental. Barcelona.
Gedisa
El GEPAMA (Grupo de Ecología del Paisaje y Medio Ambiente de la Universidad de Buenos Aires) es un grupo académico interdisciplinario integrado principalmente por ecólogos, geógrafos, biólogos e ingenieros agrónomos. Su foco de estudio es la articulación entre patrones espaciales y procesos ecológicos a distintas escalas. El grupo se origina y establece como equipo de investigación durante dirigido por Jorge Morello y Silvia D. Matteucci. Las tesis que se pueden descargar demuestran el avance de este equipo de investigación argentino en el campo de la Ecología del paisaje.
El enfoque ecosistémico (ACTUALIZACIÓN A 2026 CON IA)
El enfoque ecosistémico es una estrategia para la gestión integrada de tierras, agua y recursos vivos que promueve la conservación y el uso sostenible de manera equitativa. Sitúa a las personas como parte integral de los ecosistemas, buscando equilibrar la conservación de la biodiversidad con el desarrollo social y económico.
Principios y Características Clave:
Gestión Integral: No se limita a especies individuales, sino que aborda el ecosistema como una unidad funcional, incluyendo procesos, interacciones y el entorno físico.
Papel Humano: Reconoce que la diversidad cultural y las prácticas humanas son componentes clave que influyen y son influidos por el entorno.
Participación Social:
La toma de decisiones debe ser descentralizada, involucrando a diversos sectores de la sociedad y conocimientos, incluidos los indígenas y locales
.
Adaptabilidad: Utiliza la gestión adaptativa para responder a los cambios inevitables en los ecosistemas y aprender de la experiencia.
Equilibrio: Busca un uso de los recursos que no supere la capacidad de resiliencia del ecosistema.
Este enfoque fue adoptado por el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) como marco principal de acción, basándose en 12 principios rectores que abarcan aspectos ecológicos, socioeconómicos y de gobernanza.
Beneficios y Aplicación:
Sostenibilidad: Permite gestionar recursos naturales asegurando su funcionalidad a largo plazo.
Adaptación al Cambio Climático: Se utiliza para aumentar la resiliencia de los ecosistemas y las comunidades frente a cambios ambientales.
Gestión Integral: Es aplicable en la gestión de cuencas, áreas protegidas y paisajes productivos.