jueves, 23 de abril de 2026

EDUCAR EN EL TERRITORIO: REFLEXIONES PARA EL DÍA DE LA TIERRA

 


IV Foro Geográfico – Día de la Tierra 2026 en el Instituto Superior Antonio Ruiz de Montoya de Posadas Misiones

EDUCAR EN EL TERRITORIO: REFLEXIONES PARA EL DÍA DE LA TIERRA

DRA. DIANA DURÁN

Mientras la humanidad vuelve su mirada hacia la Luna con la Misión Artemis, en busca de nuevos horizontes y conocimientos, también redescubre algo esencial: la Tierra sigue siendo nuestro hogar único, el planeta de la vida, del agua y de la diversidad. Desde la inmensidad del espacio, nuestro mundo aparece pequeño, bello y frágil, recordándonos la responsabilidad que tenemos de protegerlo.

La famosa foto de «la canica azul» (blue marble) es la vista de la Tierra tal y como la contempló la tripulación del Apolo 17. El astronauta Eugene A. Cernan, comandante de la misión; el astronauta Ronald E. Evans, piloto del módulo de mando; y el científico y astronauta Harrison H. Schmitt, piloto del módulo lunar, tomaron esta foto mientras se dirigían hacia la Luna. La Tierra tal y como la contempló la tripulación del Apolo 17.  Abarca desde la zona del mar Mediterráneo hasta el casquete polar sur de la Antártida. 



El astronauta de la NASA y comandante de la misión Artemis II, Reid Wiseman, tomó esta fotografía de la Tierra desde la ventanilla de la nave espacial Orión tras completar la maniobra de inyección translunar. Se observan dos auroras (arriba a la derecha y abajo a la izquierda) y la luz zodiacal[1] (abajo a la derecha) mientras la Tierra eclipsa al Sol. "Hola, Mundo", muestra la vasta extensión azul del océano Atlántico, enmarcada por un tenue resplandor de la atmósfera.[3]

La imagen reciente de Artemis cuenta una historia distinta a la de la “canica azul” porque la luz cae de otra manera y la cámara mira desde otra parte del espacio. A veces la Tierra sale medio en sombra, más dramática, menos postal, como si alguien hubiera bajado el brillo para que se vean otros detalles del escenario.



En medio siglo el planeta también ha cambiado, aunque no siempre se note a simple vista en una sola fotografía: hay más CO en el aire, el calor medio ha subido, el mar está un poco más alto y el hielo del Ártico en verano se encoge hasta casi desaparecer. Hay cambios en la vegetación y los patrones de nubes y el color del océano. Así que entre una “canica azul” y la otra hay dos transformaciones superpuestas, la del ojo que mira y la del mundo mirado, y ambas dejan su firma en el color del azul.

Hoy, 22 de abril, celebramos la 56ª edición del Día de la Tierra bajo el lema “Nuestro Poder, Nuestro Planeta”. Este llamado mundial nos recuerda que la transición hacia energías limpias y renovables no es una opción, sino una urgencia sustancial. La prosperidad económica y la protección ambiental no son caminos en competencia: son el mismo sendero hacia adelante, hacia un futuro sustentable y equitativo.

Sin embargo, mientras millones de personas se movilizan en más de 140 países a través plantaciones de árboles, limpiezas comunitarias y campañas de concientización, la Tierra sigue amenazada por guerras como la de Medio Oriente y por el incuestionable cambio climático y sus consecuencias. Frente a ello, cada acción ciudadana promueve expectativas y nos devuelve la esperanza.

En este contexto, quiero detenerme en el concepto de aprendizaje situado, un enfoque educativo que reconoce que el conocimiento se construye en interacción con los territorios, las identidades y las prácticas comunitarias. El territorio se convierte en un aula expandida, un laboratorio vivo y un amplio espacio de ciudadanía.

En tal sentido:

  • Aprendemos para el cambio conceptual, revisando críticamente las nociones de innovación y ambiente.
  • Aprendemos por proyectos y problemas, diseñando respuestas a conflictos ambientales concretos y localizados.
  • Enseñamos para la comprensión, vinculando ciencia, inteligencias múltiples y desempeños activos.
  • Lo hacemos de manera colaborativa y multisensorial, con metodologías participativas que integran la comunidad con las acciones y los proyectos participativos.

Este modelo nos invita a pensar la educación como una práctica transformadora, capaz de responder a los desafíos del siglo XXI.

La educación geográfica, en particular, encuentra de esta manera, un terreno fértil: estudiar la Tierra no es solo aprender de manera descriptiva, sino vivir el territorio como experiencia formativa. Algunas estrategias que lo hacen posible son:

·           La cartografía colectiva que implica invitar a estudiantes y comunidades a elaborar mapas/planos que integren no solo datos físicos, sino memorias, emociones y prácticas cotidianas. Así, la geografía se convierte en un relato vivo.

·           Los trabajos de campo y la observación directa: recorrer barrios centrales y periféricos, diferenciar variadas geoformas en distintos ambientes o vivir la diversidad de las reservas protegidas para comprender cómo los procesos geográficos impactan en la vida diaria. De esta manera, el aula se expande hacia el territorio.

·           Narrativas geográficas: construir relatos que vinculen ciencia, memoria y territorio favorece la apropiación crítica y compleja de los contenidos. Aquí la literatura y el cuento territorial dialogan con la geografía para mostrar la fragilidad de los ambientes y la urgencia de la acción.

·           Aprendizaje colaborativo: integrar metodologías participativas como el aprendizaje servicio solidario, ateneos, arte en todas sus expresiones, relatos digitales o talleres de fotografía que potencien la dimensión comunitaria y afectiva del aprendizaje.

·           Estudios de caso locales y globales: analizar problemáticas ambientales concretas —desde los glaciares vs la minería hasta las sequías extremas e inundaciones alternantes— para comprender cómo lo global se refleja en lo local y viceversa.

Estas estrategias permiten que la educación geográfica sea más que transmisión de contenidos: se convierte en una práctica transformadora, capaz de responder a los desafíos del siglo XXI y de formar ciudadanía crítica y comprometida.

Para ilustrar esta tensión entre aprendizaje situado y el tradicional quiero evocar el cuento territorial WEST y la catástrofe global. En él narré la acción de una supercomputadora comparable a HAL 9000 de Odisea del Espacio, la increíble película de Kubrick. Esta computadora en el cuento recopila datos de la Tierra y advierte sobre el colapso ambiental global. Los glaciares se desprenden, los bosques se sumergen, las poblaciones huyen, y los algoritmos fallan en predecir lo que sucede. WEST, casi humana, construye un Arca de Noé tecnológica, pero sus predicciones se pierden en el desierto universal. La humanidad, incapaz de escuchar y de la acción sostenible, se entrega a la catástrofe que ella misma ha gestado.

Este relato nos interpela a través de la pregunta: ¿qué hacemos con el conocimiento que tenemos? ¿Lo convertimos en acción situada, en aprendizaje que vincule la geografía con la comunidad, o lo dejamos perderse, evocando a Borges, como ruinas de mapas en los desiertos del futuro?

Hoy, a través de este Foro, nuestra tarea es clara:

  • Reconocer el poder de la educación situada para transformar la conciencia ambiental y territorial.
  • Vincular la memoria y el territorio con la acción colectiva.
  • Asumir que cada actividad educativa o comunitaria —desde la plantación de un árbol hasta la construcción de narrativas y de ensayos— es parte de un mismo plan: el de proteger nuestro planeta y con ello a la humanidad.

Que este Día de la Tierra del 2026 sea, entonces, un recordatorio de que el aprendizaje no ocurre en abstracto, sino en los territorios vivos que habitamos. Y que, como en los cuentos, podemos transformar la tensión en esperanza, la catástrofe en conciencia, y el futuro en un espacio compartido de vida.

Hoy, en el Día de la Tierra, celebramos la belleza de nuestro planeta, su diversidad de paisajes y de comunidades humanas, sus mares, sus bosques y la vida que lo habita. Esta imagen nos recuerda que no hay otro hogar como nuestra casa y que cuidarlo es una responsabilidad compartida con las generaciones presentes y futuras.

Pensamos en un modelo complejo en el que la educación geográfica tome posición jerárquica para transformar la manera en que pensamos, sentimos y actuamos, y visibilice lo que aún pareciera no verse: la fragilidad de los ecosistemas, la memoria de los territorios y la belleza de la Tierra.

La educación que necesitamos para enfrentar los cambios globales no es la que nos enseñó a dominar la Tierra, sino la que nos invita a tejer con ellas nuevas formas de habitar el mundo.

 

Link a la transmisión por Youtube del IV ForoGeográfico Federal en el contexto del día de la Tierra.


V Foro Geográfico Federal - El valor de la Geografía en el contexto del día de la tierra. En vivo desde el Aula Magna del ISARM. Disertantes:

  • Dra. Diana Durán – Universidad Del Salvador, Fondo Verde Institute. Perú.
  • Dra. Mónica García- Sociedad Argentina de Estudios Geográficos – GAEA. Profesora emérita de la Universidad Nacional de Mar del Plata.
  • Prof. Carla Martínez – ISFD N°74 Olga Cossentini, Florencio Varela, provincia de Bs. As. Coordinadora y editora de la revista ProfesGEO.

Moderador:

  • Dr. Sergio Páez - Instituto Superior “Antonio Ruiz de Montoya”. Sociedad Argentina de Estudios Geográficos – GAEA.






[1] La luz zodiacal es un resplandor tenue y triangular que se observa en el cielo antes del amanecer o después del atardecer, causado por la luz del Sol reflejada en el polvo interplanetario que flota en el plano del Sistema Solar.

[2] La tripulación de la misión Artemis II de la NASA, programada para 2026, está integrada por cuatro astronautas: Reid Wiseman (NASA), Víctor Glover, Christina Koche y Jeremy Hansen. 


Video síntesis


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