lunes, 6 de agosto de 2007

La trama ambiental argentina y la educación


“Todo hace pensar que la Tierra va en camino de transformarse en un desierto superpoblado ...
Este paisaje fúnebre y desafortunado es obra de esa clase de gente que se habrá reído de los pobres diablos que desde hace tantos años lo veníamos advirtiendo, aduciendo que eran fábulas típicas de escritores, de poetas fantasiosos”.
Ernesto Sábato. Antes del fin. Seix Barral. 1998.



Ernesto Sábato explicaba en su libro Antes del fin que quienes pregonan los problemas ambientales son unos locos poco creíbles para la sociedad. La Constitución Nacional (1994) declara el derecho de los ciudadanos argentinos de hoy y del futuro a contar con un ambiente sano y ambientalmente sustentable. La Ley Nacional de Educación incluye entre sus artículos que el ambiente debe ser tema de estudio en las escuelas. La matrícula de las nuevas carreras ambientales de grado y posgrado diseminadas por todo el país explota. Todos los políticos cuentan con un discurso ambiental. En las escuelas, en las calles y en los espacios públicos se pueden leer consignas ambientales. Los organismos no gubernamentales que se dedican a temas ambientales son muchos y tienen un gran predicamento en la sociedad y en los medios. Seminarios de trascendencia planetaria que convocan a especialistas ambientales de todo el mundo se realizan en nuestra ciudad capital.
Y sin embargo:
- Los incendios en los Andes Patagónico-Fueguinos, en la estepa patagónica, en los montes peripampeanos y en muchos otros ambientes argentinos arrasan poblaciones, animales, vegetales y obras humanas, además de las esperanzas compartidas.
- Los bosques y selvas son talados cada día más por grandes empresas transnacionales disminuyendo nuestra amenazada biodiversidad.
- La erosión de los suelos ya es el primer problema ambiental nacional como lo advierte desde hace décadas el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y condiciona en muchas regiones la sustentabilidad de los suelos y la expansión de la rentabilidad agropecuaria.
- Riesgos tales como las inundaciones y sequías se agravan y extienden al compás del cambio climático y la ineficiencia gubernamental acechando tanto a las poblaciones marginales como a las poblaciones más privilegiadas desde el punto de vista socio-económico.
- La contaminación urbana no sólo arruina paisajes sino afecta la salud ambiental.

- En la eterna puja entre “bichos” y personas parece que van ganando los primeros a juzgar por la eclosión de nuevas enfermedades ya casi olvidadas como el cólera, el dengue o la tuberculosis.

- Cotidianamente en los medios de comunicación aparece el clamor de las personas castigadas por la localización de sus viviendas en cercanías de establecimientos industriales que no guardan normas ambientales primarias en la deposición de sus desechos, especialmente de aquellos que son peligrosos.
- Vastos paisajes rurales se ven disminuidos en su belleza por el eterno revolotear de bolsas de plástico –las he visto en Península Valdés, patrimonio de la humanidad- o la acumulación de montañas de lavarropas, heladeras y otros electrodomésticos oxidados –especialmente perceptibles en las periferias urbanas.
- Hedores insanos se difunden en los caminos periféricos adyacentes a grandes acumulaciones de desechos urbanos, como el “Camino del Buen Aire” –valga la contradicción- en la provincia de Buenos Aires.
- El ruido urbano en el centro de la ciudades y en las encrucijadas de tránsito de barrios periféricos deprime el espíritu, confunde las ideas y perjudica las actividades humanas.

¿No son estos algunos ejemplos de la contradicción entre ecología y economía? En nuestro país es clave: la estabilidad y la convertibilidad tan apreciadas no condicen con la extensión y gravedad de los problemas ambientales argentinos. Antes eran poco reconocidos por la sociedad. Ahora la conciencia ha eclosionado y no es posible negarlos. Sin embargo, todavía hay una singular confusión social respecto a la jerarquía de estos problemas. En la escuela se enseña y en los medios se tratan con énfasis las cuestiones referidas a la mortandad de pingüinos por efecto del petróleo o a la muerte de peces en los arroyos y ríos contaminados. Pero sin embargo no se difunden con la misma intensidad y frecuencia los problemas referidos a la erosión y desertificación o no se da continuidad a la prevención de los riesgos naturales. Pareciera ser que hay consenso social respecto al problema ambiental en sentido amplio, pero también existe un divorcio entre el discurso y los hechos y aquí es donde empieza a tornarse central el papel de la educación ambiental.
La educación ambiental se ha concebido como un proceso de toma de conciencia social sobre los problemas ambientales y sus alternativas de solución. Esta definición, palabras más palabras menos, es socialmente reconocida por la población en general, por quienes participan activamente en pro del ambiente –llamados “ambientalistas”-, por los profesionales y científicos expertos y por los educadores. Sin embargo, hay una distancia notable entre el discurso, es decir, lo que se manifiesta verbalmente y la acción, lo que se hace. La praxis parece no coincidir con las consignas consabidas porque de ser así no sería tan evidente el contraste entre los resultados económicos más felices y los indicadores de la Tierra amenazada consecuentes con el sobre-consumo y la pobreza, raíz de los problemas ambientales.
El saber ambiental es interdisciplinario y ha reunido un marco teórico de gran solidez como se puede advertir en el libro compilado por Enrique Leff, “Ciencias sociales y formación ambiental” (1994) cuya lectura recomiendo. Allí se define que este saber no es un ámbito nuevo del conocimiento o una nueva disciplina sino un campo de conocimiento en el que convergen los aportes de conceptos y metodologías de diversas ciencias que tratan los sistemas ambientales complejos que funcionan como conjuntos de interacciones entre los distintas esferas de la Tierra y el hombre.
La educación ambiental pudo insertarse en los contenidos a enseñar acordados en la escala nacional porque ese saber ambiental estaba desarrollado en los ambientes académicos y profesionales. Es así como todas las áreas curriculares del sistema educativo nacional cuentan con contenidos reconocidos por su carácter ambiental. Como se ha repetido una y mil veces la dimensión ambiental se ha insertado ampliamente en lo que se quiere enseñar y tanto los libros de texto como todo otro tipo de materiales didácticos refleja esa difusión cultural de lo ambiental. Sin embargo, a mi criterio, es posible notar el déficit del conocimiento cabal y profundo sobre los problemas ambientales. En realidad se revela un conocimiento somero, más bien declarativo de docentes, alumnos y comunidad educativa en general sobre los problemas ambientales pero no una formación que culmine en acciones preventivas o activas en pro de solucionarlos. En contrapartida se advierte el hecho positivo de que día a día aumenta la participación ciudadana a través de foros, actividades comunitarias, clubes, bibliotecas populares, fundaciones, etc.; pero con esto no basta.
En cambio de ocuparnos a tiempo de que las poblaciones en riesgo ambiental por la localización de sus viviendas, trabajos o itinerarios ambientales coincidentes con la distribución geográfica de alguna anomalía de la naturaleza en su relación con la sociedad –inundación, contaminación, vulcanismo, tornado, entre otras- sean advertidas de los próximos eventos que podrían afectarlos; lo hacemos “a posteriori”.
En cambio de advertir a los productores agropecuarios que no avancen con sus explotaciones sobre áreas en riesgo de sequía o inundación, desde las políticas gubernamentales se promueve la agricultura y la ganadería especulativas. Luego se lamentan las pérdidas de cosechas o la liquidación de vientres.
En cambio de localizar las nuevas obras de infraestructura previa evaluación de sus impactos ambientales o de construir nuevos establecimientos en las áreas donde la lógica geográfica así lo indica, lamentamos las consecuencias calamitosas de los embalses en la población y el paisaje o deberemos erradicar en un futuro próximo nuevos establecimientos educativos construidos sobre “lagos” subterráneos de arsénico en una provincia de la Argentina árida.
En suma, actuamos sin previsión, no advertimos a sabiendas porque los profesionales responsables y los científicos lo han escrito y difundido, no enseñamos lo suficiente sobre el tema. Porque en caso contrario, los problemas estarían en vías de solución o, por lo menos sus consecuencias, no serían tan nefastas.
Convengamos en que hay déficits notables en política y educación ambientales. La política ambiental de la última década ha sido pródiga en la Argentina en promulgación de leyes, redacción y publicación de documentos y convocatoria a reuniones, seminarios y congresos a instituciones y profesionales que han producido toneladas de informes y publicaciones. En definitiva, se ha concretado una gran burocracia ambiental. Todos estos papeles escritos podrían ser devorados por los intermitentes incendios forestales del sur y centro del país. Por lo demás, hay déficit de aviones para apagar esos infiernos y las poblaciones estarían igualmente a merced esos riesgos ambientales.
En relación con los riesgos es notorio que los sistemas de alerta no funcionan. Agradezcamos que nuestro país se halle exento del recorrido de huracanes y ciclones porque si tuviéramos que evacuar grandes ciudades las catástrofes humanas serían noticia de primera plana mundial al estilo de los ciclones asiáticos o las sequías africanas.
A pesar de que nuestra baja densidad demográfica disminuye el número de víctimas frente a las catástrofes naturales y tecnológicas, refugiados ambientales siempre hay en la Argentina aunque no se difunda su sufrimiento. Entre ellos puedo mencionar a las poblaciones afectadas por la sequía de 1999 en la región chaqueña que las obligó a concentrarse cerca de las áreas donde el abastecimiento de agua era posible porque su ganado moría y sus suelos se resquebrajaban. Lamentablemente esta dramática situación humana no fue noticia en nuestros medios de difusión tan concentrados en las noticias económicas, políticas o de la farándula mediática.
Esta ardua trama ambiental argentina también tiene consecuencias educativas. Hay un desequilibrio notorio entre la densidad de temas ecológicos incluidos en el curriculum vigente y la posibilidad que tienen los docentes de enseñar esos múltiples contenidos. Con muy buen criterio se ha explicado que la educación ambiental requiere un compromiso no sólo curricular sino también institucional y comunitario o social. Pero sin embargo las condiciones en que se desenvuelven las comunidades y las instituciones educativas no promocionan estas acciones. Para enseñar problemas ambientales y alternativas de solución los docentes tienen que tener tiempo institucional para, por ejemplo, aprender las nuevas tecnologías informáticas que los ayudarán a mostrar mapas de riesgo ambiental o para planificar actividades interdisciplinares en combinación con otros docentes representativos de distintas áreas del currículum. Estas condiciones primarias todavía no están dadas y la formación docente estuvo exenta del saber ambiental porque simplemente éste no estaba avanzado cuando estudiaron las actuales camadas que se hallan al frente de clase. Por ello la capacitación docente en educación ambiental es central y surtirá efectos positivos en términos de calidad cuando sea permanente y de gran articulación disciplinar y didáctica.

Lic. Diana Durán


7 comentarios:

Anónimo dijo...

Diana: que verdad lo que escribes. Si cada uno desde su cátedra, sin importar cual, educáramos un poquito sobre el medio ambiente, creo que sería maravilloso; aunque muchas veces reniego con colegas que siguen fumando en la escuela. . . Felicitaciones por el Blog. Adelante con los alumnos. SUERTE.
Elena

Anónimo dijo...

Muy buena tu propuesta de trabajo a través del blog!
Suerte y a seguir adelante!
Caro

merforteza dijo...

Diana: Qué interesante está el contenido, les voy a pasar la dirección a mis compañeras de la materia. Bravo por la iniciativa de compartir con los alumnos. Saludos,
Mercedes

María del Huerto Mancilla dijo...

Diana, soy docente en Informática y siempre enseño a mis alumnos teniendo en cuenta temas de ecología. Creo que cada docente, desde su humilde lugar, debería enseñar que la única forma de poder mejorar el medio ambiente es con la ayuda de todos, sin importar que tan pequeña o grande sea nuestra acción.
Gracias por publicar este blog. Se la voy a mostrar a mis alumnos.

Anónimo dijo...

Respecto del articulo, es muy cierto y movilizador.
Desde hace años, lucho por la educación ambiental...
Prometo comentar más en otro momento, por ahora mando mis felicitaciones por el blog... y ADELANTE!!!!
Prof. Ricardo FARIAS
rikyfa@yahoo.com.ar

Anónimo dijo...

En este artículo podemos ver claramente explícita la lucha constante que hay en la Argentina entre Sostenibilidad o Sustentabilidad y Desarrollo, el tipo de desarrollo no sustentable, porque no tiene en cuenta aspectos de la cultura, de la geografía en general, de la sociedad, sino que se centra equívocamente en el avance económico a corto plazo, menospreciando a veces por desconocimiento, escasa información y/o formación; otras
a sabiendas, los recursos naturales y el medio ambiente, con el consecuente perjuicio para nuestro planeta y con ello las generaciones venideras que lo habitarán.Por ahora la economía lleva ganada varias batallas pero...¿hasta dónde?...
Los beneficios se convierten así en algo efímero, porque van a ser sin duda mucho mayores las inversiones que se deberán realizar luego para paliar los daños causados en la salud, los suelos agobiados por la agricultura intensiva, la desertización, la salinización, la contaminación en las aguas. Entonces la balanza comercial pasaría a ser deficitaria porque serán mayores las pérdidas que las ganancias. ¿No tiene en cuenta esto el gobierno cuando destina grandes territorios de la nación a la producción de soja transgénica?. Creo que no, pero es ahí donde está nuestra responsabilidad como ciudadanos, de presionar a través de las herramientas que nos brinda el sistema democrático y hacerlas valer para no conformarnos sólo con lamentarnos, recurrir a la acción ya sea en encuentros informales o públicos, seminarios, proporcionando información en boletines o utilizando los medios de comunicación.
Necesitamos al frente de nuestro gobierno gente idónea, capacitada principalmente en el nivel de planificación y el apoyo de la sociedad en conjunto para generar el cambio.
La propuesta es poner en práctica la enseñanza de la Educación Ambiental en la escuela como un contenido transversal, que articule todas las áreas en un compromiso por el cambio pero para ello hace falta que se involucren todos los actores sociales: hablamos del Estado, de los gobernantes, pero también de todas las instituciones, empezando por la familia lo cual implica una reeducación en todos los aspectos, más considerando la actual crisis de valores por la que ésta atraviesa...
Es rara la contradicción porque a pesar de nuestro convencimiento como futuros docentes de geografía de involucrarnos y comprometernos con el cambio nos entra el temor de estar cayendo en una utopía ya que nuestro amado país siempre pondera lo económico por sobre lo demás. Pero tengo la esperanza de que algo podremos hacer cada uno desde nuestro pequeño lugar y el secreto está, sin duda, en predicar con el ejemplo.
Firma: Carolina Molina.

Anónimo dijo...

Que verdad y que interesante es el articulo de “La trama Ambiental y la Educación”.Muchas veces desde educación enseñamos conceptos pero nunca enfocamos el tema desde una prevención, es decir no se enseña a como podríamos entre todos mejorar los problemas ambientales o aunque sea a empezar a tomar conciencia, pero también para el docente enseñar problemas ambientales y alternativas de solución es tener tiempo para que ellos puedan estar informados y poder mostrar mapas y pruebas de lo que esta sucediendo y seguirá ocurriendo.

Pero como expresa el articulo: Estas condiciones primarias todavía no están dadas y la formación docente estuvo exenta del saber ambiental porque simplemente éste no estaba avanzado cuando estudiaron las actuales camadas que se hallan al frente de clase.

Desde que somos niños tendríamos que tener incorporado el respecto por el cuidado del medio ambiente. Creo que desde que tenemos conocimiento todos desde la casa estamos en contacto con lo que sucede en nuestro alrededor y en el mundo. Y no hace falta esperar que suceda algún acontecimiento cerca de nosotros para darnos cuenta de lo que ocurre y seguirá pasando con el medio ambiente.
Pero si desde las escuelas podrian incorporar mas temas sobre el medio ambiente seria bueno.
Daiana Biancucci