domingo, 4 de enero de 2026

LA VIGENCIA DE LA GEOGRAFIA POLITICA Y LA GEOPOLITICA. EL CONFLICTO DE VENEZUELA

 


Venezuela físico. Fuente: Argis on line


Venezuela político. Fuente: Arc Gis on line






Comparación cartográfica de Venezuela y Estados Unidos. Fuente Arc Gis on line.

LA VIGENCIA DE LA GEOGRAFIA POLITICA Y LA GEOPOLITICA.

EL CONFLICTO DE VENEZUELA

Sergio Páez (1). Diana Durán (2)

    Venezuela se ha convertido en un caso central de geopolítica por la convergencia de factores interdependientes:

  • Posee las mayores reservas de petróleo del mundo.
  • Se ubica en un punto estratégico del Caribe, dentro de un tejido de rutas comerciales clave.
  • Ha impulsado, durante más de dos décadas, un proyecto político autónomo con alianzas exógenas al eje occidental, consolidando vínculos con Rusia, China, Irán, Nicaragua y Cuba.

Este posicionamiento internacional ocurre en paralelo a una crisis interna marcada por emigraciones masivas, pobreza extrema, escasez de alimentos y medicamentos, colapso de servicios y un régimen político autoritario.

La cuestión de fondo es la legitimidad de la democracia. En las elecciones de 2024, el régimen de Maduro proclamó su victoria en un proceso caracterizado por la ausencia de garantías y transparencia. Cuando un gobierno pierde legitimidad, su soberanía se erosiona: la defensa del territorio se debilita porque los cimientos políticos ya no sostienen el muro de la representación. Esta fragilidad no justifica una intervención externa, pero explica por qué un país se vuelve vulnerable a ella.

Mientras Venezuela cuenta con veintinueve millones de habitantes, Estados Unidos supera los trescientos cuarenta millones. La diferencia demográfica marca una asimetría de escala, pero es en lo económico donde la distancia se vuelve abismal: el PIB per cápita venezolano ronda los 3.500 dólares, tras años de contracción y crisis; mientras que el estadounidense se acerca a los 90.000 dólares por persona.

Paradójicamente, Venezuela posee las mayores reservas de petróleo del planeta, con más de 300.000 millones de barriles, frente a los cerca de 55.000 millones de Estados Unidos. Sin embargo, esa riqueza energética no se traduce en bienestar: más de la mitad de la población venezolana vive en pobreza, y alrededor de una cuarta parte en pobreza extrema. En contraste, en Estados Unidos la pobreza afecta a poco más del 11 % de la población.

La paradoja se intensifica con el éxodo: ocho millones de venezolanos han emigrado desde 2015, un cuarto de la población, en busca de condiciones mínimas de vida. Este éxodo masivo convierte al país en un territorio fracturado, donde la abundancia de recursos convive con la escasez cotidiana.

Así, la comparación revela una tensión simbólica: un país pequeño, rico en petróleo, pero empobrecido en legitimidad y bienestar, frente a una potencia continental que, con su escala y prosperidad, se arroga la capacidad de intervenir. La geopolítica se dibuja entonces como un mapa de contrastes: reservas que no alimentan, poblaciones que se dispersan, y narrativas que legitiman el poder.

La lógica de la intervención

Estados Unidos actuó como gran potencia al proteger su seguridad continental, su influencia y sus intereses. La secuencia es conocida: un cambio interno de un país de su contexto continental; la percepción de riesgo externo; la intervención presentada como “legítima”.

La historia ofrece paralelos: Guatemala en 1954, Irán en 1953, Chile en 1973, Panamá en 1989. En cada caso, la fuerza se ejerció no solo a través de la capacidad militar, sino porque se construyó un relato de legitimidad. Primero, una justificación moral: proteger, salvar, defender. Luego, una justificación legal: resoluciones, autodefensa, invitaciones formales. Además, una narrativa clara: un culpable reconocible, víctimas notorias y urgencia geopolítica. Finalmente, el conflicto geopolítico se presenta como inevitable, sin alternativas.

Lo que hoy ocurre entre Venezuela y Estados Unidos no es una anomalía, sino una fricción clásica: un régimen que busca perpetuarse frente a una potencia que reafirma su influencia en su entorno estratégico.

     La pregunta, entonces, no es solo qué sucede en Venezuela, sino cómo se construyen las decisiones que cambian el destino de países y poblaciones: ¿quiénes las toman? ¿Desde dónde? ¿Con qué relatos? Y, lo más relevante: ¿quiénes sufren sus consecuencias?

La geografía política y la geopolítica siguen vigentes porque trazan la cartografía del poder. Allí donde los mapas muestran fronteras, los relatos dibujan legitimidades. Venezuela es hoy un país en el que se cruzan memorias de soberanía y narrativas de intervención. El conflicto revela que el poder no solo se ejerce en los campos de batalla o en los mercados energéticos, sino en la trama simbólica que convierte una decisión en destino.



1- Doctor en Geografía de la Universidad del Salvador (Argentina). Coordinador de la carrera de Profesorado en Geografía del Instituto Superior Antonio Ruiz de Montoya de Posadas, Misiones.

2- Doctora en Geografía de la Universidad del Salvador (Argentina). Profesora de Posgrados en Misiones y Perú.