jueves, 30 de agosto de 2007

Alternancia de sequías e inundaciones en la Pampa Deprimida





Las grandes obras hidráulicas pueden concretarse en armonía con la naturaleza y en
combinación, sin duda, con las pequeñas obras hidráulicas. Este es un debate
largamente superado en la Argentina por los científicos y profesionales altamente
calificados en el tema.

Toda modificación de la naturaleza en manos del hombre debe seguir sus dictados, esto
significa no contradecirla. La Cuenca del Salado y sus espacios geográficos adyacentes
conforman la Pampa Deprimida en el seno de la región Pampeana, caracterizada por la
falta de pendiente y la nivelación general del terreno.

En realidad, puede señalarse que no existe en ese gran espacio, una cuenca hidrográfica,
en el sentido estricto de la palabra, porque las aguas drenan muy lentamente, en
algunos casos hacia lagunas, en otros casos hacia arroyos, justamente por la falta de
pendiente y la nivelación. Se dice, en términos más técnicos, que se trata de un
escurrimiento dificultoso de tipo difuso y poco concentrado. En consecuencia, para
solucionar el problema de la alternancia de inundaciones y sequías (y no sólo las
inundaciones) en la Pampa Deprimida hay que tener en cuenta las condiciones de su
geografía.

martes, 21 de agosto de 2007

Desastres naturales, imprevisión humana y educación ambiental. Las sequías como riesgo natural




LAS SEQUIAS COMO RIESGO NATURAL

Por Lic. Diana Durán *

    
  Frente a recurrentes inundaciones ahora consideradas noticias de primera plana sobre todo porque afectan a las áreas urbanas donde vive población de alto nivel socioeconómico –léase Ciudad Autónoma de Buenos Aires-, lo que no disminuye su importancia; este artículo se refiere a otro de los riesgos naturales, quizás el que más estático, silencioso y poco definible: la sequía. 

      El fenómeno de la sequía es, entre las incertidumbres geográficas, la que ocasiona mayores pérdidas de producción en las regiones sin riego y, en muchas ocasiones, también en las que cuentan con él. Estas consecuencias son muy bien conocidas por el productor; pero también por el técnico agropecuario que debe aconsejar sobre las medidas para mitigar sus efectos, y por el Estado que debe planificar en forma integrada los procesos de diagnóstico, evaluación y control de los riesgos. 

      La sequía es uno de las anomalías ambientales más difícil de evaluar por su gran complejidad, pues a la vez que depende de las escasas o ausentes precipitaciones, también se relaciona con la capacidad de almacenamiento del suelo y la ocurrencia del fenómeno en relación con el ciclo vegetativo anual. 

      En sentido más estricto, riesgo natural es la probabilidad de que un espacio geográfico sea afectado por las consecuencias de distinta vulnerabilidad de un proceso natural, que afectarán los asentamientos y las actividades humanas.

Conceptualización de la sequía 

        La sequía es un fenómeno poco definido e investigado y también escasamente percibido por la población urbana, no así por la rural que teme por sus consecuencias más que las inundaciones. 

        Según el Servicio Meteorológico Nacional (1988) la sequía "en términos generales puede ser considerada como la insuficiente disponibilidad de agua en una región, por un período prolongado para satisfacer las necesidades de los elementos bióticos locales. Estas necesidades dependen de la distribuciòn de las poblaciones de plantas, animales y seres humanos, de su modo de vida y del uso de la tierra". 

         La sequía es un fenómeno temporario que se presenta en cualquier región, aunque se localiza en general en áreas de lluvias con régimen variable. 

      La irregular distribución geográfica y la dificultad para definir su inicio son otras características esenciales de las sequías. 

  Factores condicionantes y determinantes 

       La ocurrencia de una sequía depende de los siguientes factores determinantes que impulsan la emergencia del fenómeno:     

·la evapotranspiración,
·el déficit de la precipitación.  

       La sequía pertenece al esquema climático normal de las regiones semiáridas y, en consecuencia, está relacionada con la alta variabilidad de las precipitaciones. 

       La variación de la precipitación en un lugar dado y entre épocas determinadas constituye el factor de impulso principal de las sequías. A su vez, dependen del condicionamiento impuesto por los cambios en la presión atmosférica con las consiguientes alteraciones en la circulación general de la atmósfera. Las sequías están asociadas a condiciones predominantemente anticiclónicas que persisten durante un cierto tiempo. 

        Otro factor condicionante es la modificación de la cubierta vegetal y de las condiciones del suelo producidas por esos cambios en la circulación atmosférica que pueden constituir un proceso de realimentación para prolongar la sequía. 

        Las sequías se pueden caracterizar por una carencia del  factor de impulso que son las precipitaciones debido a valores de temperatura que hacen que la evapotranspiración potencial se mantenga alta, aunque la evapotranspiración real de ese momento sea pequeña por falta de agua. La sequía no es, como se ve, una entidad tan bien definida como la inundación, porque procede de un decrecimiento en los promedios de precipitación en relación a la necesidad de agua en un período particular y en un área particular. 

        Las sequías resultan de condiciones hídricas en las que prevalece la escasez de agua como resultado de precipitaciones insuficientes en una serie de años sucesivos. La cantidad de lluvia disminuye el promedio y en consecuencia se empobrecen las pasturas, disminuye el rendimiento de los cultivos, falta agua para la gente y los animales.                   

Riesgo de sequía 

        Una clasificación global permitirá diferenciar varias categorías de áreas geográficas de riesgo de sequía, pertenecientes al riesgo hídrico:

1.áreas de déficit en distintos eventos históricos y actuales,     
2.áreas de déficit según el grado de permanencia o duración,     
3.áreas de déficit según la frecuencia,     
4.áreas de déficit según la magnitud areal, y     
5.áreas de déficit hídrico según las poblaciones, infraestructura y equipamiento impactado.     

        Otra clasificación en cinco categorías que combina los parámetros frecuencia y magnitud del riesgo hídrico es la de Fuschini Mejía (1989). De esta sistematización se han seleccionado las siguientes categorías que interesan para evaluar el riesgo de sequía:  

·-a: época de equilibrio: con leves excesos y sequías agrícolas, según el registro histórico de la zona.     

·-b: épocas de sequías anormales, pero que tienen carencias de baja frecuencia en el registro histórico.     

·-c: épocas de sequías excepcionalmente anormales, que tienen carencias de muy baja frecuencia en el registro histórico. Esas carencias pueden ser anuales, plurianuales y tiene importancia la suceción de estados de épocas inmediatamente anteriores. En este caso tiene mucha importancia no sólo la duración sino la extensión del fenómeno.   

Tipos de sequía  

        Debemos diferenciar entre la sequía hidrológica como "permanencia del déficit hídrico" de una sequía "aparente" o sequía agrícola (cuando el agua no coincide con las épocas en que las necesidades agropecuarias lo exigen).  

        La sequía agrícola es de corta duración y afecta el ciclo vegetativo de las pasturas y los cultivos. En general no altera demasiado los balances hidricos anuales y un indicador es la baja de la napa freática. 

        La sequía hidrológica altera el balance hidrológico anual debido a su duración (permanencia de la carencia de lluvias) y los indicadores son:  el descenso notable de la napa freática, la seca de las lagunas. Es extensa en superficie y no coexiste con la inundación. Puede morir la vegetación y comenzar la erosión eólica.
 

CONCLUSIÓN 

        Muy pocas veces los argentinos reparamos que en nuestro país se divide en una Argentina Arida que abarca el 75 % del territorio y una Argentina húmeda que incluye el restante 25 %. Claro que en este 25 % - especialmente en la Región Pampeana- se instala el mayor porcentaje de la población, la capacidad económica y el poder.  Este mito argentino de la Argentina húmeda se remonta a la década del 80 en la que la Argentina se identificaba con la Región Pampeana. Pero así se desarrolló nuestro país y no es justo echar culpas a generaciones pretéritas sino a tener conciencia de las realidades geográficas argentinas y no vivir de mitos. 

        Si bien el problema de las inundaciones es acuciante porque afecta a áreas geográficas de gran poderío socio-económico debemos pensar en las realidades: que el problema es complejo: es el problema hídrico de la alternancia de sequías e inundaciones en muchas áreas del país, en la Argentina Arida y en la Argentina húmeda.  

       ¿Por qué frente a una época en que la opinión pública y los medios dan tanta importancia a las inundaciones escribimos sobre las sequías?. Por una cuestión de conciencia ambiental y de educación: no debemos los argentinos olvidar que gran parte de nuestro país y especialmente la población con necesidades básicas más insatisfechas del interior de nuestro país sufre reiteradamente situaciones de sequía y participar como ciudadanos en el despertar de la conciencia sobre un fenómeno casi olvidado aún por las autoridades pertinentes.                

[*] Lic. en Geografía de la Universidad del Salvador. Investigadora del CONICET en la Comisión Nacional del Programa Hidrológico Internacional de la UNESCO. Río de Janeiro 802. 2 C.  (1405) Capital Federal. TE 982-3793. FAX. 981-9829.



lunes, 6 de agosto de 2007

La trama ambiental argentina y la educación


“Todo hace pensar que la Tierra va en camino de transformarse en un desierto superpoblado ...
Este paisaje fúnebre y desafortunado es obra de esa clase de gente que se habrá reído de los pobres diablos que desde hace tantos años lo veníamos advirtiendo, aduciendo que eran fábulas típicas de escritores, de poetas fantasiosos”.
Ernesto Sábato. Antes del fin. Seix Barral. 1998.



Ernesto Sábato explicaba en su libro Antes del fin que quienes pregonan los problemas ambientales son unos locos poco creíbles para la sociedad. La Constitución Nacional (1994) declara el derecho de los ciudadanos argentinos de hoy y del futuro a contar con un ambiente sano y ambientalmente sustentable. La Ley Nacional de Educación incluye entre sus artículos que el ambiente debe ser tema de estudio en las escuelas. La matrícula de las nuevas carreras ambientales de grado y posgrado diseminadas por todo el país explota. Todos los políticos cuentan con un discurso ambiental. En las escuelas, en las calles y en los espacios públicos se pueden leer consignas ambientales. Los organismos no gubernamentales que se dedican a temas ambientales son muchos y tienen un gran predicamento en la sociedad y en los medios. Seminarios de trascendencia planetaria que convocan a especialistas ambientales de todo el mundo se realizan en nuestra ciudad capital.
Y sin embargo:
- Los incendios en los Andes Patagónico-Fueguinos, en la estepa patagónica, en los montes peripampeanos y en muchos otros ambientes argentinos arrasan poblaciones, animales, vegetales y obras humanas, además de las esperanzas compartidas.
- Los bosques y selvas son talados cada día más por grandes empresas transnacionales disminuyendo nuestra amenazada biodiversidad.
- La erosión de los suelos ya es el primer problema ambiental nacional como lo advierte desde hace décadas el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria y condiciona en muchas regiones la sustentabilidad de los suelos y la expansión de la rentabilidad agropecuaria.
- Riesgos tales como las inundaciones y sequías se agravan y extienden al compás del cambio climático y la ineficiencia gubernamental acechando tanto a las poblaciones marginales como a las poblaciones más privilegiadas desde el punto de vista socio-económico.
- La contaminación urbana no sólo arruina paisajes sino afecta la salud ambiental.

- En la eterna puja entre “bichos” y personas parece que van ganando los primeros a juzgar por la eclosión de nuevas enfermedades ya casi olvidadas como el cólera, el dengue o la tuberculosis.

- Cotidianamente en los medios de comunicación aparece el clamor de las personas castigadas por la localización de sus viviendas en cercanías de establecimientos industriales que no guardan normas ambientales primarias en la deposición de sus desechos, especialmente de aquellos que son peligrosos.
- Vastos paisajes rurales se ven disminuidos en su belleza por el eterno revolotear de bolsas de plástico –las he visto en Península Valdés, patrimonio de la humanidad- o la acumulación de montañas de lavarropas, heladeras y otros electrodomésticos oxidados –especialmente perceptibles en las periferias urbanas.
- Hedores insanos se difunden en los caminos periféricos adyacentes a grandes acumulaciones de desechos urbanos, como el “Camino del Buen Aire” –valga la contradicción- en la provincia de Buenos Aires.
- El ruido urbano en el centro de la ciudades y en las encrucijadas de tránsito de barrios periféricos deprime el espíritu, confunde las ideas y perjudica las actividades humanas.

¿No son estos algunos ejemplos de la contradicción entre ecología y economía? En nuestro país es clave: la estabilidad y la convertibilidad tan apreciadas no condicen con la extensión y gravedad de los problemas ambientales argentinos. Antes eran poco reconocidos por la sociedad. Ahora la conciencia ha eclosionado y no es posible negarlos. Sin embargo, todavía hay una singular confusión social respecto a la jerarquía de estos problemas. En la escuela se enseña y en los medios se tratan con énfasis las cuestiones referidas a la mortandad de pingüinos por efecto del petróleo o a la muerte de peces en los arroyos y ríos contaminados. Pero sin embargo no se difunden con la misma intensidad y frecuencia los problemas referidos a la erosión y desertificación o no se da continuidad a la prevención de los riesgos naturales. Pareciera ser que hay consenso social respecto al problema ambiental en sentido amplio, pero también existe un divorcio entre el discurso y los hechos y aquí es donde empieza a tornarse central el papel de la educación ambiental.
La educación ambiental se ha concebido como un proceso de toma de conciencia social sobre los problemas ambientales y sus alternativas de solución. Esta definición, palabras más palabras menos, es socialmente reconocida por la población en general, por quienes participan activamente en pro del ambiente –llamados “ambientalistas”-, por los profesionales y científicos expertos y por los educadores. Sin embargo, hay una distancia notable entre el discurso, es decir, lo que se manifiesta verbalmente y la acción, lo que se hace. La praxis parece no coincidir con las consignas consabidas porque de ser así no sería tan evidente el contraste entre los resultados económicos más felices y los indicadores de la Tierra amenazada consecuentes con el sobre-consumo y la pobreza, raíz de los problemas ambientales.
El saber ambiental es interdisciplinario y ha reunido un marco teórico de gran solidez como se puede advertir en el libro compilado por Enrique Leff, “Ciencias sociales y formación ambiental” (1994) cuya lectura recomiendo. Allí se define que este saber no es un ámbito nuevo del conocimiento o una nueva disciplina sino un campo de conocimiento en el que convergen los aportes de conceptos y metodologías de diversas ciencias que tratan los sistemas ambientales complejos que funcionan como conjuntos de interacciones entre los distintas esferas de la Tierra y el hombre.
La educación ambiental pudo insertarse en los contenidos a enseñar acordados en la escala nacional porque ese saber ambiental estaba desarrollado en los ambientes académicos y profesionales. Es así como todas las áreas curriculares del sistema educativo nacional cuentan con contenidos reconocidos por su carácter ambiental. Como se ha repetido una y mil veces la dimensión ambiental se ha insertado ampliamente en lo que se quiere enseñar y tanto los libros de texto como todo otro tipo de materiales didácticos refleja esa difusión cultural de lo ambiental. Sin embargo, a mi criterio, es posible notar el déficit del conocimiento cabal y profundo sobre los problemas ambientales. En realidad se revela un conocimiento somero, más bien declarativo de docentes, alumnos y comunidad educativa en general sobre los problemas ambientales pero no una formación que culmine en acciones preventivas o activas en pro de solucionarlos. En contrapartida se advierte el hecho positivo de que día a día aumenta la participación ciudadana a través de foros, actividades comunitarias, clubes, bibliotecas populares, fundaciones, etc.; pero con esto no basta.
En cambio de ocuparnos a tiempo de que las poblaciones en riesgo ambiental por la localización de sus viviendas, trabajos o itinerarios ambientales coincidentes con la distribución geográfica de alguna anomalía de la naturaleza en su relación con la sociedad –inundación, contaminación, vulcanismo, tornado, entre otras- sean advertidas de los próximos eventos que podrían afectarlos; lo hacemos “a posteriori”.
En cambio de advertir a los productores agropecuarios que no avancen con sus explotaciones sobre áreas en riesgo de sequía o inundación, desde las políticas gubernamentales se promueve la agricultura y la ganadería especulativas. Luego se lamentan las pérdidas de cosechas o la liquidación de vientres.
En cambio de localizar las nuevas obras de infraestructura previa evaluación de sus impactos ambientales o de construir nuevos establecimientos en las áreas donde la lógica geográfica así lo indica, lamentamos las consecuencias calamitosas de los embalses en la población y el paisaje o deberemos erradicar en un futuro próximo nuevos establecimientos educativos construidos sobre “lagos” subterráneos de arsénico en una provincia de la Argentina árida.
En suma, actuamos sin previsión, no advertimos a sabiendas porque los profesionales responsables y los científicos lo han escrito y difundido, no enseñamos lo suficiente sobre el tema. Porque en caso contrario, los problemas estarían en vías de solución o, por lo menos sus consecuencias, no serían tan nefastas.
Convengamos en que hay déficits notables en política y educación ambientales. La política ambiental de la última década ha sido pródiga en la Argentina en promulgación de leyes, redacción y publicación de documentos y convocatoria a reuniones, seminarios y congresos a instituciones y profesionales que han producido toneladas de informes y publicaciones. En definitiva, se ha concretado una gran burocracia ambiental. Todos estos papeles escritos podrían ser devorados por los intermitentes incendios forestales del sur y centro del país. Por lo demás, hay déficit de aviones para apagar esos infiernos y las poblaciones estarían igualmente a merced esos riesgos ambientales.
En relación con los riesgos es notorio que los sistemas de alerta no funcionan. Agradezcamos que nuestro país se halle exento del recorrido de huracanes y ciclones porque si tuviéramos que evacuar grandes ciudades las catástrofes humanas serían noticia de primera plana mundial al estilo de los ciclones asiáticos o las sequías africanas.
A pesar de que nuestra baja densidad demográfica disminuye el número de víctimas frente a las catástrofes naturales y tecnológicas, refugiados ambientales siempre hay en la Argentina aunque no se difunda su sufrimiento. Entre ellos puedo mencionar a las poblaciones afectadas por la sequía de 1999 en la región chaqueña que las obligó a concentrarse cerca de las áreas donde el abastecimiento de agua era posible porque su ganado moría y sus suelos se resquebrajaban. Lamentablemente esta dramática situación humana no fue noticia en nuestros medios de difusión tan concentrados en las noticias económicas, políticas o de la farándula mediática.
Esta ardua trama ambiental argentina también tiene consecuencias educativas. Hay un desequilibrio notorio entre la densidad de temas ecológicos incluidos en el curriculum vigente y la posibilidad que tienen los docentes de enseñar esos múltiples contenidos. Con muy buen criterio se ha explicado que la educación ambiental requiere un compromiso no sólo curricular sino también institucional y comunitario o social. Pero sin embargo las condiciones en que se desenvuelven las comunidades y las instituciones educativas no promocionan estas acciones. Para enseñar problemas ambientales y alternativas de solución los docentes tienen que tener tiempo institucional para, por ejemplo, aprender las nuevas tecnologías informáticas que los ayudarán a mostrar mapas de riesgo ambiental o para planificar actividades interdisciplinares en combinación con otros docentes representativos de distintas áreas del currículum. Estas condiciones primarias todavía no están dadas y la formación docente estuvo exenta del saber ambiental porque simplemente éste no estaba avanzado cuando estudiaron las actuales camadas que se hallan al frente de clase. Por ello la capacitación docente en educación ambiental es central y surtirá efectos positivos en términos de calidad cuando sea permanente y de gran articulación disciplinar y didáctica.

Lic. Diana Durán


domingo, 5 de agosto de 2007

PROGRAMA

I- EL SISTEMA NATURAL
I.1. La Geografía y su articulación con las Ciencias de la Tierra. Interdisciplinariedad e innovaciones. El Trienio de las Ciencias de la Tierra. El concepto contemporáneo de medio ambiente.
I.2. La noción de sistema y su aplicación a la Tierra. La Tierra como sistema complejo. Complejidad e interrelaciones de los subsistemas integrantes. Los ciclos biogeoquímicos.
I.3. El subsistema climático. La atmósfera. Clima y tiempo. Grandes zonas climáticas mundiales. Cambios climáticos. Atmósfera y vida.
I.4. El subsistema hidrológico. La hidrosfera. El ciclo del agua. Aguas continentales y oceánicas. El balance hídrico. Hidrosfera y vida.
I.5. El subsistema biogeográfico. La biodiversidad. Principales biomas terrestres.
I.6. El subsistema geológico y geomorfológico. La litosfera y las placas tectónicas. El relieve como resultado de procesos endógenos y exógenos. Morfología marina, eólica y glacial. Los procesos de formación del suelo. Grandes conjuntos geomorfológicos mundiales.
I.7. Relaciones naturaleza-sociedad. Transformación de los paisajes naturales. Extracciones y reemplazos en el sistema natural. Los tipos de intervenciones de las sociedades en el sistema natural: uso racional, depredación, degradación. Huellas ambientales.
I.8. Información geográfica y cartografía en distintos soportes (papel y digital), relacionada con el sistema natural. Los Sistemas de Información Geográfica (SIG), herramientas para el análisis y la interpretación del sistema natural.

II- ELEMENTOS Y PROCESOS NATURALES EN DIVERSAS ESCALAS GEOGRÁFICAS
II.1. La dimensión geográfica de los problemas ambientales. Aspectos conceptuales.
II.2. Los problemas ambientales planetarios, regionales, nacionales y locales y su interrelación con el sistema social. Problemas planetarios: Cambio climático global (calentamiento global, deterioro de la capa de ozono, lluvias ácidas) y sus consecuencias en distintos escenarios geográficos. La cuestión de la disminución de la biodiversidad. La crisis mundial del agua. Estudios de caso y alternativas de solución. Problemas regionales: La erosión de los suelos. La deforestación. La desertificación. Estudios de caso y alternativas de solución. Cartografía sobre los problemas ambientales.
II.3. Los riesgos naturales (endógenos y exógenos). Vulcanismo. Terremotos. Sequías e inundaciones. Otros riesgos. Conceptos de riesgo, amenaza y vulnerabilidad. Estudios de caso. Prevención de los riesgos. Sistema mundial de alerta de catástrofes. Cartografía de riesgo.
II.4. Los impactos ambientales: la cuestión de la contaminación ambiental (del agua, aire, suelo, fauna, flora y humana), el impacto de las obras de infraestructura. La evaluación del impacto ambiental. Aplicación a las realidades locales. Estudios de caso y alternativas de solución.

III- VALORACIÓN SOCIAL DE LOS ELEMENTOS Y PROCESOS NATURALES
III.1. Los recursos naturales. Diversas clasificaciones. Renovables o de flujo (zona crítica y no crítica) y agotables o de stock (consumidos por uso, teóricamente reciclables y reciclables). Agua, aire, flora, fauna, suelos, combustibles fósiles, minerales metálicos, fuentes de energía. La apropiación de los recursos naturales. Tasa de renovabilidad o de reposición.
III.2. El paisaje como recurso. Clasificación de los paisajes. Conservación.
III.2. Medio ambiente y desarrollo sustentable. Organización del territorio. Ordenamiento ambiental. Ética para la sustentabilidad. Conciencia ambiental y participación ciudadana. El papel de los actores sociales. Los organismos internacionales y el medio ambiente. La acción de la sociedad civil.

IV- LA EDUCACIÓN GEOGRÁFICA Y SUS VINCULACIONES CON LA EDUCACIÓN AMBIENTAL.
IV.1. Educación ambiental: definiciones y antecedentes. Teoría y práctica. Enfoques: activo, interdisciplinario, problemático, comunitario. Transversalidad. Relaciones con la Educación Geográfica.
IV.2. Proyectos de investigación escolar. Aprendizaje – servicio: innovaciones propuestas por la educación solidaria en educación ambiental. Análisis de casos. La Agenda XXI Escolar Ambiental.
IV.3. Componentes básicas y alternativas metodológicas: aplicación de los principios de globalización, espiralación y estructuración. Selección de contenidos curriculares. Valores de convivencia. Educación solidaria en relación con la Educación Ambiental.
IV.4. Los proyectos de Educación Ambiental en el ámbito de la Geografía. Cuestiones curriculares referidas al modelo didáctico. Estrategias áulicas. Propósitos, contenidos, estrategias metodológicas y evaluación. Organización de los contenidos (ejes organizadores, ideas básicas, ejes temáticos, redes conceptuales, formulación de proyectos de investigación y proyección comunitaria).

BIBLIOGRAFÍA

CONESA FERNÁNDEZ –VÍTORA, V. (1997) Guía metodológica para la evaluación del impacto ambiental. Madrid. Ediciones Mundi-Prensa.
DURÁN, DIANA. LARA, ALBINA. (1994). Convivir en la Tierra. Buenos Aires. Fundación Educambiente. Buenos Aires. Lugar Editorial.
DURÁN, DIANA. (2000). El Crepúsculo de la Buena Tierra. Raíces geográficas de la educación ambiental. Buenos Aires. Lugar Editorial.
DURAN, DIANA. (2001) Escuela, ambiente y comunidad. Integración de la educación ambiental y el aprendizaje-servicio. Buenos Aires. Fundación Educambiente. Programa Escuela y Comunidad del Ministerio de Educación.
DURÁN, DIANA. (Comp.) 1998. La Argentina ambiental. Naturaleza y sociedad. Buenos Aires. Lugar Editorial.
FUNDAMENTACIÓN EDUCAMBIENTE. Conclusiones del Foro Participativo juvenil. Recuperación y uso sustentable de la ribera metropolitana. Buenos Aires.
LEFF, ENRIQUE (1994) Ciencias sociales y formación ambiental. Barcelona. GEDISA.
NOVO, MARÍA. LARA, RAMÓN. (1997) El análisis interdisciplinar de la problemática ambiental. Madrid. Universidad Nacional de educación a distancia. Cátedra UNESCO de Educación Ambiental. Madrid. UNESCO. PNUMA.
PARDO DÍAZ, ALBERTO. (1995) La educación ambiental como proyecto. Barcelona. ICE. HORSORI. Universitat de Barcelona.
PRIOTO, Guillermo (Comp.) (2006) Educación ambiental para el desarrollo sustentable. Aportes y apuntes del 1er Congreso de Educación ambiental para el desarrollo sustentable de la República Argentina. Buenos Aires. CTERA. Ediciones Marina Vilte. Miño y Dávila Ediciones.
RAMOS, ANGEL (Coord.) (1987)Diccionario de la Naturaleza. Madrid. Espasa Calpe.
STRAHLER, A. STRAHLER, A. H. (1997) Geografía Física. Barcelona. Omega.