Sergio Páez y Diana Durán
El espacio geográfico argentino es un
escenario dinámico donde interactúan de manera constante los subsistemas
naturales y los humanos.
Dentro de los factores que alteran la estabilidad de estos sistemas, el fenómeno de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS) se destaca como uno de los modificadores atmosféricos más potentes a escala global. El ENOS consiste en un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Océano Pacífico Ecuatorial, cuyas conexiones atmosféricas perturban el régimen de precipitaciones y temperaturas en el cono sur americano.
La llegada de El Niño plantea desafíos profundos para la geografía física y humana del país. El análisis geográfico actual revela un incremento acelerado en la velocidad de transición de la fase neutra hacia el calentamiento oceánico, y genera alarmas ante la posibilidad de un evento de gran intensidad.
Este artículo aborda las consecuencias geográficas de este fenómeno a través de sus impactos diferenciados en el territorio, la vulnerabilidad de las áreas urbanas y rurales, y la necesidad estructural de una gestión integral del riesgo.
El impacto asimétrico en el espacio geográfico argentino
Desde una perspectiva de la geografía física, el territorio argentino no experimenta los efectos de El Niño de manera uniforme. La extensión latitudinal del país y la disposición de sus relieves generan respuestas climáticas e hidrológicas marcadamente diferenciadas.
Regiones del Noreste (NEA) y Pampeana
Estas áreas constituyen las zonas con mayor susceptibilidad a los efectos hídricos de El Niño. Las perturbaciones en la Circulación de Walker modifican el flujo de vientos alisios, lo que intensifica el ingreso de masas de aire cálido y húmedo provenientes del anticiclón del Atlántico Sur hacia el interior continental. La consecuencia directa es un incremento sustancial en el volumen y frecuencia de las precipitaciones durante los meses de invierno y primavera. Cuencas hídricas de gran envergadura, como la del Río de la Plata, sufren saturación de suelos e incrementos críticos en los caudales de los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay.
Regiones del Noroeste (NOA), Cuyo y Patagonia
En contraste con el este húmedo, los sectores occidentales y cordilleranos exhiben comportamientos opuestos. En el Noroeste Argentino (NOA) y el norte de Cuyo, las proyecciones climáticas sugieren un invierno con precipitaciones por debajo de la media histórica, acentuando los rasgos de aridez invernal estructural de la región. No obstante, en amplias zonas del centro y norte patagónico se prevé un comportamiento de humedad variable, con incrementos de lluvias locales que rompen con los esquemas de sequías de años anteriores.
Geografía económica y vulnerabilidad agraria
El espacio rural argentino, organizado principalmente en torno al modelo agroexportador, sufre una profunda reconfiguración logística y productiva ante los efectos de El Niño. La relación entre clima y sociedad se vuelve crítica en la zona núcleo pampeana.
Por un lado, el incremento de la humedad edáfica (del suelo) tras ciclos prolongados de sequía extrema (por efecto de La Niña) actúa inicialmente como un factor dinamizador para la recarga de los perfiles hídricos de la tierra, favoreciendo la planificación de cultivos de verano como la soja y el maíz. Sin embargo, cuando el evento meteorológico evoluciona hacia una intensidad severa —el denominado "Súper Niño"—, el beneficio se transforma en perjuicio. Los anegamientos prolongados de campos provocan la pérdida total de lotes por asfixia radicular, se retrasan los calendarios de siembra y propician la proliferación de plagas y enfermedades fúngicas.
Asimismo, la geografía del transporte y las redes de circulación colapsan. Los caminos rurales y las rutas secundarias sin pavimentar pierden transitabilidad: se aíslan las colonias agrícolas y se paraliza el flujo de mercancías hacia los principales nodos portuarios del Gran Rosario y el frente fluvial bonaerense.
Vulnerabilidad urbana y riesgo social
La geografía urbana contemporánea permite entender cómo los eventos naturales extremos se traducen en desastres sociales debido a las falencias en el ordenamiento territorial. El aumento de lluvias intensas se traduce en severas inundaciones y anegamientos dentro de los principales aglomerados urbanos del país, tales como el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), Santa Fe y Resistencia.
Las inundaciones no son catástrofes naturales, sino el resultado combinado de la amenaza climática y la vulnerabilidad social preexistente en el espacio construido.
El crecimiento urbano no planificado en valles de inundación y humedales reduce de forma drástica la capacidad de infiltración del suelo debido a la impermeabilización que produce el hormigón. Las poblaciones socioeconómicamente más vulnerables, asentadas en asentamientos informales ubicados en las periferias inundables y cuencas degradadas (como las de los ríos Matanza-Riachuelo o Reconquista), experimentan el mayor nivel de riesgo.
Los desplazamientos forzados, la pérdida de bienes materiales y el brote de vectores sanitarios (como el mosquito transmisor del dengue, potenciado por las temperaturas invernales inusualmente altas) exponen la inequidad socioespacial en la distribución del riesgo ambiental.
Corolario
La llegada del fenómeno de El Niño a la Argentina expone de manera nítida la fragilidad de las interacciones entre los ciclos climáticos globales y la organización del espacio nacional. La mirada geográfica nos enseña que el impacto del fenómeno no reside únicamente en los milímetros de agua caídos o en el aumento de las temperaturas superficiales del mar a miles de kilómetros de distancia, sino en la capacidad de respuesta, adaptación y resiliencia de los distintos territorios y actores sociales.
Para mitigar los efectos de este escenario climático, se vuelve imperioso trascender la respuesta de emergencia ante el desastre y avanzar hacia políticas de Estado sólidas basadas en el ordenamiento ambiental del territorio, la inversión en infraestructura hidráulica resiliente y el fortalecimiento de los sistemas de alerta temprana liderados por organismos técnicos. Solo mediante una comprensión profunda y multidimensional del espacio geográfico se podrá transformar la amenaza de El Niño en un factor gestionable que no comprometa el desarrollo humano, económico y ambiental de la nación.
La educación ambiental, entendida como un proceso de concientización y promoción social sobre los problemas ambientales y sus alternativas de solución, es también una respuesta preventiva a estos fenómenos globales de efectos regionales.
Bibliografía consultada
Clarín. (2026, 1 de junio). Llega "El
Niño" y el primer impacto del fenómeno ya se nota en el nuevo pronóstico
del clima para este invierno. Clarín. https://www.clarin.com/sociedad/llega-nino-primer-impacto-fenomeno-nota-nuevo-pronostico-clima-invierno_0_gY5OoHV1iT.html
Federación Internacional de Sociedades de la
Cruz Roja y de la Media Luna Roja [IFRC]. (2026, 28 de abril). "El
Niño" 2026: ¿Cómo nos preparamos para sus efectos en América Latina y el
Caribe? https://www.ifrc.org/es/articulo/el-nino-2026-como-nos-preparamos-para-sus-efectos-en-america-latina-y-el-caribe
Instituto Geográfico Nacional [IGN].
(s.f.). Los efectos de “El Niño” y “La Niña” y su monitoreo en Argentina.
Ministerio de Defensa. https://www.ign.gob.ar/content/efectos-el-ninio-y-la-ninia-en-argentina
Servicio Meteorológico Nacional [SMN].
(2026). Boletín Climatológico Trimestral: Tendencias de Precipitación y
Temperatura para el Trimestre Junio-Julio-Agosto 2026. Ministerio de Defensa.
PARA AMPLIAR EL TEMA
Proyecciones
sobre El Niño 2026


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