El "Corredor Verde", mosaico de paisajes que incluye áreas protegidas, propiedades privadas de usos diversos, colonias agrícolas, comunidades aborígenes y variadas situaciones socioeconómicas; también, áreas de conflictos en el uso y tenencia de la tierra.
ACTUALIZACIÓN IA 2026
El Corredor Verde de la Selva Misionera, creado en 1999, es el primer corredor biológico de Argentina, abarcando más de 1 millón de hectáreas (un tercio de Misiones) para conectar áreas protegidas, fincas privadas y comunidades. Su objetivo es preservar la biodiversidad de la Selva Paranaense, proteger cuencas hídricas y fomentar el desarrollo sostenible en 22 municipios.
El incendio que se desató el domingo 24 de febrero en el Parque Nacional Los Alerces permanecía la noche del 27, fuera de control y ya abarcaba aproximadamente mil hectáreas, según autoridades chubutenses. La Intendencia del Parque Nacional Los Alerces informa el 25 de febrero que el incendio adquirió comportamiento explosivo, como resultado de la sequía acumulada en la zona, las altas temperaturas y baja humedad relativa, sumándose los vientos que se incrementaron hacia la tarde. Como consecuencia, el incendio incrementó su superficie propagándose en todas las direcciones y sectores de su perímetro, triplicando en pocas horas su superficie, abarcando más de 700 hectáreas, amenazando infraestructuras y viviendas rurales, además de consumir bosques y pastizales.
La armonía del paisaje en el sur bonaerense. Ventania.
LA DIMENSIÓN GEOGRÁFICA DE LA SUSTENTABILIDAD. DRA. DIANA DURÁN
El
concepto de sustentabilidad se funda en el reconocimiento de los límites y
potenciales de la naturaleza, así como la complejidad ambiental, inspirando una
nueva comprensión del mundo para enfrentar los desafíos de la humanidad en el
tercer milenio.
El
concepto de sustentabilidad promueve una nueva alianza naturaleza-cultura
fundando una nueva economía, reorientando los potenciales de la ciencia y la
tecnología, y construyendo una nueva cultura política fundada en una ética de
la sustentabilidad –en valores, creencias, sentimientos y saberes– que renuevan
los sentidos existenciales, los mundos de vida y las formas de habitar el
planeta Tierra.
La
sustentabilidad en clave temporal
La
aparición y difusión del término desarrollo sostenible o sustentable ha
acompañado al proceso de concientización ambiental de la sociedad global.
Inicialmente
este concepto se relacionaba –aún con contradicciones-, con el crecimiento
económico, pues no se consideraba en profundidad los objetivos de mantenimiento
de las bases naturales del ambiente y los procesos de deterioro de los recursos
naturales en las distintas escalas geográficas.
Recién
hacia finales de los años sesenta y principios de los setenta que la crisis
ambiental planetaria comienza a tener consideración en los foros mundiales
tanto gubernamentales como no gubernamentales.
El
debate medio ambiente – desarrollo, suscitado en esos momentos-, reveló que los
problemas ambientales se manifiestan de manera distinta según se trate de
países desarrollados o de países en desarrollo. A grandes rasgos es posible
señalar que los primeros sobreutilizan los recursos naturales, mientras los
segundos los subutilizan; si bien en la actual era de la globalización, además,
los países desarrollados sobreutlizan los recursos del resto de los países a
través de la apertura del comercio internacional y el deterioro de los términos
de intercambio y el peso impuesto por las deudas externas. En definitiva, los
países desarrollados han sido los focos originarios de los problemas
ambientales que se “exportaron” a las áreas de concentración urbano-industrial
de los países en desarrollo.
La
noción moderna de desarrollo sustentable tiene su origen en el debate iniciado
en 1972 en Estocolmo(2) y consolidado veinte años más tarde en Rio de Janeiro.
El término desarrollo sustentable aparece con la Estrategia
Mundial de Conservación(3) de 1980, que fue el aporte más conocido al problema
de las interrelaciones entre la naturaleza y la sociedad. A pesar de la
variedad de interpretaciones existentes en el discurso político y los debates
académicos, se adoptó internacionalmente la definición sugerida por la Comisión
Mundial sobre Medio Ambiente y Desarrollo, presidida por la entonces Primera
Ministra de Noruega, Gro Brundtland en 1987.
La
definición más repetida y difundida sobre el concepto es que el desarrollo
sustentable es aquél que “es capaz de cubrir las necesidades del presente sin
comprometer las posibilidades de las futuras generaciones para satisfacer sus
propias necesidades” (CMMAD, 1992).
Esta
definición de sustentabilidad incluye dos ideas clave:
–
La “necesidad” de considerar a las generaciones presentes y futuras en tal
conceptualización, y
– la “limitación” impuesta al ambiente por el estado de la tecnología y la
organización social en cada contexto histórico-geográfico.
En
realidad, el discurso sobre la sustentabilidad fue una respuesta a la escuela
de los límites del crecimiento, que desde los años setenta venía postulando la
inexorable presión del crecimiento económico sobre la naturaleza.
Frente a esta visión catastrofista, el enfoque de la sustentabilidad es más
flexible, al señalar que los daños ecológicos ocurren cotidianamente, de una
manera gradual y sobre unas tasas o límites ambientales variables.
Un resultado institucional importante de CNUMAD fue la creación de la Comisión
sobre el Desarrollo Sostenible (CDS) en diciembre de 1992 para asegurar un
seguimiento efectivo de CNUMAD y para controlar e informar acerca de la
ejecución de los acuerdos de la Cumbre para la Tierra a escala local, nacional,
regional e internacional.
La
Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible realizada en Johannesburgo en
2002 marca el cierre de este ciclo centrándose en el multilateralismo como una
estrategia clave para el cumplimiento y la aplicación del desarrollo
sustentable. Es así como estas cumbres sirvieron de plataforma para incorporar
la idea del desarrollo sustentable en los planes de acción local, regional y
global(4) .
El
concepto de sustentabilidad
En
este acápite adoptaremos una conceptualización de sustentabilidad operativa
para la mejor comprensión de su complejidad y en vistas de la necesidad de
superar ciertas nociones relacionadas con el crecimiento económico basadas en
el neoliberalismo.
El
concepto de sustentabilidad se funda en el reconocimiento de los límites y
potenciales de la naturaleza, así como la complejidad ambiental, inspirando una
nueva comprensión del mundo para enfrentar los desafíos de la humanidad en el
tercer milenio. El concepto de sustentabilidad promueve una nueva alianza
naturaleza-cultura fundando una nueva economía, reorientando los potenciales de
la ciencia y la tecnología, y construyendo una nueva cultura política fundada
en una ética de la sustentabilidad –en valores, creencias, sentimientos y
saberes– que renuevan los sentidos existenciales, los mundos de vida y las
formas de habitar el planeta Tierra.(5)
La
sustentabilidad presenta diversas dimensiones dada su complejidad
Para
definir cabalmente la sustentabilidad es necesario considerar todas sus
dimensiones de manera articulada, dado que, en caso contrario, se cae en
reduccionismos inconducentes.
En
tal sentido, en este módulo daremos cuenta, entre otras dimensiones, de:
• La sustentabilidad ecológica o ambiental que exige que el desarrollo sea
compatible con el mantenimiento de los procesos ecológicos, la diversidad
biológica y la base de los recursos naturales.
• La sustentabilidad social que requiere que el desarrollo aspire a fortalecer
la identidad de las comunidades y a lograr el equilibrio demográfico y la
erradicación de la pobreza.
• La sustentabilidad económica que demanda un desarrollo económicamente
eficiente y equitativo dentro y entre las generaciones presentes y futuras.
• La sustentabilidad geográfica que requiere valorar la dimensión territorial
de los distintos ambientes. Se trata de una nueva perspectiva o dimensión ya
que a pesar de que existe consenso, en los foros internacionales, sobre la
importancia y dimensiones de este concepto; la realidad es que su aplicación en
distintas escalas geográficas, especialmente en las escalas nacional, regional
y local es todavía muy incipiente. Además, existe una subvaloración de la
dimensión territorial que puede traer consecuencias negativas en la
planificación del desarrollo sostenible.
Por
lo demás, también se considera la sustentabilidad cultural, política y la
dimensión educativa para completar el carácter complejo que abarca este
concepto.
La
dimensión ecológica o ambiental
La
dimensión ecológica de la sustentabilidad promueve la protección de los
recursos naturales necesarios para la seguridad alimentaria y energética y, al
mismo tiempo, comprende el requerimiento de la expansión de la producción para
satisfacer a las poblaciones en crecimiento demográfico. Se intenta así superar
la dicotomía medio ambiente-desarrollo, aspecto nada sencillo a juzgar por los
impactos ambientales de los modelos económicos neoliberales vigentes en el
mundo contemporáneo.
La
dimensión ecológica de la sustentabilidad está condicionada por la provisión de
recursos naturales y de servicios ambientales de un espacio geográfico. Es
posible advertir que si bien la abundancia de recursos naturales no garantiza
el carácter endógeno del desarrollo sustentable, como lo demuestra la
circunstancia de tantos países subdesarrollados que poseen una importante
dotación de recursos hídricos, minerales o energéticos; no hay duda de que
constituye el potencial básico del desarrollo territorial.
Es
fundamental incorporar la dimensión ecológica en la toma de decisiones
políticas y, asimismo, es necesario examinar las consecuencias ambientales de
la apropiación de los recursos naturales que cada sociedad promueve en las
distintas etapas históricas.
La
sustentabilidad ecológica se refiere a la relación con la capacidad de carga de
los ecosistemas, es decir, a la magnitud de la naturaleza para absorber y
recomponerse de las influencias antrópicas.
La
capacidad de carga es el máximo número de personas que pueden ser soportadas
por los recursos de un territorio y se define normalmente en relación a la
máxima población sustentable, al mínimo nivel de vida imprescindible para la
supervivencia. El concepto de capacidad de carga permite evaluar los límites
máximos del crecimiento de la población según diversos niveles tecnológicos(6)
.
La
capacidad de carga puede tener también varios significados. Cuando se trata de
recursos renovables (reservas de aguas subterráneas, árboles y vegetales
diversos, peces y otros animales) este concepto se refiere al rendimiento
máximo que se puede obtener indefinidamente sin poner en peligro el capital
futuro de cada recurso. En el caso de la contaminación (vertidos líquidos y
gaseosos en ríos, lagos, océanos y en la atmósfera) la capacidad de carga se
refiere a las cantidades de productos contaminantes que estos receptores pueden
absorber antes de ser irremediablemente alterados.(7)
Para
el caso de los recursos naturales renovables, la tasa de utilización debiera
ser equivalente a la tasa de recomposición del recurso. Para los recursos
naturales no renovables, la tasa de utilización debe equivaler a la tasa de
sustitución del recurso en el proceso productivo, por el período de tiempo
previsto para su agotamiento (medido por las reservas actuales y por la tasa de
utilización). Si se toma en cuenta que su propio carácter de “no renovable”
impide un uso indefinidamente sustentable, hay que limitar el ritmo de
utilización del recurso al período estimado para la aparición de nuevos
sustitutos. Esto requiere, entre otros aspectos, que las inversiones realizadas
para la explotación de recursos naturales no renovables, a fin de resultar
sustentables, deben ser proporcionales a las inversiones asignadas para la
búsqueda de sustitutos, en particular las inversiones en ciencia y
tecnología(8) .
La
dimensión social
Sabido
es que el origen de los problemas ambientales guarda una relación estrecha con
los estilos de desarrollo de las sociedades desarrolladas y subdesarrolladas.
Mientras en las primeras el sobreconsumo provoca insustentabilidad, en las
segundas es la pobreza la causa primaria de la subutilización de los recursos
naturales y de situaciones de ausencia de cobertura de las necesidades básicas
que dan lugar a problemas como la deforestación, la contaminación o la erosión
de los suelos.
En
relación con la sustentabilidad social, debemos tener en cuenta que ella
implica promover un nuevo estilo de desarrollo que favorezca el acceso y uso de
los recursos naturales y la preservación de la biodiversidad y que sea
“socialmente sustentable en la reducción de la pobreza y de las desigualdades
sociales y promueva la justicia y la equidad; que sea culturalmente sustentable
en la conservación del sistema de valores, prácticas y símbolos de identidad
que, pese a su evolución y reactualización permanente, determinan la
integración nacional a través de los tiempos; y que sea políticamente
sustentable al profundizar la democracia y garantizar el acceso y la
participación de todos en la toma de decisiones públicas. Este nuevo estilo de
desarrollo tiene como norte una nueva ética del desarrollo, una ética en la
cual los objetivos económicos del progreso estén subordinados a las leyes de
funcionamiento de los sistemas naturales y a los criterios de respeto a la
dignidad humana y de mejoría de la calidad de vida de las personas”(9) . En
relación con estas apreciaciones de Guimarães, la dimensión aludida se
relaciona estrechamente, además, con los aspectos culturales y políticos de las
sociedades.
Pero
no sólo la sustentabilidad deberá promover cambios cualitativos en el bienestar
de las sociedades y afianzar el equilibrio ambiental planetario, sino que
deberá considerar la dimensión social en su más profundo sentido.
Esto
se comprende si se expresa que es natural que un ser humano en situación de
extrema pobreza, exclusión o marginalidad no pueda tener un compromiso estrecho
con la sustentabilidad. Por ejemplo, no se le podrá pedir a quienes no tienen
leña para calefaccionar sus hogares que no talen de manera desmedida los
árboles cercanos a sus casas o sobreconsuman las especies y sobrepastoreen los
suelos con sus ganados. En sentido contrario, en situaciones de riqueza, las
poblaciones tienden al sobreconsumo y, por lo tanto, tampoco se comprometerán
con la sustentabilidad, hecho que es notorio en las grandes ciudades, en las
que la cultura del shopping, la comida chatarra, el gasto exagerado de energía
y agua es moneda corriente.
En
términos de la relación entre estos dos extremos de la sociedad, no hay duda
que la inserción privilegiada de unos –los ricos-, en el proceso de
acumulación, y por ende en el acceso y uso de los recursos y servicios de la
naturaleza, les permite transferir a los otros –los pobres-, los costos
sociales y ambientales de la insustentabilidad a los sectores subordinados o
excluidos. Ello implica, especialmente en los países periféricos, con graves
problemas de pobreza, desigualdad y exclusión, que los fundamentos sociales de
la sustentabilidad suponen postular como criterios básicos de política pública
los de la justicia distributiva, para el caso de bienes y de servicios, y los
de la universalización de cobertura, para las políticas globales de educación, salud,
vivienda y seguridad social(10) .
Guimarães
también aporta el concepto de actores sociales de la sustentabilidad al
referirse a los componentes básicos de la sustentabilidad, como son el sustento
del stock de recursos y la calidad ambiental para la satisfacción de las
necesidades básicas de las poblaciones. Desde este punto de vista es necesario
considerar a las generaciones actuales y futuras, que son extrañas al mercado,
ya que responden a la asignación óptima de recursos en el corto plazo y no en
el largo plazo. Lo mismo se aplica, con mayor razón, al tipo específico de
escasez actual. Si la escasez de recursos naturales puede, aunque
imperfectamente, ser afrontada en el mercado, elementos como el equilibrio
climático, la capa de ozono, la biodiversidad o la capacidad de recuperación del
ecosistema trascienden a la acción del mercado.
En
el siguiente gráfico, se aprecia la inclusión de los actores sociales en el
contexto de sus interacciones con los distintos componentes del Estado.
Sería
muy difícil encontrar un actor social que estuviera en contra del desarrollo
sustentable. Entonces es necesario plantear: ¿cuáles son los actores sociales
promotores del desarrollo sustentable?
Hoy
convivimos con dos realidades contrapuestas. Por un lado, los actores sociales
concuerdan en que el estilo actual se ha agotado y es decididamente
insustentable, no sólo desde el punto de vista económico y ambiental, sino
principalmente en lo que se refiere a la justicia social.(12) Por el otro, no
se adoptan las medidas requeridas para la transformación de las instituciones
que dieron sustento al estilo de vida actual. El concepto de sustentabilidad
supondría una restricción ambiental al proceso económico, sin afrontar todavía
los procesos institucionales y políticos que regulan la propiedad, control,
acceso y uso de los recursos naturales y de los servicios ambientales.
La
creciente importancia dada a los criterios de consumo y de producción
sustentable es un objetivo que los países alcanzarán cuando comiencen a
reconocer que la sustentabilidad demanda un enfoque estratégico a largo plazo
para transformar las causas que provocan los problemas ambientales. En relación
con el tema de los patrones de consumo es posible señalar que ellos están
determinado por una red de actores y mecanismos que pueden sintetizarse en: el
precio de los bienes y servicios, las características de la infraestructura
(vivienda, energía, transportes), los presupuestos individuales y
empresariales, el perfil de actividad de los particulares y las empresas y las
alternativas en los modos de vida. Los diferentes niveles de influencias y
vínculos de interdependencia dentro de estas redes destacan aspectos
condicionantes que los gobiernos deben considerar para operar los cambios
sustentables(13) .
La
dimensión económica
El
debate economía – medio ambiente es uno de los que ha suscitado las polémicas
más arduas en términos de su relación con la sustentabilidad. Se ha señalado
con razón que aún la ciencia económica no tiene una respuesta convincente a la
crítica ecológica. La economía falla al valorar la riqueza global de las
naciones, sus recursos naturales y especialmente los precios de las materias
primas. Por ejemplo, si nos referimos al precio de los recursos energéticos
agotables, es evidente que su valoración siempre es menor que la real en
términos de su preservación para las futuras generaciones. También es posible
cuestionarse si el precio que las industrias tienen que pagar por insertar
residuos no reciclados al ambiente tampoco sea el racional. Entonces, cuáles serán
los precios adecuados. Aquí se incorpora usualmente la noción de externalidades
como los aspectos ambientales que no tienen valoración cuantitativa en la
contabilidad o en el proceso de producción. De allí la importancia de valorizar
los recursos al menos por su costo de reposición y construir con ellos por
ejemplo, cuentas del patrimonio natural para saber qué y cuánto tenemos, cómo
lo podríamos usar en diferentes alternativas y cuánto nos queda en cada caso.
Para
desarrollar el tema de la dimensión económica de la sustentabilidad se puede
plantear la pregunta: ¿es posible la sostenibilidad ambiental con la economía
de mercado?(14) Esta cuestión requiere de un debate en el que se requiere
admitir como modelo económico sostenible desde el punto de vista ambiental a
aquél que se adecua a los ciclos biogeoquímicos de la materia, y le permite así
perpetuarse en el tiempo. Existen una serie de acuerdos que al establecer
determinadas metas ambientales, de manera de influir en las formas, productos y
subproductos de las actividades económicas. Existen también normas que
promueven influir en la mejora ambiental de la actividad de una empresa, pero
cuya aceptación y desarrollo son plenamente voluntarias, (normas ISO 14000). A
otra escala, también existen procedimientos de evaluación de los impactos
ambientales generados por un proyecto o actividad.
Pero
sin duda la pregunta trae a colación, según el mismo autor, otra que plantea:
¿es posible hacer sostenible la relación que mantienen la economía y el medio
natural sin cambiar el modelo económico? El modelo económico actual se basa en
la búsqueda de la plusvalía. Toda actividad está hecha a través de esta lógica,
en la que además el interés privado prevalece sobre el interés colectivo. El
dueño de los recursos tiene derecho a explotarlos de la forma que mejor
convenga a sus intereses, es decir de la forma que mayor plusvalía obtenga.
Visto el panorama, las administraciones parecen intentar hacer lo posible por
que la mayor plusvalía se obtenga realizando actividades sostenibles, ya sea
mediante ayudas a la mejora tecnológica o certificando sellos que mejoren la
imagen de la empresa. Pero el camino andado en este sentido ya que sólo se
producen mejoras parciales y el modelo económico sigue siendo insostenible.(15)
La
dimensión cultural
La
evolución de la sociedad hacia estilos de producción y consumo sustentables
implica un cambio en el modelo de civilización hoy dominante, particularmente
en lo que se refiere a los patrones culturales de relación sociedad-naturaleza.
“La adecuada comprensión de la crisis supone pues el reconocimiento de que ésta
se refiere al agotamiento de un estilo de desarrollo ecológicamente depredador,
socialmente perverso, políticamente injusto, culturalmente alienado y
éticamente repulsivo. Lo que está en juego es la superación de los paradigmas
de la modernidad que han estado definiendo la orientación del proceso de
desarrollo. En ese sentido, quizás la modernidad emergente en el Tercer Milenio
sea la `modernidad de la sustentabilidad´, en donde el ser humano vuelva a ser
parte de la naturaleza”(16).
La
sustentabilidad no sólo debería promover la productividad de la base de los
recursos y la integridad de los sistemas ecológicos, sino también los patrones
culturales y la diversidad cultural de los pueblos.
Actualmente,
la principal causa de la insustentabilidad posee una dimensión cultural, según
cómo sea la cosmovisión o forma de ver el mundo. Desde ésta perspectiva, la
cultura occidental contemporánea es insustentable. Su relación con el entorno
se fundamenta en la idea de la apropiación de la naturaleza como una inagotable
fuente de recursos.
La
sustentabilidad cultural comprende la situación de equidad que promueve que los
miembros de una comunidad o país, tengan acceso igual a oportunidades de
educación y aprendizaje de valores congruentes con un mundo crecientemente
multicultural y multilingüe y de una noción de respeto y solidaridad en
términos de sus modos de vida y formas de relación con la naturaleza.
La
dimensión geográfica
El
«Informe sobre los Recursos Mundiales – 1992», elaborado por el PNUD, enfoca el
desarrollo sustentable como un proceso que requiere un progreso simultáneo
global en las diversas dimensiones: económica, humana, ambiental y tecnológica.
Como se ve, inicialmente se soslayaba la dimensión geográfica en su significado
específicamente territorial, pues el ambiental está naturalmente explicitado.
Si
se tiene en cuenta la dimensión geográfica de la sustentabilidad se advierte
que tendrá diferentes interpretaciones para una aldea africana, una
aglomeración latinoamericana o una nación industrializada europea. Tal vez la
sustentabilidad sea más relevante para un estado industrial por el deterioro
que es ostensible, mientras la sustentabilidad no sea aún “consciente” para una
aldea africana y, demás está decirlo, ha sido practicada por las culturas
precolombinas.
Las
dimensión geográfica –también denominada territorial-, de la sustentabilidad
constituye uno de los principales desafíos de las políticas públicas
contemporáneas –de ordenamiento y planificación ambiental-, que requiere
territorializar la sustentabilidad ambiental y social del desarrollo y, a la
vez, sustentabilizar el desarrollo de las regiones, es decir, garantizar que
las actividades productivas de las distintas economías regionales promuevan la
calidad de vida de la población y protejan el patrimonio natural para
resguardarlos para las generaciones venideras(17).
La
afirmación del Informe sobre recursos naturales de que no existen ejemplos de
desarrollo sustentable a nivel nacional y que ni los países industriales, ni
las economías emergentes, por ejemplo, de Asia Suroriental, ofrecen modelos
adecuados, se sustenta en que todavía ha sido poco considerada su dimensión
geográfica en términos de ordenación territorial. Se plantea entonces ¿cuál es
la viabilidad del desarrollo sustentable en los países latinoamericanos, por
ejemplo, frente a políticas macroeconómicas de altísimos impactos ambientales y
territoriales negativos? El modo de equilibrar el actual modelo de
«subdesarrollo insustentable»(18) es mediante la inserción de la dimensión
ambiental y de la dimensión geográfica en la política, aspectos insuficientemente
relevantes en los países latinoamericanos en los que se difunde un discurso
ambiental pero no una verdadera política ambiental.
La
dimensión geográfica de la sustentabilidad implica el progreso armónico de los
distintos sistemas espaciales/ambientales, atenuando las disparidades y
disfuncionalidades del territorio, además de promover sus potencialidades y
limitar las vulnerabilidades. La dimensión territorial en la acción y gestión
de gobierno constituye una visión globalizadora del desarrollo, un corte
horizontal en la integración de los diferentes sectores y niveles
gubernamentales. «El objetivo final de la ordenación territorial es lograr una
relación armónica entre el medio ambiente y los asentamientos humanos con el
propósito de disminuir las desigualdades regionales y lograr un desarrollo
socialmente equilibrado, respetando la naturaleza»(19). Para lograr ese
objetivo es necesario pensar que la relación hombre-ambiente no se define a
través de generalizaciones macro sino en una escala de relevancia inmediata, de
vida. Es la escala local y su integración en la escala regional, un principio
de organización fundamental que requiere autonomía de decisiones.
La
defensa de los grupos indígenas y rurales contra las industrias extractivas,
las grandes represas, la deforestación comercial o las plantaciones uniformes
de árboles, la resistencia de los organismos no gubernamentales genuinos, es
parte de la defensa de la identidad de los pueblos. Ahora bien, la semejanza
estructural de muchos conflictos ecológicos alrededor del mundo en culturas muy
diferentes, también el hecho que el concepto de justicia ambiental sea usado no
sólo en Estados Unidos sino en Brasil y en Sudáfrica, teniendo en cuenta la
dimensión geográfica de la sustentabilidad permite afirmar que los conflictos
ecológico-distributivos no deben ser vistos como expresiones de la política de
la identidad. Por el contrario, la identidad étnica o social es uno de los
lenguajes con que se representan los conflictos ecológico-distributivos, que
nacen del uso cada vez mayor que la economía hace del ambiente natural del cual
todos dependemos para vivir, en detrimento de la dimensión geográfica de la
sustentabilidad (20).
Corolario:
La dimensión educativa de la sustentabilidad
El
concepto de educación ambiental es dinámico, es decir, se modifica a la par del
medio ambiente y también según la percepción de los distintos sujetos sociales
y contextos. Tradicionalmente se trabajaban los aspectos naturales del medio
desde planteamientos próximos a las ciencias naturales. Posteriormente, se
planteó la necesidad de incluir de forma explícita al medio ambiente en los
procesos educativos, pero la atención se centró en cuestiones como la
conservación de los recursos naturales, la protección de la fauna y flora, etc.
Actualmente
se reconoce que aunque los elementos físico naturales constituyen el sustento
del medio ambiente; también las dimensiones socioculturales, políticas y
económicas son fundamentales para entender las relaciones que la humanidad
establece con su medio y para gestionar mejor los recursos naturales. También
se ha tomado conciencia de la interdependencia existente entre el medio
ambiente, el desarrollo y la educación. Es esa conciencia la que conduce a
demandar la reorientación de la educación ambiental de modo que, además de la
preocupación por el uso racional de los recursos, florezca el interés por el
reparto de esos recursos y se modifiquen los modelos de desarrollo que orientan
su utilización.
La
dimensión educativa de la sustentabilidad es una respuesta duradera que se
considera transversal a toda la educación y que aporta un nuevo paradigma que
brinda un profundo giro de innovación cultural.
La
educación ambiental es un proceso de toma de conciencia y acción sociales sobre
los problemas ambientales y sus alternativas de solución. Esta definición,
socialmente reconocida por la población en general, por quienes participan
activamente en pro del ambiente, por los profesionales, científicos expertos y
por los educadores, revela una distancia notable entre el discurso, es decir,
lo que se manifiesta verbalmente y la acción, lo que se hace. La praxis –en
términos de la dimensión educativa de la sustentabilidad-, parece no coincidir
con las consignas consabidas porque de ser así no sería tan evidente el
contraste entre los resultados económicos promisorios y los indicadores de la
Tierra amenazada consecuentes con el sobre-consumo y la pobreza, raíz de los
problemas ambientales.
El
saber ambiental (21) es interdisciplinario y ha reunido un marco teórico de
gran solidez. Este saber no es un ámbito nuevo del conocimiento o una nueva
disciplina, sino un campo de conocimiento en el que convergen los aportes de
conceptos y metodologías de diversas ciencias que tratan los sistemas
ambientales complejos que funcionan como conjuntos de interacciones entre las
distintas esferas de la Tierra y el hombre.
En
síntesis, la dimensión educativa de la sustentabilidad resulta clave para
comprender las relaciones existentes entre los sistemas naturales y sociales,
así como para conseguir una percepción más clara de la importancia de los
factores socioculturales en la génesis de los problemas ambientales. En esta
línea, debe impulsar la adquisición de la conciencia, los valores y los
comportamientos que favorezcan la participación efectiva de la población en el
proceso de toma de decisiones.
La
educación ambiental así entendida puede y debe ser una clave estratégica que
incida en el modelo de desarrollo establecido para reorientarlo hacia la
sustentabilidad y la equidad. www.ecoportal.net
Notas
1
Doctora en Geografía de la Universidad del Salvador. http://geoperspectivas.blogspot.com
2 Declaración de Estocolmo sobre el medio ambiente humano (1972) http://www.cedhj.org.mx/cedhj/legal/declaraciones/decla11.pdf
3 UNIÓN INTERNACIONAL PARA LA CONSERVACIÓN. (1980) Estrategia Mundial para la
Conservación: La Conservación de los recursos vivos para el logro de un
desarrollo sostenido. Gland. UICN. Programa de las Naciones Unidas para el
Medio Ambiente y el Fondo Mundial para la Naturaleza.
4 CANO, Marcel. CRUZ, Ivonne. La Sostenibilidad, un recorrido histórico. http://portalsostenibilidad.upc.edu/so.php?menutop=2
5 Este concepto de sustentabilidad se plasmó en el Manifiesto para la
Sustentabilidad que surgió del Simposio sobre Ética y Desarrollo Sustentable,
celebrado en Bogotá, Colombia, los días 2-4 de Mayo de 2002.
6 DURAN, D. LARA, A. (2002) Convivir en la Tierra. Fundación Educambiente.
Buenos Aires. Lugar Editorial.
7 http://www.eurosur.org/futuro/fut53.htm
8 Adaptado de GUIMARÃES, Roberto P. (1998) La ética de la sustentabilidad y la
formulación de políticas de desarrollo. Ambiente & Sociedade, N° 2, 1998
primer semestre, 5-24. Campinas, Brasil.
9 GUIMARÃES, Roberto P. (1998) Óp. Cit.
10 Adaptado de GUIMARÃES, Roberto P. (1998) Óp. Cit.
11 RODRIGUEZ, Isabel y GOVEA, Héctor. (2006) El discurso del desarrollo
sustentable en América Latina. Revista Venezolana de Economía y Ciencias
Sociales., vol.12, no.2.
12 Adaptado de GUIMARÃES, Roberto P. (1998) Óp. Cit.
13 DURÁN, Diana, et. al. (2001). Geografía Mundial. Buenos Aires. Troquel.
14 VALDÉS, Javier. (2004) ¿Es posible la sostenibilidad ambiental con la
economía de mercado? www.rebelion.org/noticias/2004/10/6111.pdf
15 VALDÉS, Javier. (2006) Óp. Cit.
16 GUIMARÃES, Roberto P. (1998) La ética de la sustentabilidad y la formulación
de políticas de desarrollo. Campinas, Brasil. Ambiente & Sociedade, N° 2,
1998 primer semestre, 5-24.
17 Adaptado de GUIMARÃES, Roberto P. (2006) Óp. Cit.
18 DI PACE, et al, (1992) Las utopías del medio ambiente. Buenos Aires. Centro
Editor de América Latina.
19 DURÁN, D. LUKEZ, B. (2008). Geografía de la Argentina. Buenos Aires.
Troquel.
20 Adaptado de MARTÍNEZ-ALIER, Joan. (2006) Los conflictos
ecológico-distributivos y los indicadores de sustentabilidad. Polis. Revista
Universidad Bolivariana. Año Vol.5. Nº 3. Santiago de Chile.
21 LEFF, Enrique (1994) Ciencias sociales y formación ambiental. Barcelona.
Gedisa
El GEPAMA (Grupo de Ecología del Paisaje y Medio Ambiente de la Universidad de Buenos Aires) es un grupo académico interdisciplinario integrado principalmente por ecólogos, geógrafos, biólogos e ingenieros agrónomos. Su foco de estudio es la articulación entre patrones espaciales y procesos ecológicos a distintas escalas. El grupo se origina y establece como equipo de investigación durante dirigido por Jorge Morello y Silvia D. Matteucci. Las tesis que se pueden descargar demuestran el avance de este equipo de investigación argentino en el campo de la Ecología del paisaje.
El enfoque ecosistémico (ACTUALIZACIÓN A 2026 CON IA)
El enfoque ecosistémico es una estrategia para la gestión integrada de tierras, agua y recursos vivos que promueve la conservación y el uso sostenible de manera equitativa. Sitúa a las personas como parte integral de los ecosistemas, buscando equilibrar la conservación de la biodiversidad con el desarrollo social y económico.
Principios y Características Clave:
Gestión Integral: No se limita a especies individuales, sino que aborda el ecosistema como una unidad funcional, incluyendo procesos, interacciones y el entorno físico.
Papel Humano: Reconoce que la diversidad cultural y las prácticas humanas son componentes clave que influyen y son influidos por el entorno.
Participación Social:
La toma de decisiones debe ser descentralizada, involucrando a diversos sectores de la sociedad y conocimientos, incluidos los indígenas y locales
.
Adaptabilidad: Utiliza la gestión adaptativa para responder a los cambios inevitables en los ecosistemas y aprender de la experiencia.
Equilibrio: Busca un uso de los recursos que no supere la capacidad de resiliencia del ecosistema.
Este enfoque fue adoptado por el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) como marco principal de acción, basándose en 12 principios rectores que abarcan aspectos ecológicos, socioeconómicos y de gobernanza.
Beneficios y Aplicación:
Sostenibilidad: Permite gestionar recursos naturales asegurando su funcionalidad a largo plazo.
Adaptación al Cambio Climático: Se utiliza para aumentar la resiliencia de los ecosistemas y las comunidades frente a cambios ambientales.
Gestión Integral: Es aplicable en la gestión de cuencas, áreas protegidas y paisajes productivos.